jueves, septiembre 18

¿Por qué meto el dedo en el ojo?

Creo que la explicación más notable que he leído sobre la crisis de la Iglesia en el siglo XX es un par de frases que leí hace no mucho en un blog yanqui y que puse como "viruta" en la última entrega. Dice así:

"So no – the 1950s were not good internally for the church, even though externally her seminaries were full, mass attendances were high and missions were successful. I suppose the modern crisis is a punishment for the complacency of Catholics."


Lo que traducido a nuestro idioma quiere decir:

"De modo que no, los años 50 no fueron buenos internamente para la Iglesia, aunque externamente sus seminarios estaban llenos, la asistencia a misa era muy alta y las misiones resultaban muy exitosas. Supongo que la crisis moderna es un castigo por la complacencia de los católicos".


Esa creo yo es la clave: la complacencia. Y si el caso español fue particularmente sangrante (que lo fue) en todos los órdenes, incluidos el social y el político, se debe a que aquí la complacencia fue estratosférica. 40 años de vivir "protegidos" para luego abrir las puertas de repente y a lo bestia dieron como resultado la incapacidad de reacción del catolicismo hispano, por cuanto que ni siquiera se enteraban de por donde les venían las tortas. O mejor dicho, ni siquiera reconocían las tortas como tales.


Lea lo que otros dicen sobre: ,

10 comentarios:

Lhd dijo...

Estimado Embajador:

Estoy convencido de que en los cincuenta se estaba terminando la "Iglesia de Filadelfia" de que nos habla el Apocalipsis: así nos lo da entender el mensaje a esa "Iglesia" cuando dice que tiene "poca fuerza" (la Revolución ya estaba en lo político y se encontraba pronta para manifestarse en lo religioso)pero que sin embargo ha "mantenido su palabra, ha sido fiel":no hay ningún reproche para ella (como sí a otras "Iglesias", entre ellas la nuestra, la de Laodicea) Por eso, no creo que la crisis actual sea un castigo a la complacencia de la Iglesia anterior, sino únicamente el plan de Dios que consiste en reproducir en la Iglesia la propia vida de Cristo: los años cincuenta fueron así el "domingo de Ramos" de la Iglesia, que precedía a la Pasión que iba a sobrevenir y en la que todavía estamos, en espera de la feliz Resurreción.

Fernando dijo...

Querido Embajador:

Es pretencioso opinar sobre un tema que no conozco por mi propia vida, sino por el testimonio de otros o por lecturas, pero me atrevo (imprudentemente) a no estar de acuerdo con ese texto: si la gente iba a Misa, si había gente en los seminarios, si los católicos se comportaban bien en su vida privada y social, las cosas -por definición- debían ir bien.

El Concilio trajo un altísimo % de cosas buenas, por las que hay que dar muchas gracias a Dios, pero tambien un % de cosas nefastas, como la pérdida del sentido del pecado o de obediencia a la Iglesia. ¿Había complacencia en la Iglesia, antes del CVII? Si el texto lo dice, será verdad, pero quizá sea mejor eso que esa tibieza, esa vergüenza, ese sentimiento de inferioridad en los que vivimos muchos hoy en día, empezando por mí.

Perdón por la temeridad.

Embajador en el Infierno dijo...

LHD- A pesar de haber leído con fruición el libro de Canals "Mundo histórico y Reino de Dios" que presenta muy convincente, seria y rigurosamente la hipótesis apocalíptica sigo sin acabar de verlo.

En cualquier caso más que no ser capaz de discernir los signos de los tiempos, me da miedo el caer en un milenarismo protestantizante y sobre todo posiblemente castrante en cuanto al apostolado y la acción política se refiere.

Sin duda tendremos profetas que nos adviertan. Yo de momento no los veo donde, creo yo, tendría que verlos.

Fernando- Conozco aquellos tiempos tan bien o tan mal como tú. Yo tampoco los viví. Soy, por tanto, muy escéptico tanto respecto a la leyenda rosa como a la leyenda negra. A modo de ejemplo: mis padres (católicos ortodoxos y fidelísimos) se dividen en esto, cada uno opta por una de las leyendas.

El texto de arriba me llamó la atención porque aúna de forma extraordinaria las dos "leyendas", dando a cada una lo suyo.

A mi me parece que en el pecado (la complacencia) llevaron la penitencia, pues esa complacencia es la que permitió hacer surgir los males que experimentamos los que vinimos después.

