miércoles, diciembre 2

Católicos y vida pública

Lo cuenta Carlos Ibañez como metáfora de la realidad:

Corría el verano de 1954. En Montelarreina (Zamora) hacíamos el curso de la IPS. Un fin de semana nos dieron permiso para pasarlo en Salamanca. A la Capital charra nos trasladamos un nutrido grupo de nuestra batería. Llegamos el sábado por la tarde. Después de cenar pensamos dónde pasar la velada. Se impusieron dos o tres compañeros que cursaban sus estudios en aquella Universidad. Conocedores del terreno organizaron una visita al barrio chino.

Un compañero de la Escuela de Ingenieros de Bilbao se había informado de la actuación de un famoso ilusionista y me invitó a acompañarle. Acepté encantado. Se nos acercó otro, también de Bilbao, afín a nosotros en costumbres, y nos pidió que le acompañásemos con el grupo mayoritario. Pretendía hacer apostolado, dar buen ejemplo a los demás para que no pecaran. Rehusamos competir en un deporte desconocido para nosotros, con quienes “jugaban en campo propio y tenían el árbitro a su favor”. Nos trató de comodones, cobardes y egoístas, que nos desentendíamos de los demás. No le hicimos caso. Al día siguiente le preguntamos:

-¿Qué tal anoche?
-Un desastre.

Y se extendió en detalles, que no procede reproducir.

Algo así nos parece pretender regenerar esta democracia a base de participar en la misma los católicos comprometidos.


Conviene leer el resto del artículo. El establecimiento de paralelismos (cambiar no se que desde dentro, por ejemplo) os los dejo a vosotros en los comentarios.

15 comentarios:

Seneka dijo...

Me encanta la capacidad de Carlos para cazar anécdotas al vuelo en su afán por ilustrar lo que quiere transmitir.

Además de efectivo resulta entrañablemente evangélico.

Enneas dijo...

Creo que el error es pensar que lo que hay que regenerar es la democracia. Quizá lo que haya que regenerar es el género humano. Pero de eso ya nos advierte la Salve... In hoc lachrimarum valle.

Sobre esto hay una película que muy interesante de Night Shyamalan, El Bosque. Muy ilustrativa al respecto.

Fernando Lizcano de la Rosa dijo...

Es que las Milicias Universitarias (Instrucción Premilitar Superior) de entonces tenían lo suyo. No obstante lo que cuenta Carlos (supongo que debe ser de la XII) como fracaso yo lo he visto como éxito rotundo, eso sí con el Páter, que cuando uno topa con la Iglesia no hay tu tía. Pero ya se sabe, la hierocracia no está bien vista.

Museros dijo...

Me llama la atención, del discurso, la cita del ponente del congreso "Católicos y Vida Pública" que afirma que la democracia (la liberal, imagino) es el sistema político preferido por la Iglesia...

Después de exhibir un voluntarismo a prueba de bomba sosteniendo (porque sí) que la democracia es la única solución a todos los problemas que hay ahora y que no existían antes de implantarse la democracia liberal.

En una sola frase sintetizó Vázquez de Mella toda esta forma de pensar.

Fernando dijo...

Querido Embajador:

La metáfora es muy buena, sería perfecta si no fuera por un matiz: todos vivimos en el barrio chino, antes era un barrio decente pero no se sabe cómo se ha convertido en un barrio chino y cutre. Es verdad que podríamos irnos a vivir a otro barrio, más elegante, menos pecador, pero no nos da la gana porque sigue siendo nuestro barrio.

Uno podrá optar por quedarse encerrado en casa, pero si decide salir a la calle y ve a otro ciudadano limpiando los vómitos y los preservativos usados tendrá que sentir simpatía por él. No por ello se van a ir las putas ni sus clientes, pero ya estará un poquito más limpio.

Terzio dijo...

Eso es como lo de Alipio en el circo:

"...Pueden arrastrar mi cuerpo a aquel lugar y hacer que ocupe un asiento, pero no podrán conseguir que mi alma y mis ojos contemplen ese espectáculo. Estaré allí pero como si no estuviera. Verán como triunfo de ellos..." etc.

Al final, terminó gritando como un energúmeno y disfrutando del combate de los gladiadores, enardecido en sangre y violencia. Eso lo cuenta S.Agustín, Conf. libro VIº cap. 7 y 8 Muy divertido de leer.

Pues lo de los católicos en política, lo mismo. Los casos y los nombres que se podrían poner de ejemplo son tantos como patéticos, casi todos vergonzosos.

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Enneas dijo...

