martes, junio 3

Nouvelle Cuisine para un mundo hastiado de si mismo

Disfruto con la crítica empática, la que realiza el que se mete en la piel del criticado. Pocos son capaces de hacerla. Demuestra trabajo, capacidad y sobre todo respeto, tan alejado de la "tolerancia" displicente.

Antonio Martinez lo borda con la cocina de Ferrán Adriá:

Es lo que sucede con la Nueva Cocina de Ferrán Adriá: debemos denunciar sus excesos y su en gran parte nefasta base filosófica, a la que ya nos hemos referido; y, sin embargo, existe también un fondo legítimo en su significación. Las creaciones de Adriá –un cocinero discutible, pero de mérito: el propio Bocuse lo ha reconocido- intentan responder a una de las insatisfacciones básicas de la civilización occidental, a saber: la pérdida del mundo como juego, danza, ingravidez y aventura; una pérdida correlativa a la actual dictadura de lo mecánico y determinista (si no existe nada más que el mundo, entonces el mundo es una cárcel). La cocina de Ferrán Adriá nos devuelve de algún modo a la etapa infantil de nuestra existencia, cuando vivir aún era lo mismo que jugar “flotando sobre el mundo”, y cuando cuatro trozos de madera unidos por un hilo se convertían en los vagones de un magnífico tren. Y es en este sentido –sólo en este- en el que Adriá tal vez consiga algo que se parezca, aunque sea lejanamente, al auténtico arte.



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