sábado, septiembre 6

Lo que no cansa

Donato cuenta en la Vida de Virgilio, que éste, interrogado por Mecenas sobre cuál sea la cosa que no produzca saciedad, contestó que todas las cosas, por la calidad o semejanza que les hace iguales, pueden resultar fatigosas, menos el entender (praeter intelligere)

(Eugenio d'Ors. Los tiempos nuevos. Artículo publicado en la revista argentina Criterio en 1929)

Y ya que hablamos de Argentina hoy Cruz y Fierro nos trae una extraordinaria conferencia pronunciada en Kansas en 1977 (está traducida al castellano) que viene de alguna forma a desarrollar en alguno de sus aspectos el enunciado anterior.

El texto es tan extraordinario que se hace difícil extractar nada. Lo intentaré:

La “motivación” se ha convertido en la bête noire de los educadores modernos. ¿Cómo puede motivarse al joven para aprender? ¿Mediante recompensas y promesas de recompensas? Mediante inducciones tales, los jóvenes atravesarán las mociones de la educación, pero seguirán inmóviles. ¿Entonces qué? Exponiéndolos a las musas, donde ningún fenómeno se ve sino bajo la apariencia de lo asombroso. Díganme si no: el asombro no es una sentimentalidad azucarada sino, por el contrario, una poderosa pasión, una especie del temor, una fea confrontación con el misterio de las cosas. A través de las musas el abismo temeroso de la realidad convoca por primera vez a ese otro abismo que es el corazón humano; y el asombro de su respuesta es, como han dicho los filósofos, el comienzo de la filosofía—no sólo el primer paso; sino el arche, el principio, como uno es el comienzo de la aritmética y el temor de Dios es el comienzo de la Sabiduría. De ese modo, el asombro tanto da inicio a la educación como la sostiene.


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