martes, septiembre 23

Para reflexionar

Jules Monnerot escribió un libro muy útil: “Sociología de la Revolución”, en el que explica que la idea revolucionaria es una faceta de la ideología progresista, y sostiene que el eclipse de la idea representará el fin de los tiempos modernos.


Sacado de un artículo imprescindible sobre Mayo del 68 que se puede leer aqui.


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11 comentarios:

Ignacio dijo...

Si es una buena reflexion,pero andamos en lo de siempre: la cerazón de esta gente, su tozudez, su estupidez les impide ver. No piensan, siguen consignas, a veces muchas pienso que sólo hablamos para nosotros mismos, y esta gente es inutil, lo son per se y lo son por el sistema educativo.

Eso si: tenemos al pp que nos salvará.



Mis saludos sra. Embajadora.

Al Neri dijo...

Para mí ser revolucionario es algo muy positivo. De hecho, no lo considero incompatible con defender la Tradición.

pcbcarp dijo...

Supongo que se referiría a la así llamada hipertróficamente (después de haber comido más de la cuenta) "Revolución" de mayo del 68, o sea, una que hicieron los chicos de buena familia contra sus papás.

LUIS AMÉZAGA dijo...

La revolución desde el poder me suele amoscar, aún más.

Embajador en el Infierno dijo...

Por esta vez me limitaré a leer vuestras interesantes reflexiones (todo sea por no entrar al trapo con lo que ha dicho - ¡lo que ha dicho!- Al Neri, je, je...)

Al Neri dijo...

Embajador, entra al trapo, hombre. Si te sirve de consuelo, no me refería a la "revolución" del 68.

De todos modos, para implantar un modelo social, político y moral como el que defiendes, deberían previamente cambiar de raíz muchas cosas tanto en las estructuras como en las personas. Yo a eso lo llamo ser revolucionario.

Pero probablemente estemos de acuerdo y es un simple problema conceptual. Con la palabra "revolución" pasa parecido que con "democracia", que hablábamos el otro día. Porque ambas estén monopolizadas, manipuladas y enguarradas por los progres, yo no tengo por qué renunciar a su correcto uso. No sólo son revoluciones la francesa, las de 1820 o la del 68... O mejor dicho: precisamente éstas no son revoluciones, sino pataletas dinamiteras contra un régimen injusto para traer otro igual o peor.

Maestro Gelimer dijo...

Luminosas las palabras de D. Gonzalo Fernández de la Mora en su ensayo "El crepúsculo de las ideologías":

"Una ideología surge con la apariencia de tesis en un laboratorio de un doctrinario: "Los hombres nacen libres y están tiranizados". Este núcleo conceptual desencadena una serie de consecuencias prácticas, alguna de las cuales se convierte en postulado: "Cada hombre un voto." Y cuando la coyuntura es propicia, el postulado deviene en creencia general: "La democracia es el sumo bien político." Este proceso no se efectúa en el vacío, sino en la contradicción. La tensión depende, entre otros factores, de la actitud del poder político. Si es adversa, la lucha se entabla de abajo arriba y a redropelo; si es favorable, el avance es más rápido, al menos externamente; si es neutral, hay que competir con otras corrientes ya establecidas, ya en formación. Sociológicamente, el proceso es de crecimiento. Pero desde el punto de vista intelectual se trata de una degeneración progresiva: las ideas, a medida que se masifican y disuelven, pierden autenticidad y ley, se degradan".

Sugiero una lectura atenta de este libro de D. Gonzalo. Mucho que aprender de su interpretación del Mayo francés de 1968.

Un saludo

Embajador en el Infierno dijo...

Al Neri- En mis tiempos fui de los que les gustaba el CAFE. De modo que creo saber perfectamente que no te referías a la del 68.

La revolución por excelencia es la francesa de 1789, y yo creo que sobre esto no caben dudas, o por lo menos muchas menos que con el término "democracia".

Entiendo por revolución el cambio violento (no necesariamente referido a la violencia física), radical y antinatural de las estructuras sociales.

El cambio que yo propugno es contrarrevolucionario en esencia. Y más que revolución (aunque signifique cambio profundo) es restauración. Si encima le añades "de las cosas en Cristo" entonces lo redondeamos.

Nunca me ha quedado claro lo que el nacional-sindicalismo (por poner un ejemplo escogido al azar) entendió por revolución, pero dada la mitificación de la violencia que forma parte de tal movimiento político desde su incepción (basta echarle un ojo a "La Conquista del Estado") sospecho que va más en la línea de lo que yo no quiero.

Y no me hagas entrar más al trapo que estoy muy cansado (fisicamente) y casi no tengo tiempo para un debate como Dios manda por lo demás interesantísimo.

Al Neri dijo...

No entres, no entres, pero sigo pensando que es un problerma terminológico. El diccionario de la RAE habla de revolución como cambio "violento" y "profundo", según las acepciones. Lo de "violento" no creo que se refiera a la violencia física de La Conquista del Estado, sino que más bien se usa como sinónimo de brusco, de radical, de expeditivo, si quieres.

A mí el café me sigue gustando mucho y en mi forma de pensar la violencia ocupa el lugar justo y necesario, como última ratio, y desde luego no como esencia de lo que yo entiendo por revolución, que creo, igual que tú -supongo- que debe empezar por las personas y por uno mismo antes que por nadie.

No soy ramirista.

Al Neri dijo...

Ah, y si lo de restaurar un rey carlista (por poner un ejemplo escogido al azar ;-) ), tal como están las mentalidades en este país, no es "un cambio radical y antinatural de las estructuras sociales", que baje Dios y lo vea.

Y de verdad, Embajador, que no quiero traer aquí polémicas políticas entre camisas azules y boinas rojas. Yo tengo en muy alto concepto tu blog y tus reflexiones, y una gran envidia sana de tu formación y tu cultura enciclopédica. Te lo digo de corazón, yo entro aquí como alumno. Entre tú y yo no es necesario ningún debate ni polémica, ni que ninguno gane o pierda la discusión. Sólo estamos charlando como buenos amigos.

Embajador en el Infierno dijo...

Al Neri- No tengo problema ninguno en sostener polémicas contigo porque me parece que podemos hablar con toda tranquilidad y sin necesidad de tirarnos los trastos a la cabeza.

Y lo de restaurar (fíjate en la palabra) un rey, es todo menos antinatural, que lo habitual no es lo normal.