jueves, septiembre 11

Dictadura partitocrática: la universidad

Mientras estamos pendientes de la crisis nos la van colando tranquilamente por los flancos y nosotros sin enterarnos. Me topo (via Internet Política) con un excelente artículo escrito por el catédratico Andrés Ollero. El artículo me ha gustado porque dentro de la amargura el autor no pierde el sentido del humor. Extraigo:

Con la denostada LOU el candidato tenía que someterse a pruebas públicas ante un tribunal elegido en su totalidad por sorteo. También se sorteaba qué lección habría de desarrollar como indicio de mérito y capacidad. Como consecuencia, ¡oh tragedia!, pasaron a presentarse decenas de opositores, aunque no tantos como si se tratara de ser juez. No obstante, se descubrió que eso llevaba su tiempo y, por lo visto, el tiempo de los catedráticos -teoría de la relatividad mediante- no es comparable al de los jueces. Además, al final resulta que había «endogamia de escuela», ya que la mayoritaria contaba con más bolas en el sorteo y no se mostraba propicia a regalarlas para el futuro.

Ahora todo ha cambiado, se supone que felizmente. Como los evaluadores los pone a dedo el Ministerio (no se lo permitió ni el franquismo de los sesenta...) no hay escuela que tenga nada que hacer sin beneplácito gubernamental. Es más, para evitar riesgos se establece que los que decidirán quién es catedrático, y quién no, pueden ser absolutamente ajenos a la disciplina de que se trate. El nombramiento ministerial (vía agencia: Aneca) convierte al ungido en un omnisciente Leonardo.


Obviando el hecho de que el Sr. Ollero (a quien no tengo el gusto de conocer) debe ser un fascista de relumbrón (¿Que es eso de hablar en términos no denigratorios de la oprobiosa?) el asunto, de ser como lo pinta, es para asustarse un pelín. Ya no solamente los alumnos serán ineptos, también los profesores. Excelentes noticias.

Por lo demás alguien me contó una vez, y como fue hace tiempo puede que los detalles no sean del todo exactos, que cuando Francisco de Vitoria se presentó para su oposición a catedrático en Salamanca el tribunal lo componían...... sus futuros alumnos, cada uno de ellos con un número de votos proporcional al curso en que se hallaran.

Ahora los catedráticos los pone el gobierno.

Todavía algunos se creen la máxima ilustrada según la cual la historia del hombre es el constante progreso hacia mayores cotas de libertad.

Me evito la interjección porque es demasiado soez, pero rima con "razones".

5 comentarios:

porlafamiliaporlavida dijo...

Hola Gracias por visitar mi blog.

Un saludo, te agrego a mi lista de blogs para estar en contacto.

ana

Embajador en el Infierno dijo...

Encantado de la vida Ana. Y bienvenida.

Seneka dijo...

Embajador ... ¿aún hay alguien en expaña a quien le importe la Universidad algo?

QuasiOfftopic: Esta tarde me comentaba un amigo (profesor de enseñanza media) que en la Universidad ya hemos llegado al extremo en que los padres van a impugnar y revisar con los profesores los examenes de sus hijos (y no veas que humos gastan ...). Pero lo peor es que a veces esos padres ... ¡son profesores universitarios!
Y pensar que en mi época causaba auténtico estupor encontrarse al papá del compañero acompñándole a hacer la matrícula...

ceriñola dijo...

Para que coloques un poco al personaje, Andrés Olllero es un catedrático de Derecho de la Universidad de Granada, y fue durante muchos años diputado del PP por la provincia. Habla muy bien de él que dejó de serlo por decisión propia.

Embajador en el Infierno dijo...

Seneka- No se si me sorprende lo que cuentas. Al poco de acabar yo la carrera fui a visitar mi colegio. Estuve un rato con el director. El hombre andaba la mar de atribulado porque durante aquel curso habían empezado a ir padres con la chequera para ver lo que costaba el aprobado del niño.

El paso lógico siguiente es el papi yendo a ver al catédratico. Luego irá con la chequera y para terminar le mandará a un par de amigos albano-kosovares. Al tiempo.

Ceriñola- Muchas gracias por la referencia. La verdad es que el artículo me ha gustado sobre todo por como está escrito.