lunes, mayo 19

Madrid bien vale un aquelarre liberal

Enrique IV de Francia vendió su conciencia y dignidad por el trono de Francia (París bien vale una Misa, dicen que dijo). Sobre la sinceridad de su conversión, a posteriori, será el Cielo quien juzgue. Por lo menos se convirtió a la fe verdadera.

Juan Carlos de Borbón vendió su palabra, conciencia y dignidad a cambio de un aquelarre liberal, consolidando en España el principio relativista empezando por la cabeza del Estado. La necesidad aguza el ingenio y las perspectivas de indigencia familiar supongo que no eran excesivamente atractivas.

No pienso entrar a juzgar si el regimen franquista era bueno o malo, y si un franquismo sin Franco era posible. Eso es lo de menos. Lo importante es que el personaje juró (puso a Dios por testigo) por dos veces fidelidad a los principios que encarnaban dicho régimen. Juramento que se pasó por el arco del triunfo llegado el momento.

Con esta perspectiva histórica en mente, no deja de resultar la mar de enternecedor el autoengaño colectivo que supone pretender a Juan Carlos de Borbón como garantía de estabilidad del sistema, de la "democracia", de la constitución o de lo que sea. Así Jesus Cacho (creo que este hombre tiene una imaginación infinita) se pregunta hoy:

(...)¿está el Rey comprometido con la defensa del modelo de Estado que consagra la Constitución del 78 (“La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”), o ha abdicado de la defensa de ese modelo, para abrazar el diseño federal o confederal que más o menos conscientemente propugna Zapatero? Parece obvio que si el Rey no defiende punto tan esencial como la unidad de la nación española, su principal obligación constitucional, no pocos españoles podrían sentirse tentados a pensar que en tal caso sobra el Rey y sobra la Monarquía.


Que a estas alturas de la película todavía haya gente que piense que en España existe algo medianamente estable o siquiera parcialmente inamovible, demuestra que no hemos entendido absolutamente nada de la historia de los últimos 40 años. Y me atrevería a decir, de los últimos 175 años.

Si en su momento no tuvo reparo en romper un juramento doble, menos reparo tendrá ahora en no romper juramento alguno, porque no olvidemos que Juan Carlos jamás juró la constitución de 1978. Nada hay que le ate a ella, dicho esto a beneficio de inventario.

Desde que en España se abdicó de los principios de Dios, Patria y Rey, todo quedó al albur de los tiempos. Es lo que tiene el relativismo liberal. Ahora no vale mesarse los cabellos.



6 comentarios:

Ignacio dijo...

Dejale bien claro a tu señora que aunque nos toque compartir celda, no pienso picar cuando te agaches a coger el jabón.

Nos van a entrullar, pero a la brava.



Mis saludos sra. Embajadora

Embajador en el Infierno dijo...

Si, ahora entiendo porque mi abuela insistía tanto en que usáramos papel "higiénico" marca "El Elefante".

Nos estaba preparando para lo peor.

Al Neri dijo...

jejejeeje, ahora están muy tibios, ya se puede insultar a Juancar libremente...

Embajador en el Infierno dijo...

AlNeri- A mi me parece muy bien, pero conste que yo no le he insultado. No lo necesito.

Maestre_de_Campo dijo...

No entiendo porqué esa necesidad permanente de asociar al liberalismo los vicios de los socialistas.
El relativismo no es propio del liberalismo, es propio del socialismo.

Un saludo.

Embajador en el Infierno dijo...

Maestre de Campo- El liberalismo es la libertad sin verdad. Es por definición relativista en tanto en cuanto deífica la soberanía de cada individuo (y aqui lo de "individuo" es clave) que no se somete a nada, o a lo más a ciertas convenciones emanadas de la mayoría social que de cualquier manera es siempre cambiante.

El liberalismo tiene su más coherente concreción en el anarquismo, y de hecho solamente hay que leer a escritores anarquistas del XIX para ver con que soltura se consideraban ellos los "verdaderos" liberales, exactamente con estas palabras.

El resto de fuerzas en el espectro político liberal se diferencia según enfaticen más alguno de los tres principios liberales de Libertad, Igualdad y Fraternidad. Así el socialismo (igualdad), el centro (fraternidad), y la derecha liberal (libertad).

Lo que todos comparten es la autonomía absoluta del individuo que, curiosamente y tal como advirtieron con total clarividencia los Donoso Cortés, Vazquez de Mella, y demás, llevaba "paradójicamente" a la opresión de los más débiles por el más fuerte y a dictaduras férreas, crueles y feroces.

La libertad sin verdad lleva al darwinismo social.