Desde que casó a la penúltima de mis hermanas el pasado verano, a mi santa madre se la ve como más satisfecha. Una satisfacción alimentada por la sensación del deber cumplido. En casa de mis padres ya solo quedan la pequeña (terminando la carrera) y el número 6, el resto estamos colocados (y no en el sentido etílico-alucinógeno, no me hagáis chistes fáciles).Con el número 6 mi madre no pierde la esperanza y está al acecho de alguna oportunidad que se presente. Mi hermano parece dispuesto a ocupar el papel de rumboso "tío soltero" para alegría de los innumerables sobrinos. Hace unos días se dio la siguiente conversación:
Santa madre: Hijo, ¿no crees que ya es hora de que encuentres a tu media naranja?
Tío soltero: Mamá, debemos enfrentarnos a la realidad con valentía: hace ya tiempo que a mi media naranja la han exprimido.
Estoy convencido que, en el fondo, mi madre está encantada por el hecho de que si alguno se tenía que quedar a cuidar a mi padre y a ella en su vejez, este sea precisamente el más gracioso y ocurrente de sus hijos.
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