jueves, marzo 29

Libros: La hora del ultraje. Memorias de un gudari

Otro de esos libros de octava mano comprado recientemente. La idea era entender que se piensa "al otro lado". La experiencia no ha podido ser más decepcionante.

Al libro le falta la primera hoja de modo que no es posible saber cuando fue publicado. Por las trazas debió ser hacia principios de los 80, pero esto es una conjetura sin demasiado valor. El autor es un tal Pedro María Urrutikoetxea que rozaba los 20 años al empezar la guerra civil.

Hay bastantes fotografías de documentos dentro del libro con el nombre del interesado siempre tachado. Esto y la infantilidad tanto de la redacción, como del planteamiento y las ideas me hizo pensar que sería un mero libro de propaganda sin muchas pretensiones publicado bajo pseudónimo.

Sin embargo, buscando por internet veo una completa biografía del autor en la bitácora de Iñaki Anasagasti antigüo parlamentario separatista. En dicha semblanza Anasagasti no solamente pone al autor del libro por las nubes sino que mencionando la obra dice que le gustaría volver a publicarla.

La verdad es que me he quedado helado. Si yo fuera jerifalte del PNV procuraría hacer desaparecer este libro de la faz de la tierra. Cualquier persona con un mínimo de cultura pensaría que el autor es una especie de fanático seriamente desinformado.

Ya he mencionado muchas veces mi particular interés por libros de cautivos, vease el título de esta bitácora. Seguramente tendrá una explicación psicológica que ignoro. El caso es que he leído un porrón de ellos. Con este bagaje a mis espaldas la sensación que saco es que las cárceles de Franco eran un jardín de violetas comparado con lo que ha habido antes y después de ellas. Por más que el autor se empeña en hacerlas infernales la verdad es que no consigue impresionar demasiado.

¡Ojo y entiendaseme lo que quiero decir!. Una cárcel, cualquier cárcel, debe ser, tiene que ser un infierno. Todavía más si uno está encerrado por motivos ideológicos. Pero hay cárceles y cárceles, y las de Franco, según lo cuenta este señor, aparecen como de lo más soportable de la época.

Básicamente y ciñéndome al relato, el Sr. Urrutikoetxea pasó hambre, frio, faltas de respeto y alguna bronca sin consecuencias. Punto pelota. Ni torturas, ni interrogatorios, ni pabellones de castigo, ni enfermedades graves, ni nada del estilo. Situación brutal en si misma pero nada diferente de cualquier otra cárcel de la época y desde luego mucho mejor que otras de caracter político de antes y después.

El libro contiene multitud de exageraciones, inexactitudes, medias verdades y simples falsedades sobre el acontecer histórico muy al estilo separatista y que cualquier persona con un mínimo de cultura sabe apreciar rapidamente.

Claro que dada dicha tergiversación la credibilidad del libro en cuanto al acontecer del que el autor fue testigo directo cae en picado. Aún así sorprende la inmadurez del personaje, no tanto en cuanto a su falta de entereza (en esto hay que celebrar la sinceridad, pues nunca es agradable reconocer los propios defectos) como a la escasez de formación tanto en lo político, como en lo religioso, lo histórico, y lo cultural.

Sorprende la constante culpabilización de Dios en relación con las penosas circusntancias por las que pasa el autor. Obviamente el autor es creyente o lo parece (a la Virgen de Begoña siempre la deja en buen lugar) pero claramente es dueño de una fe sumamente superficial y extraordinariamente subordinada a su "ideario" político, el cual también resulta bastante epidérmico.

Para finalizar la descripción de las diversas personas que desfilan por la vida del autor es melodramático hasta lo pastoso. Buenos buenísimos y malos malísimos. Sin olvidar los aquilatados estereotipos del "gallego", "castellano", "guardia civil", "emakumes" y demás mitología social del separatismo vasco.

En fin, si este libro es un fiel reflejo de lo que pulula en los cerebros de los nacionalistas vascos la verdad es que he perdido ya del todo el poco respeto que tenía por ellos.

Más libros comentados en esta bitácora.


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2 comentarios:

Interruptor dijo...

Pero ¿de qué te sorprendes? No debes tener mucho contacto con nacionalistas, yo tengo porque vivo en una región que sufre de ese cáncer. No es de extrañar el nivelón del libro ni que alguno quiera reeditarlo, ya que ese es el nivel intelectual y cultural generalizado entre los nacionalistas.

A mí, lo que me sorprende es que conozco a algún nacionalista culto, y eso me produce una especial inquietud acerca del extraño funcionamiento de la mente humana, porque no entiendo que una persona culta, inteligente y sin disfunciones mentales pueda ser nacionalista, pero resulta que conozco alguno. Eso sí, uno de ellos (posiblemente el más culto de todos) sufre una incoherencia extraña, es católico y su ideología política es la del BNG. No sé cómo lo encaja pero… ¡Cosas veredes, amigo Sancho!

Embajador en el Infierno dijo...

Interruptor- Pues la verdad es que no estoy acostumbrado a tratar con nacionalistas. En mis tiempos de estudiante tenía dos excelente amigos, uno nacionalista catalán y otro nacionalista vasco. A pesar de nuestras diferencias en lo ideológico estábamos muy unidos. El vasco en particular, un tio bastante inteligente y trabajador, tenía un planteamiento doctrinal bastante pobre.

Recuerdo una ocasión que dio una charla en la residencia de estudiantes donde vivíamos sobre el Pais Vasco diciendo cuantas tonterías se le ocurrieron. El auditorio estaba compuesto por personas de todas los paises imaginables y donde los españoles éramos una clara minoría.

Otro vasco que le escuchaba, un tio sin adscripción ideológica de ningún tipo y que dedicaba su vida a estudiar y poco más, se levantó bastante indignado al final de la conferencia y le rebatió punto por punto todas sus tonterías. El nacionalista dio la callada por respuesta.

Yo achacaba todo aquello a la inmadurez propia de nuestra juventud. Pero me doy cuenta que todo lo que decía mi amigo está escrito en el libro que acabo de leer y la verdad es que resulta grotesco.