miércoles, marzo 21

El carlismo según Libertad Digital

Lo normal en los ambientes de la "derecha liberal" es que se denoste al carlismo según diversos clichés tan arcaicos como falsos. El más famoso es ese que dice: "De padre carlista, hijo separatista" (yo suelo contestar: "De padre pepero, hijo abortero"). De hecho lo que de verdad está ocurriendo dentro de la Comunión Tradicionalista Carlista es que aparte del núcleo duro que persiste, la mayoría de las nuevas incorporaciones de los últimos años (incluída la mia) son personas que no han tenido ninguna tradición carlista en su familia, o que de tenerla es tan lejana en el tiempo que está sustancialmente olvidada. De modo que verdaderamente volvemos a empezar.

Dicho todo esto, me ha sorprendido muy gratamente un artículo publicado en el suplemento de Libertad Digital por Juan B. Fuentes, profesor de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid, donde hace una semblanza bastante correcta del carlismo con respecto al separatismo vasco. No puedo decir que esté totalmente de acuerdo con lo que dice el artículo, pero este resulta bastante de acuerdo con la realidad.

Recomiendo leer, pues aunque algo largo está muy bien escrito y no se hace ni mucho menos pesado. De entre todas las cosas interesantes que dice el Profesor Fuentes extraigo lo siguiente:

España, ciertamente, antes que ser una nación política más, analogable a las de su entorno, fue un proyecto espiritual (o metapolítico) universal, en cuanto que católico, de fraternidad comunitaria ilimitada entre fraternidades comunitarias locales; una fraternidad que, por tanto, no quería ni podía limitarse a sus iniciales fronteras geográficas ibéricas, sino que, movida por su propio impulso, universal en cuanto que católico, se veía impulsada a extenderse ilimitadamente por el orbe. De ahí que ya antes, pero sobre todo después, de la unificación nacional realizada por los Reyes Católicos los patriotismos locales, lejos de ser incompatibles con el patriotismo común español, siempre hayan requerido y exigido a éste como garantía de su propia existencia.

Por lo demás, creo que no está de más recordar que este doble patriotismo comunitario trajo consigo una forma propia de liberalismo, hispano en cuanto que católico, anterior y distinto al moderno y puramente económico del librecambio (aunque no necesariamente incompatible con él). Un liberalismo que descansaba en la liberalidad o generosidad propia de la vida comunitaria local (generosidad que, por su propio impulso, no podía dejar de propagarse entre las distintas comunidades de su órbita espiritual) y que servía de freno a toda posible intromisión del Estado en las libertades y formas comunitarias de vida tradicionales, así como en la libertad y dignidad de cada persona.

En este sentido, puede que el viejo tradicionalismo español no resulte una rémora tan atávica y oscurantista, sobre todo cuando pensamos en que el moderno Leviatán –ése cuyo prototipo hemos de cifrar en la Revolución Francesa– ha mostrado sobradamente una irrefrenable compulsión totalitaria a hacer y deshacer en la vida civil y en la de las personas.




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3 comentarios:

Ignacio dijo...

Los partidos pasan, los principios permanecen

Seneka dijo...

Y los que vienen viniendo ... ;-)

Un abrazo, Embajador.

Embajador en el Infierno dijo...

Ahí le habeis dao ambos.