martes, junio 7

Dos mundos

Hace todavía poco tiempo que cambié de vida. Pero como ocurre en todos los cambios de vida, a la vez parece una eternidad. He estado dando muchas vueltas sobre como describir mi vida entonces y mi vida ahora, sin dar demasiados detalles como para que alguien pueda identificarme. También me echaba para atrás la idea de que alguien pudiera pensar que soy alguna clase de ser engreído. En fin, que sea lo que Dios quiera.

Mi vida de antes era rápida, epidérmicamente intensa, increiblemente exitosa según los cánones de la postmodernidad, adrenalínica subida, pretenciosamente cosmopolita, a la vez epicúrea y estoica, envidiada..... Antes de cumplir los 30 años (y no hace demasiado de eso) ya tenía un puesto de mucha responsabilidad en una de las mayores instituciones financieras mundiales después de una carrera algo más que meteórica.

Me trataba "on a first name basis" como dicen los anglosajones en expresión algo arcaica, con presidentes y consejeros delegados, conocí el mundo en toda su vastez. Nunca quise llegar a apreciar en toda su extensión lo que de bueno ofrecían esos magníficos restaurantes, hoteles y la primera clase de las compañías aéreas por si un dia desaparecía todo eso, pero de hecho llegue a apreciarlo por costumbre.

En fin, como dijo un amigo (gracias Rafa) era todo alfombra roja y mullida.

Ahora me dedico al polígono industrial más rabioso. Por supuesto la alfombra ni es roja ni mullida, por que no hay alfombra. Los aviones son demasiado caros para las posibilidades de una modesta empresa, y los restaurantes (cuando caen) de menú y gracias.

Mi querido y llorado abuelo escribió una vez a una señora, esposa de un médico que ahora está camino de los altares, que "algunos lo llaman suerte o destino, los creyentes lo llamamos Providencia". Por ahora el mayor bien que me ha regalado la Providencia es hacer tan sencilla la transición entre una y otra vida. A veces me da miedo pensar que es lo que me tiene Dios preparado si tan delicadamente me ha tratado hasta ahora. Pero confío en la Providencia. Omnia in bonum!. Siempre.

Dice un chiste inglés que si quieres hacer reir a Dios lo mejor es que le cuentes tus planes para los próximos cinco años. Cuanto más lo pienso más me rio.

Hace poco le contaba a un amigo que, en tiempos, lo que más miedo me daba de perder la clase de vida que tenía era el dejar de codearme con gente importante. Este amigo (gracias Kiko) me hizo notar que la gente con la que me relacionaba ahora sin duda era más valiosa. Y lo son. Personas que han empeñado su existencia en levantar riqueza de donde no había nada, crear puestos de trabajo, desarrollar tecnología, expandir negocios. Pero de verdad, sin redes de seguridad, a tumba abierta. Y si, el habitante del polígono industrial es una persona verdaderamente apreciable.

Al final, y desde un punto de vista puramente humano, lo que me hace seguir adelante todos los dias es poder aprender en general, y de la gente que me rodea en particular (gracias a mi padre que me descubrió esto hace tanto tiempo). Resulta que del habitante de polígono industrial hay mucho que aprender, pero que mucho.

Lo primero la valentía, lo segundo la constancia, lo tercero la diligencia, lo cuarto la justicia. Es verdaderamente increible. No digo que en mi otra vida, mi otro mundo, no hubiera gente valiente, constante, diligente y justa. No. Por supuesto que la había. Lo que digo es que los del polígono industrial tienen más valor, porque no tienen más sitio al que aferrarse que a sus propias virtudes personales para seguir en la brecha.

Seguiremos informando.....

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