lunes, agosto 24

Una de esas anécdotas.....

...del catolicismo profundo angloparlante. Vista aquí (donde por cierto tienen un vídeo que es para caerse de la risa):

Thomas Day, the author of 'Why Catholics Don't Sing', was in a church in New York, I think, when it came to the sign of peace. He looked around and there was this one little old lady fairly close by. Feeling under an obligation to do the right thing, he approached her with his hand outstretched and said, 'Peace be with you.'

The little old lady then looked around at him and said quite sweetly,

'Honey, I don't do that sh*&@!'


No puedo traducirlo porque perdería toda la gracia, o a lo mejor es que no tengo la gracia suficiente para traducirlo y que no la pierda.

4 comentarios:

Pablo dijo...

En el rito de la paz, yo sigo estas normas:

1.- "El cura manda". Si manda dar la paz, se da.

2.- "No hacer feos". Dársela a todo el que la ofrezca y no dejar de ofrecerla a los de al lado.

3.- "No se vuelve uno". Por tanto no se da a los de atrás.

4.- "Sin efusiones". Dar mano igual a deudos y extraños.

5.- "El agnus de rodillas". Saludar a derecha e izquierda y arrodillarse.

Con esto se evitan muchos incovenientes.

Terzio dijo...

Oh!

Lo malo es que nunca está uno libre del imprevisto ( y las imprevistas) que te asaltan y se te vienen encima...y hasta te dan dos besos muá-muá.

En estos casos, yo tengo tendencia a dar dos guantazos, pero me tengo que contener, claro está.

Lo que peor me sienta es esa impresión de que el afectivo paz-donante (o la besucona) viven en ese momento un "clímax" de la Misa, están convencidos. Y piensan que si se quita el rito es porque el cura es un antipático.

Van a la Misa a "vivirla", a "convivirla" y a "participarla". Eso les han enseñado y eso practican, tan efusivamente.

'

Anónimo dijo...

Pues a mi, que voy sola a Misa, casi me fastidia lo contrario que a Terzio: que no se me abalanza nadie. La iglesia está llena de niños que al momento de la paz corren a besar a sus padres y familares. Algunos me empujan y me pisan para lograrlo, ignorándome. Las parejas se demuestran su cariño con tiernos arrumacos. Y yo, que no tengo ni perrito que me ladre, me siento entonces más sola que nunca.

Ocurre precisamente lo que censuraba San Pablo: mientras uno pasa hambre, otro está ebrio.

Entiendan bien Vds. que no pido que me dejen aprovecharme de los niños ni de los novios de las demás. Sólo que no me los restrieguen. ¿Es que no tienen casas?

Tere

Embajador en el Infierno dijo...

Tere- Mira que yo no había pensado nunca en eso, pero es muy cierto. Yo intento instruir a mis hijas en dar la mano a quien tengan a su derecha o izquierda, en el perfecto entendimiento que su padre no se verá en el menor punto ofendido porque no vengan a besarme.

Por alguna razón no consigo ni que me vengan a dar un beso cuando entro en casa a la vuelta del trabajo, ni que dejen de pelearse mientras molestan a la feligresía, para ser la primera en dar un beso a su padre en Misa.

Todo se andará.