domingo, noviembre 11

La falta de respeto no se arregla a gritos

Anda el personal muy revolucionado y en general bastante contento por el gesto del inquilino de la Zarzuela ante el principal mandatario de Venezuela. Los de más edad o los que tienen mejor memoria se acuerdan de otros tiempos más felices cuando, por ejemplo, el embajador Lojendio le cantó las cuarenta al coma-andante delante de sus propias cámaras de televisión, o cuando Jaime de Piniés, embajador de España ante la ONU, hizo lo propio con el asno aquel de Kruschev. (Incluso hay quien dice que Adolfo Suarez en su dia le tocó los trillos a Giscard D'Estaign dándole un fuerte abrazo a las puertas del Elíseo cuando le habían advertido que al presidente francés le repugnaba sobremanera cualquier contacto físico que pasara de un leve apretón de manos).

A diferencia de entonces, cuando España llevaba a cabo una política exterior de lo más firme en defensa de sus intereses y en un ambiente poco propicio (por ser generoso), esta clase de gestos ahora mismo resultan algo vergonzantes.

Cualquiera que haya tenido una mínima responsabilidad en su vida empezando por ejemplo con ser el hermano mayor, responsable de un pequeño equipo, organizador de algún asunto y ya no digamos padre o madre, sabe perfectamente que un grito o un exabrupto cuando no se ha ganado previamente el respeto de las personas sobre las que se ejerce responsabilidad, no lleva absolutamente a ningún sitio. Es más, resulta harto contraproducente, pues se acaba por perder definitivamente lo poco que pudiera haberse conseguido.

Es este el estado de ánimo con el que me enfrento a la ocurrencia política del día: vergüenza ajena y frustración.

Al patrón del Bribón le han entrado las prisas. No digamos ya a sus protegidos del PSOE. Llevamos casi 33 años desmontando España en todos sus frentes y ahora nos vienen con que si Ceuta y Melilla, y con que si hay que meter al cabecilla indigenista de via estrecha en vereda. Parece mismamente el canto del cisne.

Digo yo que los berridos del asesino de Mitrofán podrían haberse evitado de haber seguido una política exterior con menos talante y más firmeza a la hora en que se exigía firmeza y no a destiempo y a deshora.

Creo que resulta brutalmente irónico el hecho que si el principal mal del siglo XX fueron los políticos profesionales (Paul Johnson dixit) a España la ha cabido la tremenda suerte de poder rizar el rizo con políticos profesionales que son una panda de aficionados.

ACTUALIZACION:
Como no podía ser menos el asunto es todavía más patético de lo que aparece a simple vista. Lo cuenta Ottinger en una interesante entrada:

Lo malo es que después de ver el número, que se coronó con el abandono del Monarca tras la continuación de las críticas contra España por parte de Ortega, se cuenta que todo estaba más o menos planeado por parte de la diplomacia española. Una protesta simbólica para mostrar el malestar de la delegación española ante tan iracundos ataques. Una estrategia lógica y clásica dentro de este tipo de reuniones. Pero no se cuenta. Es decir, se puede hacer, mostrar el disgusto y el malestar, pero no se puede contar después que todo estaba preparado, tal y como filtraron a algunos medios. En ese preciso momento, se pierde toda la fuerza del acto para terminar convirtiéndose en una pantomima, por muy metido en el papel que estuviese más de uno. Mucho más si tenemos en cuenta una cuestión de jerarquía, si el Jefe del Estado abandona el plenario, el resto de la delegación debe hacerlo tras él.


Para echarse a llorar vamos.

ACTUALIZACION 2:
Luis Amézaga hace notar un factor del que yo no me había percatado. El próximo 2 de Diciembre hay un referendum para aprobar la reforma consitucional en Venezuela. Parece por tanto que toda esta historia no es más que un choque electoralista a escala Iberoamericana. Chavez ha quedado como un torero (en palabras suyas) más chulo que un ocho pegándose nada menos que con Juan Carlos, y Zapatero y su troupe encantados por su arrebato de "españolismo" que tan excelentes resultados a pie de calle está dando.


2 comentarios:

Seneka dijo...

Tengo para mi que lo que le fastidió al Borbón fué que a ZP no le dejaban expresarse en libertad, y que algunos de sus socios estaban siendo insultados y amenazados con todo el descaro.

¿Por qué no salió al paso de las "insidiosas" declaraciones de Chavez el día anterior, antes de iniciar la sesión en la que se produjo el susodicho escándalo?

Zero zapatero para el Brobón, desde luego.

LUIS AMÉZAGA dijo...

No nos olvidemos de los venezolanos que tienen una cita importante el mes que viene. No lo olvidemos porque en eso consiste esta estrategia de la distracción con buscabocas tabernarios.