viernes, marzo 21

Religiosidad popular en Semana Santa



Según parece uno de los signos más perturbadores del postconcilio fue una especie de furia iconoclasta que invadió muchos sectores de la Iglesia. Puedo entender de donde venía dicha furia e incluso puedo llegar a creer que en muchos ámbitos fue realizada con la mayor buena fe en aras de cierta renovación y purificación de intenciones.

Como tradicionalista en lo personal, social y político (nunca en lo religioso) estoy firmemente convencido del valor de las tradiciones buenas que perduran en el tiempo. Y a la vez estoy por la constante renovación de la pureza de intención. Algunos entienden dicha renovación de intención como una necesidad de arramblar con todo para "empezar de nuevo". Eso es la estéril revolución que en cualquier campo solamente lleva al caos, al enfrentamiento y a la absoluta nada.

Por eso me han parecido particularmente atinadas las palabras que Monseñor Asenjo, obispo de Córdoba, ha dedicado a los cofrades de su diócesis y que se pueden leer aqui.

Monseñor Asenjo sigue el "método Ratzinger" que basicamente consiste en encomiar el pasado, fustigar el presente, y animar con el futuro. El objeto es precisamente purificar la intención.

No hace falta cargarse instituciones sólidas como son las cofradías y hermandades que bien dirigidas son fuente de vida cristiana, caridad y apostolado. Se trata simplemente de redirigirlas hacia los que fueron sus principios fundacionales. Hacia su verdadera tradición.


6 comentarios:

rojobilbao dijo...

En las cofradías se da lo mejor y lo peor de la Semana Santa. La espiritualidad, recogimiento y devoción lo mejor, los lloros por no poder sacar el paso, lo peor.

Más religión y menos folkclore.

Todoerabueno dijo...

Es el Síndrome Hago-todas-las-cosas-nuevas. Lo padece quien cree que con él empieza la Iglesia. De nuevos mesías, líbranos, Señor.

Todoerabueno dijo...

Es el Síndrome Hago-todas-las-cosas-nuevas. Lo padece quien cree que con él empieza la Iglesia. De nuevos mesías, líbranos, Señor.

Alonso Contreras dijo...

Ayer, a primera hora de la tarde, vi pasar al Santísimo Cristo de la Expiración, vulgo "El Cachorro", por el Altozano, antas de enfilar el Puente de Triana en dirección al centro de Sevilla.
Pude comprobar in situ esto que decís de la religiosidad popular. Los había en trance místico, o simplemente adoptando una postura respetuosa ante el Señor muerto en la Cruz; pero también había gente hablando a voces y formando jolgorio. Los había, a mi lado tenía a uno, con vasos de "rebujito" en la mano, siempre llenos. Parece ser gente para la que la Semana Santa y la Feria debe ser algo parecido.

Anónimo dijo...

Aquí en Málaga también hay excesos junto con una sincera piedad.
Ayer salía la Virgen de los Dolores, conocida como servitas, y las luces a su paso se van apagando, y solo se oye como los nazaremos van rezando el rosario.
En Córdoba, el lunes, de la iglesia de San Lorenzo, sale el Cristo del Remedio de Animas, los nazarenos de túnicas negras y portando faroles, cantan el miserere en latín, y sólo a ellos se escucha.
Esos dos ejemplos, y otros muchos que debe haber, creo que debieran hacer reflexionar a las propias cofradías, cuando la gente percibe verdadera piedad en la procesión, es también muy respetuosa.
Juvenal

Embajador en el Infierno dijo...

Ayer tarde estuve con toda la familia en la procesión del Cristo de los Alabarderos. Resulta sorprendente como ha crecido, con los años, la capacidad de convocatoria de esta modesta procesión.

Son unos cuantos nazarenos, luego una escolta de unos 30 alabarderos, en medio el paso con Jesucristo Crucificado, y detrás la procesión de "civiles". Total y absoluto silencio en una lentísima procesión. Silencio entre las decenas de miles de personas que la contemplan, excepto cuando los anderos levantan o bajan el paso que por hacerlo muy, muy despacio (sin saltos ni sobresaltos) arranca el aplauso de algunos, a veces de bastantes, como queriendo premiar el esfuerzo de los anderos.

Creo que el tono general de los procesionarios, y sobre todo la música de pífanos y tambores que resulta extraordinariamente solemne , nada estruendosa y por tanto invita al recogimiento tiene bastante que ver.