Ha sido por esta vía como se me ha hecho la luz (creo) sobre el papel de Juan XXIII y Pablo VI. Pienso que fueron "complacientes" (Dios me perdone por este juicio tan ligero sobre una situación cuya complejidad se me escapa) en el sentido que no esperaban de ninguna manera la enorme contestación que ambos sufrieron.

A mi me parece que Juan XXIII sobre todo veía esa imagen "externa" de la Iglesia tan estupenda y quiso convocar el concilio para hacer "pequeños ajustes" (el famoso aggiornamiento, en el entendimiento que dentro de un ambiente percibido como de total ortodoxia y fidelidad al Romano Pontífice las cosas se podrían hacer de forma sencilla y sobre todo no traumática, y también para prevenir situaciones de revolución interna si se dejaban pudrir las pequeñas miserias.

Hubo otros, sin embargo, que estuvieron más hábiles para detectar esa "complacencia" y ver la ventana abierta para introducir toda clase de porquería. La complacencia adormiló a los más fieles que no supieron reaccionar a tiempo, y de ahí surgió esa peste que fue el "espíritu del Vaticano II".

Es una situación muy parecida, salvando las distancias, al advenimiento de la constitución de 1812 en España.

Poco a poco la complacencia se termina, y ya Juan Pablo II y sobre todo Benedicto XVI van poniendo las cosas en su sitio, con este último Papa condenando de forma expresa aquel "espíritu" que no es el de la Iglesia.

A mi me parece que el mejor efecto del Concilio Vaticano II fue hacer surgir de manera clara y distinta toda la mugre que había en el fondo. Habiendo salido a la superficie es más fácil limpiarla. Claro que es un proceso largo y dificil, pero es mejor que dejarla fermentar. No hay que olvidar que como dijo alguien la Iglesia piensa a 200 años vista. Estoy convencido que gracias al Concilio la Iglesia se fortalecerá. Dios escribe derecho con los renglones torcidos.

Fernando dijo...

Querido Embajador:

Reitero que escribo de una época que yo no viví, que sólo conozco por testimonios o lecturas, y que eso me puede llevar a cometer errores.

Citas a los benditos Papas Juan XXIII y Pablo VI. Visto con perspectiva, yo creo que su error fue tener una visión demasiado optimista de los hombres y, en concreto, de los católicos: reformemos las cosas, simplifiquémoslas, y los que ya son católicos serán aún mejores católicos y los que no lo son quizá se animen a serlo.

La experiencia posterior demostró la falsedad de este planteamiento. Reitero lo que dije en mi comentario: la pérdida del sentido de pecado, de culpa, no ha llevado a mejores católicos que actúan por convicción, libremente, sino a millones de católicos que se han desligado de cualquier obligación con Dios y con la Iglesia.

Citas el antecedente de 1812. Hay, para mí, uno más cercano, que este sí que lo viví: la Transición de 1978, donde había un optimismo de fondo, en plan "todo el mundo es bueno". Luego se vio que unos son mejores que otros, y que los que no son tan buenos se han dedicado durante 30 años a hacer una serie de cosas que a los señores de la UCD, tan optimistas, les habrían puesto los pelos de punta.

o s a k a dijo...

estoy de acuerdo, Don Ignacio. La Iglesia debe ser la última en preocuparse por los shares de audiencia y las encuestas de popularidad:

"He venido para prender fuego al mundo. Y ojalá ya estuviera ardiendo"

Estamos aprendindo de esta crisis. También.

n a c o
aworldinflames

Libertymad dijo...

Querido señor que vive a costa de mis impuestos, es el momento de abandonar el catolicismo y pasarse a la secta Moon, de la sospecho usted ya es miembro.

Maestro Gelimer dijo...

Queridos todos, contribuyentes todos:

Es momento de seguir fieles en las tinieblas.

"Ahora vemos por un espejo y oscuramente, pero entonces veremos cara a cara. Al presente conozco sólo parcialmente, pero entonces conoceré como soy conocido" (1 Corintios 13).

Gustavo dijo...

