jueves, junio 2

¿Puede Juan Carlos acogerse a la objección de conciencia?

He conseguido un magnífico texto escrito por Evaristo Palomar y parcialmente publicado en el semanario Alba sobre el asunto de la objeción de conciencia del Jefe del Estado. El texto es interesante porque rompe de pleno con todo el falso debate que se ha creado en torno a este hecho. Como es corto y claro, no comento más.

"En técnica constitucional, no hay ley sin sanción ni promulgación por el Jefe del Estado (cf. Constitución española de 1978, Arts. 56 y 62, a). Este dato ya lo enfatizó hace tiempo el Sr. Otero Novas (cf. Nuestra democracia puede morir, 1987). Lo que quiere decir que, formalmente, la firma del Jefe del Estado es imprescindible para la entrada en vigor de una ley. Contra lo que algunos suelen pensar, objeción de conciencia solo cabe, en el presente sistema, en cuanto la misma ley democrática la conceda. Así, fuera de la ley no cabe objeción. Otra cosa es contemplar el tema bajo condición de razón. En este caso, un acto racional del Jefe del Estado lo ampara una triple razón moral, jurídica y política. La razón moral, porque siendo el Jefe del Estado debe obrar conforme a conciencia humana, que comienza por serlo personal, y que observa como indigno el reconocimiento bajo nombre de matrimonio de lo que siendo contranatura, niega el matrimonio por su principio. La razón jurídica, pues el matrimonio es una relación jurídico-natural que estriba en un contrato entre varón y mujer, como comunidad de vida abierta a la generación. La razón política, pues el bien de la persona y el de la sociedad familiar, afianzando la paz social, integra el bien común. Razones por las que, desde un mínimo de humanidad, el Jefe del Estado ha de anteponer lo que es de razón a lo que es puro capricho o arbitrariedad, aunque gozara de un respaldo mayoritario en las cámaras legislativas. Más allá de esto, parece obvio que una “ley” cualquiera, si no es justa, no es ley, y por lo tanto la obediencia debida a las leyes no puede ser exigida. Por esto, no le exime ni el argumento de obediencia debida, ni la irresponsabilidad que le confiere el texto constitucional. Antes al contrario."

Agradezco a Evaristo Palomar que me haya dado permiso para publicarlo aqui.

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