martes, enero 15

Virutas de blogosfera (XI)

"Si aceptamos como verdad que Bono dejó la política para dedicarse a su familia, habría que preguntarse quién se hartó de quién: si él de su familia o su familia de él. Lo cierto es que ya tenemos otra vez entre nosotros al mayor demagogo del Reino: un fanfarrón que sonríe."


(Zapataplus en Mi Pais Dormido)



“No condeno al franquismo porque libró a España de la revolución, de la guerra mundial y de un nuevo intento de guerra civil que fue el maquis. Estoy más bien con Marañón y con Besteiro, que aceptaban aquel régimen, con todos sus defectos, porque salvaba al país de algo mucho peor. Y de la izquierda, la que me parece respetable es la de Besteiro, no la de Largo Caballero o Prieto. Y ustedes, ¿condenan al Frente Popular? ¿Condenan las checas?”

(Pio Moa en Presente y Pasado)


Mientras observaba miles de rostros sin expresión y sin nada que decir unidos en un acto que no aporta absolutamenete nada me venían a la cabeza estas palabras de San Josemaría: "Minutos de silencio. Dejadlos para los que tienen el corazón vacio. Nosotros los cristianos, hijos de Dios, rezamos el Padrenuestro."

(Enneas en Vexilla Regis)


Es curioso como todo aquel que ha abandonado la cosmovisión cristiana -aunque don José María cita en el libro, repetidamente, a personajes eclesiales, en especial a Juan Pablo II- se refugie en el liberalismo, redefiniéndolo como una especie de cristianismo sin Cristo.

(Eulogio López en Hispanidad)


Si es suicida dejar lo social a los socialistas, no sería mucho más seguro dejar la libertad a los liberales. Ambos credos reposan sobre una teoría del poder disfrazada de redención. Ambos tuvieron sus días de gloria, que ya no son los de hoy. En los tiempos del Estado-mamá y del Mercado-Dios hacen falta nuevas formas de entender el orden y la libertad.

(Jose Javier Esparza en El Manifiesto)


"Cambiar un gobierno democrático por otro gobierno democrático, se reduce a cambiar los beneficiarios del saqueo"

(Antonio Caponnetto citando a Nicolás Gómez Dávila en Argentinidad)


Los gobernantes suelen ser positivistas, pues lo contrario reduce su poder. Y es que el relativismo es muy poco relativo: nos prohibe cuestionar la relatividad. Mientras en lo moral parecen aumentar unas libertades que más son bien libertinaje, el Estado, con poco disimulo, nos pastorea. El Estado nos educa en "valores" ciudadanos, quiere conducir por nosotros, nos dice cómo tenemos que educarnos, casarnos, comer o hablar. Y encima, ahora, nos prepara el menú para las Navidades: conejo sin propinas. Por eso a El País le molesta tanto que alguien nos diga que no todo es relativo y que no todo depende del Estado de turno. Pues me temo que les queda bastante tiempo de rabia.

(MCB en El Forajido)


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