martes, mayo 16

Cambio generacional: Lo divino y lo humano

Este pasado fin de semana mi hija mayor ha tomado su Primera Comunión. Tan grandes fueron las emociones que las reservo para la intimidad familiar. El Domingo fuimos casi todos a una Misa Tradicional. A pesar de que nuestra hija pequeña insisitiera en mostrar a todos los asistentes a la Misa su interesante espectáculo de varietés pudimos, mejor o peor, concentrarnos en lo importante.

Este es el primer cambio generacional del que quiero hablar hoy. Hasta los treintayalgunos años el que suscribe no asistió a una misa tradicional. Mi hija mayor lo hizo el dia después de su Primera Comunión, mis otras hijas lo han hecho antes de su Primera Comunión.

Esto es importante. A uno, a pesar de haber sido criado en una familia indiscutiblemente católica y haber asistido a un colegio ortodoxamente católico, le costó entender el concepto de "Santo Sacrificio". Por alguna razón, no acababa de penetrar en mis entendederas. Lo comprendí enteramente cuando, por casualidad, leí un documento que encontré por casa donde se hablaba de la misa cara a Dios comparada con la misa cara al pueblo. Con fotos. Y lo entendí totalmente.

En aquellos tiempos, el "sacrificio" por antonomasia para mi era el de Abraham. Cuando imaginaba la escena (y lo hacía muy a menudo) veía las espaldas de Abraham mientras blandía el cuchillo con el que iba a sacrificar a su hijo. Cuando vi al cura de espaldas celebrando misa, entendí lo del Santo Sacrificio.

Hasta aqui la parte divina. Vayamos con la parte humana.

No se porque razón, contaba a mis dos hijas mayores el hecho que mi abuelo tenía la costumbre de abrir una libreta de ahorros a cada nieto el día que nacía en la caja de ahorros local, depositando una cantidad simbólica de dinero. Siempre entendí que la idea era iniciarnos en la sana costumbre del ahorro. Mis hijas me preguntan si me daban "tarjeta", al responderles que no, me cuestionaron muy sorprendidas:

- Pero entonces, ¿Como podías sacar dinero?.

Y claro, cuando yo era de su edad iba todos los sábados por la mañana a la caja con mi padre. Allí sacaba mi padre el dinero que necesitaba para la semana, por ventanilla. Recuerdo cuando las anotaciones en la cartilla se hacían a mano, antes de la cinta magnética.

Mis hijas nunca han venido conmigo a una ventanilla. Ellas ya están acostumbradas a que, para sacar dinero solamente necesitas una tarjeta. No recuerdo cuando fue la últiam vez que visitaron una sucursal bancaria por dentro.


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