martes, enero 24

Mileurista: ¿En que parte del proceso te engañaron?

Al parecer fue Carolina Alguacil la que acuñó el término. Tienen una bitácora dedicada y se definen como:

“"...aquel joven licenciado, con idiomas, posgrados, másters y cursillos (...) que no gana más de 1.000 euros. Gasta más de un tercio de su sueldo en alquiler, porque le gusta la ciudad. No ahorra, no tiene casa, no tiene coche, no tiene hijos, vive al día... A veces es divertido, pero ya cansa (...)""


Son los mileuristas jóvenes nacidos entre 1965 y 1980 que según dicen forman la generación más preparada de la historia de España. Y aqui es donde surge la primera pregunta ¿Preparados para qué?.

Desde luego la quejumbrosa e incluso victimista actitud de este "colectivo" si algo demuestra es que no andan demasiado preparados para la vida en general. Y me inclino a pensar que esta es la raíz del problema. Siendo generosos podemos llegar a pensar que teniendo un título universitario se encuentran al menos capacitados para ejercer una profesión concreta. Aceptemoslo simplemente para poder seguir con la argumentación. El hecho de estar (supuestamente) preparado para ejercer una profesión no significa que lo estén para manejarse por el mundo. Y la señal más clara de eso es echar la culpa a la "sociedad" (o sea a los demás) del propio fracaso.

La generación de sus padres (es decir, de los mios) veía como un privilegio (así, privilegio) el tener acceso a la enseñanza universitaria. Ellos (o sea, nosotros) lo ven (vemos) como una especie de proceso lógico de la vida. Hoy en dia acceder a la universidad cuesta bien poco. La preparación necesaria mínima que se exige para hacerlo es bien escasa, y la consecuencia no puede ser otra que tanto para la vida como para la profesión la preparación con que se sale es bastante deficiente.

Y ese es el primer engaño al que estos chicos y chicas son sometidos. No, no estais preparados. Ni para ejercer una profesión ni para conduciros por la vida con un mínimo de dignidad.

Hace algún tiempo contratamos a uno de estos mileuristas en nuestra empresa. Un recien licenciado. Buen chaval, atento, trabajador, esforzado. Le encargué una tarea concreta y la realizó en tiempo y forma, incluso superando las expectativas. Teníamos grandes proyectos para él. Un dia nos dijo que se iba, que aquello no era lo suyo. Pensaba que el trabajo comercial (en rigor poco trabajo comercial había hecho) no era para él, porque según nos espetó con cierto aire orgulloso el era un economista.

Mi jefe, que tiene una inteligencia más rápida que la mía, en seguida le dijo:

- No, tú no eres un economista. Eres un licenciado en económicas. El- continuó señalándome a mi- es un economista porque lleva 12 años ejerciendo como tal, además de tener el título.

Segundo engaño: un título universitario no habilita automaticamente para ejercer una profesión. Hacen falta años de experiencia para entenderla y verdaderamente ejercerla. Un título universitario da un toque de pintura base para ir empezando, y tal como están las cosas ahora ni eso.

Estos mileuristas siguen pensando como hace una o dos generaciones, que un título universitario es el pasaporte para la fama. Sin más esfuerzo. Sin tener en cuenta que si las generaciones anteriores pensaban así era por la dificultad que adquirir ese título (en cuanto al mismo acceso a la universidad y en cuanto a poder seguir los estudios) suponía, y que efectivamente preparaba a una selecta minoría para los mejores puestos profesionales.

La premisa de que solo una minoría accede a los mejores puestos profesionales sigue existiendo. Siempre existirá. Existe un número limitado de Premios Nobel cada año, de Consejeros Delegados de las principales empresas, y demás. Y el problema es que la actual educación no prepara para expandir ese número limitado de puestos (creando por ejemplo empresarios audaces) sino que simplemente aumenta el número de candidatos a los mismos, pero los puestos no crecen.

