viernes, junio 3

Joven y hambriento, o sea, letal

He estado disfrutando del partido de tenis entre Nadal y Federer. El chico es, desde luego, un torbellino. Hambriento porque no da una bola por perdida. El partido ha sido intenso, físico, tan parecido a un combate de boxeo que en un momento determinado hacia el final, los dos jugadores no hacian más que cometer errores no forzados. Se asemejaba terriblemente a un combate en el que ambos contendientes están tendidos en el suelo, exhaustos luchando por incorporarse y reclamar el triunfo. El más fuerte, sobre todo mentalmente, ha sido Nadal.

Me queda la duda, como de costumbre, de saber hasta que punto Nadal es un verdadero campeón. Es decir, no hay duda que es un jugador de extraordinariamente dotado, pero hay un componente grande en su victoria de la clase de audacia del que no tiene nada que perder. Es cuando ese desparpajo se pierde que se demuestra la verdadera calidad de los deportistas.

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