miércoles, junio 23

Parece que fue ayer (X): Democracia y Bolsa

"Había por aquella época en París un hombre llamado Necker, con el cual la historia tendría muy poco que ver si la Revolución no hubiera lanzado más tarde a la luz pública sus dudosos rasgos. Era un producto de Ginebra, negociante en Bolsa por tanto, y calvinista por nacimiento y por profesión, no por convicción individual, por que su actividad se había reducido desde hacía largo tiempo a la acumulación en sus manos de la riqueza de los demás. Tenía por lo mismo, una gran reputación como hombre de negocios, y era muy rico; de reputación moral, tal como los católicos franceses entienden el término, carecía en absoluto. Sus tratos con el Tesoro habían llevado su nombre a la publicidad, y en unos pocos meses, con diferente título, reemplazó a Turgot a la cabeza de las enmarañadas finanzas del país. Las sociedades que están en descomposición hacen disparates semejantes.

Su concepción de las reformas era la que se podía esperar de tal hombre. Amañó las cuentas públicas, halagó a todos para permanecer en el poder; carecía, lamentablemente, de todo plan, y para conjurar las crisis se limitó a tomar dinero a préstamo; fue el primero de los modernos jugadores de Bolsa que ha dirigido un Estado y el modelo de todos los demás. Estaba destinado a llegar a ser una especie de símbolo de la libertad..., y por tanto, puede servir de ejemplo para la democracia lo mismo que para los bolsistas."

(Tomado de Maria Antonieta, de Hilaire Belloc)

Pincha aquí para leer anteriores entradas de Parece que fue ayer

6 comentarios:

Seneka dijo...

Me sorprende el silencio de los contertulios a este respecto.

Y me hace gracia este articulillo, querido Embajador, porque precisamente el domingo pasado estuve con unos amigos (encuadrables en la piadosa DDTLV, que diría Orisson) discutiendo sobre la situación económica y cuando yo argumenté sobre la inmoralidad de los mercados financieros (y particularmnte el bolsístico) la discusión se acabó, de forma un tanto ... digamos, abrupta.

Está visto que los avisadores no tenemos futuro.

Embajador en el Infierno dijo...

A mi también me sorprende. Y no me sorprende la abruptez. En mi caso la gente se queda perpleja, porque claro, no se espera que uno que este metido en el ajo, abomine del mismo. Y como no pueden alegar falta de conocimiento por parte del radical de turno, pues les entra el cortocircuito. Es muy divertido.

Maestre_de_Campo dijo...

Sobre este buen amigo del intervencionismo ya ha hablado el profesor Huerta de Soto en sus clases. Los vídeos están disponibles en dhimmitube, si quieres el enlace te lo pongo.

Seneka dijo...

Uno de los errores más comunes de la modernidad es el abuso de los clichés ideológicos para explicar la realidad.

El tiparraco protagonista de éste artículo es, sencillamente, un hombre cegado por la avaricia. Cualquier hombre sediento de poder y riqueza es un "intervencionista" por naturaleza, pero eso describe al personaje, no al sistema.

Lo definitivamente funesto del liberalismo es que derrumba todas las barreras mentales y espirituales que podrían contener o contrarestar la actuación de este tipo de personajes, que así campan a sus anchas sin otra limitación que su libertad (definido negativamente, como el punto hasta el que puede llegar sin que otro más poderoso le coma a él). El liberalismo abre así la puerta a la corrupción y la cierra a la sanación (pues la relega al ámbito de lo privado), y por este camino el liberalismo acaba desembocando siempre en una tiranía intervencionista (eso cuando no nace ya como tal).

Pero eso ya lo vio Marx hace muchos años.

Maestre_de_Campo dijo...

No conozco ningún liberal que predique que los hombres no son responsables de lo que hacen, ¿usted sí? Tampoco conozco ninguno que predique que no hay moral, o que la moral es mala en sí misma, o que las barreras morales son injustas o ineficaces. Estaría bien dejarse de etiquetas, sí, y no dar nombres a las cosas, así podríamos hablar usando demostrativos "este es eso hizo lo otro y aquello y lo de más allá".

Lo digo más uqe nada porque criticar está muy bien, pero hay que saber de qué se habla.
La diferencia entre un intervencionista -como el de la entrada- y un liberal es, precísamente, que el liberal sabe que somos responsables de lo que hacemos mientras que el intervencionista piensa que puede utilizar estructuras sociales para no tener que asumir su responsabilidad.

Pero eso ya lo dijo Bastiat hace muchos años.

Seneka dijo...

QED