Yo, desde luego, doy gracias a mis padres por los sacrificios que les supuso el darme la magnífica educación que me dieron. Pero sobre todo, doy gracias a Dios por darme una soberbia lección de humildad nada más terminar mis estudios universitarios. Y es que resultó que volviendo a España con dos flamantes títulos universitarios (no uno, sino dos) por un par de instituciones inglesas, siendo perfectamente bilingüe y teniendo cierta experiencia práctica en el mundo empresarial que había conseguido durante mi etapa académica, mi primer puesto de trabajo consistió en poner sellos en el Registro Mercantil.

Así me pase una frustrante y aciaga época hasta que conseguí el puesto que quería, recolectando por el camino media centena (centena) de cartas de rechazo a mis pretensiones laborales. Tuvieron que pasar otros cinco años hasta que conseguí entrar en el sitio que siempre había deseado. Cinco años trabajando (literalmente) de sol a sol, fines de semana y demás. Y una vez conseguido el puesto deseado, aquello no amainó, se intensificó. Hasta que aprendes a vivir con ello, y entiendes que lo que algo quieres algo te cuesta.

Buena lección fue aquella del Registro. Se le quitan a uno todos los microbios.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

echar con 'h' y aciago con 'h'???evito la valoración, aunque el artículo es bastante bueno

Patoace dijo...

Hace tiempo le vengo dando vuelta a la idea de que la universidad como "lugar donde se enseña un oficio", es un sistema bastante perverso. Lo digo porque todos reconocen que la mejor forma de aprender un oficio es ayudando a los que ya saben hacerlo, es la forma natural de difundir el conocimiento.
El sistema universitario llena al jóven de consideraciones teóricas, pero le sustrae de la realidad por 5 a 10 años, poniéndolo en un ambiente que no tiene nada que ver con las exigencias y requisitos que el trabajo reclama, en una verdadera "isla de la fantasía" teórica. No es extraño entonces que salga a la sociedad con la actitud de ser un iluminado que viene a mejorar el mundo de los pobres ignorantes.

Embajador en el Infierno dijo...

Anonimo- Muchas gracias por ambas partes del comentario. Corregiré las faltas de ortografía, que como has comprobado no es mi fuerte precisamente.

Patoace- Estoy de acuerdo contigo. La Universidad bien puede ser una "isla de la fantasía". Pero personalmente no veo ningún mal en eso. Siempre que te dejen claro desde el principio que la universidad es lo que es, y no otra cosa. Es decir, que no te engañen diciendo que por tener un titulo universitario tienes inmediatamente garantizado un brillante futuro profesional.

Anónimo dijo...

De acuerdo en la valoración que haces de la universidad. Hay muchos (muchísimos) estudiantes universitarios que durante la carrera no se preocupan lo más mínimo por acercarse a lo que va a ser su futuro profesional, creyendo que con lo que aprenden en la facultad será suficiente para tener un puesto de ejecutivo cobrando un pastón.

Por otro lado, siempre me pareció que el tema de los "mileuristas" es una visión de la realidad acotada a Madrid, Barcelona y cuatro grandes ciudades más. En el resto de España somos, como mucho, siete u ochocentistas.

Embajador en el Infierno dijo...

alex- Me alegra tu comentario. Y lo digo porque efectivamente el cogollo del problema es la universidad y de la pésima formación humana que reciben los que a ella asisten que como digo, no les habilita para enfrentarse a la vida. Y desde luego fuera de las grandes ciudades será muy cierto que como mucho sean siete u ochocientistas, pero no es menos cierto que el coste de la vida también es menor.

Anónimo dijo...

Sí, es cierto, pero imagínate pagar una carrera a un hijo en Madrid con un sueldo de Zamora. De todos modos, ésa es otra discusión.

Un saludo.

Embajador en el Infierno dijo...

Desde luego Alex, si tienes sueldo de Zamora y costes de Madrid estás jodido y bien jodido. Eso no lo pongo en duda. Y si, de acuerdo, esa también es otra discusión.

Anónimo dijo...

Chupate el culo, mamón