jueves, octubre 5

Parece que fue ayer (IV)


"Pero cuando la carestía llega a cierto punto, se levanta siempre (o al menos así lo hemos visto hasta ahora; y si esto sucede en el día después de tantos y tan juiciosos escritos sobre esta materia, ¿qué sucedería entonces?); digo que se levanta y acredita el rumor en el público de que no es la escasez quien la motiva. Se olvidan las gentes de que la temieron y vaticinaron; y suponen desde luego que hay todo el grano que se necesita, y que el mal dimana de que no se vende lo suficiente para el consumo; suposiciones todas infundadas, pero que lisonjean al mismo tiempo la cólera y la esperanza; se atribuye la carestía a los tratantes en granos, verdaderos o imaginarios, a los propietarios de tierras que no lo vendían todo en un día, a los panaderos que lo compraban; en una palabra, a cuantos por sus tráficos en estos artículos se supone que ocultan grandes acopios.

Éstos eran el objeto de las quejas universales y de la ira de las personas bien o mal vestidas. Se citaban los almacenes, se decía dónde estaban los graneros llenos y apuntalados, se indicaban números excesivos de sacos, se hablaba como de cosa cierta de las inmensas cantidades de cereales que se enviaban furtivamente a otros países, en los cuales probablemente se clamaba con igual furor y certeza, suponiendo que sus granos venían a Milán. Se imploraban de los magistrados aquellas providencias que a la muchedumbre parecen siempre, o a lo menos han parecido, equitativas, sencillas y eficaces para hacer salir a la plaza el grano que suponían escondido, emparedado y sepultado en silos, y restablecer la abundancia. Los magistrados echaban mano de cuantos medios les dictaba aquel apuro, como el de fijar el precio máximo de algunos géneros, de imponer penas a los que se negaban a vender, y otros de la misma especie. Pero como la eficacia de las disposiciones humanas, por muy enérgicas que sean, no alcanza a disminuir la necesidad de comer ni a producir cosechas fuera de tiempo, y las que se tomaban entonces no eran a la verdad las más oportunas para atraer los víveres de los puntos en que pudiese haber abundancia de ellos, el mal duraba y aumentaba de día en día. La muchedumbre lo atribuía a la falta o a la flojedad de los remedios, y reclamaba a gritos otros más decisivos y eficaces."


Así describe Alessandro Manzoni en su libro "Los Novios" la situación económica del Milán del siglo XVII. ¿Verdad que se parece a la actual situación del mercado de la vivienda en España?. No hay nada nuevo bajo el sol.

Parece que fue ayer (III).