miércoles, noviembre 30

Cine bueno, cine malo

El otro dia fui con mi mujer y unos amigos a ver "Plan de vuelo: Desaparecida" de Jodie Foster. La verdad es que uno esperaba algo más de esta película aunque las expectativas no fueran muy altas. Según algunos de los asistentes la obra resultaba "angustiosa", otros estábamos de acuerdo en que lo angustioso era que no acabara antes. Más o menos se veía venir la trama y el final desde el segundo fotograma, y eso porque llegamos tarde. En fin, no pierdan el tiempo con esta película.

Sin embargo, al dia siguiente alquilamos "Un puente sobre el Danubio", clásica producción europea (húngara) más bien corta de presupuesto pero con unas interpretaciones (sobre todo el protagonista de nombre impronunciable) realmente geniales. Esta es una de esas películas que yo llamo "matrimoniales", es decir, combinan el amor y lujo (mujeres) con la guerra y la política (hombres) en un equilibrio magnífico que la hace aceptable para ambos gustos. La recomiendo vivamente no solo por las interpretaciones sino por el método que se sigue para contar la historia, a base de toques leves y pinceladitas medidas que invitan a pensar un poco y no simplemente a ver las imágenes. Por lo demás, en ciertos tramos resulta una absurdamente cándida exaltación del nacionalismo liberal (y probablemente masónico) húngaro, poniendo al Emperador Habsburgo como una especie de rufian medio idiota. Supongo que no se puede pedir todo.

Perdonen el machismo del anterior comentario pero la experiencia me dice que a pesar de todo existen películas para hombres y películas para mujeres. Por ejemplo, ningún hombre en su sano juicio puede resistir ni medianamente más allá de los primeros cinco minutos de "Otoño en Nueva York" (yo la vi en un encerrado en un avión y pensé seriamente en abrirme las venas allí mismo). De la misma forma, existen pocas mujeres que puedan resistir ese pedazo de peliculón que se llama El oficio de las armas sin emitir al menos 250 bostezos.

Por supuesto hay excepciones. Por ejemplo, el otro dia llevé a mis dos hijas pequeñas a ver un campeonato de Scalextric en las magníficas instalaciones de Podium Slot. Después de dos horas la única forma en que pudimos sacarlas de allí ("un ratito más papá, por favor") fue promentiéndoles una suculenta merienda.

Yo creo que ya que Dios Nuestro Señor no ha tenido a bien mandarnos un hijo o dos, por lo menos se ha preocupado en que algunas de mis hijas entiendan verdaderamente las necesidades de ocio de su padre, y además las compartan. ¡Eso es amor!.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Buenísima! Un cordial saludo.

Álvaro

PD: Por si le da esperanzas, mi amigo Jorge llegó el séptimo después de seis hermanitas, aunque su padre se emocionó y busco el "segundo" y le salió la "séptima".

Embajador en el Infierno dijo...

Alvaro- Eso es precisamente lo que me da terror....