Y, al final, ¿qué es pólítica? ¿El partido? ¿El sistema?

Porque, en definitiva, de lo que participamos TODOS es de nuestra naturaleza corrupta. Lo demás, son instrumentos para cambiar las cosas o para corromperse con ellas. Pero lo mismo da el cine, la política, el trabajo, el sexo, la comida...

Embajador en el Infierno dijo...

Seneka- Sabía que tenía algo pero no sabía definirlo. Claro, la palabra es "evangélico".

Enneas- Te contesto en un par de semanas que será cuando acabe "El mito del hombre nuevo" de Dalmacio Negro.

Fernando- Es que a mi el católico que se fue de pilinguis me recuerda un poco al reverendo aquel del Club Pickwick: "Para luchar contra el pecado, primero hay que conocerlo". Estoy sacando coña, que conste.

Museros- A mi más que llamarme la atención me pone los pelos de punta. Eso es una tergiversación cruda del Magisterio.

Fernando- Es muy lógica tu interpretación de la anécdota pero no creo que Carlos quiera decir que lo que hay que hacer es quedarse en casa.

Conste que cuento con la ventaja de conocerle para hacer la interpretación y se que es un hombre de acción.

Pienso, más bien, que lo que Carlos quiere decir es que hay cuestiones con las que no se puede transigir. Que posiblemente en vez de acompañar a los amigos al barrio chino lo que habría que hacer es disuadirles de ir a tal lugar, con la palabra y con el ejemplo, y sobre todo no legitimar sus acciones desviadas bajo una autoengañada pretensión de apostolado. O sea, el famoso "vamos a cambiar esto y lo otro desde dentro". Ya sabemos como acaban esas aventuras, cambiando a los cambiadores.

Que una cosa es aceptar que estamos sumidos en la porquería y otra muy distinta bendecir la porquería.

Y desde luego, por muy limpio que esté un burdel, seguirá siendo un burdel.

Terzio Convendría explicar en qué tipo de política. Porque a mi se me ocurren muchos católicos que han actuado catolicamente en política (sorprendentemente estos suelen acabar bajo el hacha del verdugo, tanto virtual como real, eso si).

Enneas dijo...

Un burdel no es un partido. La primera está corrupta en su naturaleza, la segunda en la práctica. Es algo así como la legitimidad de origen y la de ejercicio... Pero en cutre. Pa entendernos.

Embajador en el Infierno dijo...

Un partido político, tal como se entiende hoy en día (o sea, una empresa de márketing electoral cuya materia prima son las encuestas y su objetivo es la maximización de beneficios mediante el disfrute del presupuesto público a través de la consecución del poder político) es un ente corrupto en su propia naturaleza, simplemente porque se presenta como lo que no es. Luego si, es como un burdel o incluso todavía peor, porque todo el mundo sabe lo que es y como funciona un burdel, un partido político se cuida muy mucho en que no se sepa ni lo que es ni como funciona.

Enneas dijo...

Admito que, en ocasiones, no se distinguen bien. Pero insisto, la corrupción de uno es sobrevenida por el ejercicio, la otra en su concepción.

El juicio moral debe recaer sobre las personas, no sobre el partido, que es un instrumento.

Seneka dijo...

Enneas:

Las ideas, los programas políticos, las acciones institucionales ... ¿no son susceptibles de calificación moral?

Amos ya, home, amos ya.

Seneka dijo...

Abundando: yo afirmo que la corrupción en ambos casos está en su origen; en el caso del partido político la corrupción no le es sobrevenida, y por eso se llama PARTIDO. El sistema político tampoco está libre de juicio moral, y los partidos políticos son elemento esencial en su concepción.

Quizá el problema está en la comparación del Embajador: el sistema es el burdel, los partidos políticos son fulanas muy, muy caras (y feas de pelotas, dicho sea de paso).

Embajador en el Infierno dijo...

Abundando todavía más: un partido político es un grupo de interés que se procura con total abstracción de condicionantes morales.

Uno era bastante reacio a creer en la existencia de "estructuras de pecado", concepto que tanta porquería ha traído al catolicismo, pero Juan Pablo II definió dichas estructuras maravillosamente. Conviene echarle un vistazo para entender lo que se quiere decir.

Terzio dijo...

Conviene tener claro que la promoción de la justicia y el bien común no es "política" ni "hacer política".

Se "hace política" y se "entra en política" cuando uno se sienta a jugar en la mesa de quienes reparten las fichas y dictan las reglas del juego, de ese juego. Y acepta las reglas y juega con las fichas que le dan.

Entonces.

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