Estimado Embajador:
Estoy bastante de acuerdo con lo expuesto por Ud. Particularmente en la intención del Papa Juan XXIII
al citar al CVII.
Un análisis corto de como era la Iglesia antes del Concilio es muy difícil.
En mi opinión la crisis venía gestándose por lo menos desde la Revolución Francesa, con la universalización de sus falsos principios Libertad, Igualdad y Fraternidad.
Por ello, concuerdo que el Concilio sacó afuera la infección que carcomía a la Iglesia. No es por nada que sus lamentables efectos se hicieron presentes de inmediato, y casi sin discusión por parte del clero.
La gran mayoría de los obispos y su clero, que hasta meses antes de su conclusión aparentemente se atenían estrictamente a la misa tradicional, a la disciplina eclesiástica, a la asistencia espiritual de sus fieles, etc., repentinamente tiraron todo por la borda, sotanas incluidas y abrazaron fervientemente causas de corte político, pasando con alegría a la nueva misa, sustituyendo Santo Tomás por Marx u otros filosofos heterodoxos, etc.,dando por obsoleto todo lo anterior.
En suma se puede decir que se (y nos)cambiaron de religión.
En cuanto a complacencia de la Iglesia de los años 50, no estoy seguro. No conozco mucho el tema. Pero que varios de los Papas hasta Pío XII no tuvieron ninguna complacencia, y que trataron de evitar la debacle es indiscutible, particularmente Pío IX y San Pío X.
En mi parecer, el C. Vaticano II iba a ocurrir indefectiblemente. Quizás su ocurrencia responde a la lógica spengleriana del nacimiento, auge y caída de las civilizaciones.

Saludos,
Gustavo

Embajador en el Infierno dijo...

Fernando-

De acuerdo con lo que dices: "yo creo que su error fue tener una visión demasiado optimista de los hombres y, en concreto, de los católicos". A eso precisamente me refiero con lo de la "complacencia". No tanto complacencia de los Papas sino complacencia de los católicos que no supieron reaccionar, para decirlo coloquialmente: no sabían por donde les venían las tortas.

Lo siguiente que dices: "reformemos las cosas, simplifiquémoslas, y los que ya son católicos serán aún mejores católicos y los que no lo son quizá se animen a serlo.". Creo que es un "espíritu" posterior y más consecuencia del concilio que causa de él.

Ahora bien, yo ultimamente estoy haciendo el ejercicio privado y mental de intentar asentir a dicha "visión de la jugada". Y lo que me sale es (muy tentativa y preliminarmente): ¿no es menos cierto que el que hoy en dia quiere ser católico con todas las consecuencias incluyendo la fidelidad al Papa y al Magisterio de la Iglesia lo hace mucho más conscientemente de lo que hace en tanto que ya no está determinado por un cierto ambiente social?. El que esto sea bueno, no lo tengo tan claro. Sigo pensando.

La diferencia entre 1812 y 1978 es que lo de 1978 pilló a pocos de sorpresa. Era algo que se venía cociendo. Lo de 1812 fue un golpe de mano con todas las de la ley, con violencia de conciencias y física. Recomiendo la lectura de "Las Cortes de Cadiz" librito interesantísimo de D. Federico Suarez.

Osaka- Amén, tio. Amén.

Libertymad- Le agradezco los numerosos y agudísimos comentarios que ha tenido usted la amabilidad de dejar hoy en este humilde blog. Lamento que una persona tan obviamente ocupada como usted tenga que perder su precioso tiempo en corregir a patéticos cantamañanas como un servidor, desperdiciando su indudable talento haciendo ironía barata para que los pobre mortales podamos entender. Me autoimpongo como penitencia escuchar todas las mañanas a Federico, el gran profeta del liberaralismo, de rodillas y sosteniendo un ejemplar de "The Wealth of Nations" en cada mano.

Y ahora si no te importa, majete, vete a que tu mamá te limpie los mocos que los mayores tenemos cosas importantes de las que hablar.

Maestro Gelimer- No lo podría haber dicho mejor, y ahí creo yo está la clave de todo.

Gustavo- Estoy con usted. A mi me cuesta creer que de la noche a la mañana todo se viniera abajo por arte de birbiloque. Había carcoma y mucha, y si Pio X lo denunció con palabras fortísimas no era para pasar el rato.

Creo firmemente, como no puede ser de otra forma, que Juan XXIII tenía la mejor de las intenciones al tratar de limpiar la Iglesia por la vía de la misericordia en vez de por la via de la condena. Por mucho que se puedan poner cientos de "peros" la mar de lógicos a este proceder incluso al mismo concepto, antes o después algún Papa lo haría simplemente por probar una medicina distinta. Y cada vez estoy más persuadido que mejor antes que después.

Anónimo dijo...

Gemidos de Dinosaurios agonizando.........