martes, agosto 8

La liberación de la mujer

"No necesito que nadie me redima. Eso es para mimadas... Toda la vida trabajé como un hombre y siempre pensé que era igual que ellos. Así peinsan mis hijas y mis nietas... Pero no tiene nada que ver con ser cristiana, que lo soy. Mi marido nunca hizo nada sin consultarme..., ni yo sin consultárselo. Eso es igualdad, no esas tonterías de lesbianas".


Es el comentario de una mujer de pueblo acerca del ambiente de liberación femenina en la zona roja durante la guerra civil. Tomado de "Historias orales de la guerra civil" de Alfonso Bullón de Mendoza y Alvaro de Diego.

Aparte de la contundencia del mensaje, me ha gustado lo de "mi marido nunca hizo nada sin consultarme".

ACTUALIZACION:Antonio T me pone en los comentarios una cita de algo que dijo su mujer. Me ha gustado y como no quiero que se pierda lo pongo aqui:

“Todos aquellos que defienden la llamada ley de paridad no tienen ni idea de el perjuicio que están ocasionando a las mujeres. Ser mujer no es bueno ni malo, no es una enfermedad ni un defecto físico por el que se deba tratarlas de un modo especial. Las mujeres estamos tan capacitadas como los hombres para poder aspirar a cualquier puesto por nuestros propios méritos, no por compasión ni por que quede muy bien sentar a una mujer en la mesa de un despacho. Para las que hemos dedicado una parte de nuestra vida a prepararnos profesionalmente y compaginarlo con una familia (es decir ser madres además de progenitoras) resulta un insulto que nos quieran considerar “una especie débil necesitada de protección”. Por último sólo quisiera añadir que en casos como el mío esta ley podría dejarme sin empleo, ya que donde yo trabajo las mujeres somos mayoría aplastante y sobrepasamos las cuota que nos reserva la ley”
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1 comentario:

AntonioT dijo...

Independientemente de las tendencias sexuales (lo digo por lo de “tonterías de lesbianas”) no creo que nada haga más daño a las mujeres que el feminismo, al menos lo que se entiende por feminismo.

El feminismo no es una defensa de la dignidad de la mujer (sobre eso escribió Juan Pablo II una encíclica muy interesante, Mulieris Dignitatem) sino que se ha convertido en dos absurdos:

El primero es que, si hasta ahora la ordinariez era patrimonio del varón, ahora las mujeres también utilizan vocabulario soez, hacen referencias desagradables al sexo y expelen gases corporales y todo ello con gran orgullo. ¡¡Menudo avance para la mujer!!

El segundo son las cuotas y las ayudas estúpidas. Eso provoca en muchas mujeres, como es el caso de la mía, un enfado enorme. Repito palabras que he oído a mujeres sobre este tema: “Si obtengo un puesto quiero que sea por mis méritos y no por ser mujer, ya que de otra forma mis compañeros, y peor aún mis subordinados, no me respetarán”. “Como si las mujeres fuésemos tontas y no supiésemos ganarnos el puesto, ahora necesitamos una cuota. Si es que nos llaman tontas en la cara y todas tan contentas”. “No nos defienden, nos insultan”.

Si me lo permitís, voy a copiar aquí un comentario que mi mujer puso en un blog a propósito de la ley de paridad:
“Todos aquellos que defienden la llamada ley de paridad no tienen ni idea de el perjuicio que están ocasionando a las mujeres. Ser mujer no es bueno ni malo, no es una enfermedad ni un defecto físico por el que se deba tratarlas de un modo especial. Las mujeres estamos tan capacitadas como los hombres para poder aspirar a cualquier puesto por nuestros propios méritos, no por compasión ni por que quede muy bien sentar a una mujer en la mesa de un despacho. Para las que hemos dedicado una parte de nuestra vida a prepararnos profesionalmente y compaginarlo con una familia (es decir ser madres además de progenitoras) resulta un insulto que nos quieran considerar “una especie débil necesitada de protección”. Por último sólo quisiera añadir que en casos como el mío esta ley podría dejarme sin empleo, ya que donde yo trabajo las mujeres somos mayoría aplastante y sobrepasamos las cuota que nos reserva la ley”.