sábado, febrero 18

Cine bueno: Kamikaze

No se si tanto como lo británico, pero lo japonés me tira mucho, mucho. Es cosa de familia. De hecho estoy convencido que tenemos sangre japonesa, pero esa historia para otro día que es muy larga. Termino la introducción tirándome un poco el pisto que para eso soy de Madriz, pero para que se vea lo que digo: de entre los logros que en mi vida han sido la tesina de licenciatura (en inglés) premiada con la máxima nota y que versaba sobre asuntos del Japón, es de los que más satisfacción me produce.

La película "Kamikaze: Moriremos por lo que amamos" es una joya. Cuenta la historia de una unidad de pilotos kamikazes durante la II Guerra Mundial.

Es una joya, primero de todo por la crudeza tan delicada con la que expone el asunto. Un cristiano no sale de la película pensando "¡Qué tíos!", no es posible, no puede. No encuentro acomodo moral en el suicidio planificado por la Patria (ni siquiera como sugiere el título "por los que amamos"). Pero igual es que soy un poco rígido, no se.

En cualquier caso ese suicidio planificado y ejecutado por jóvenes que no tenían una enfermedad mental no deja de aparecer como un terrible acto de valor.

Pero no es eso, creo yo, el fondo de la película. El fondo es la simple experiencia humana. O, mejor dicho, las experiencias humanas. Por la película desfilan todos los caracteres, desde el más decidido, al simple cobarde, o el prudente con razón y por supuesto los del montón que van a la muerte como el que va a comprar el pan al DIA.

Me quedo con el personaje de la dueña del restaurante, la madre adoptiva de todos esos jóvenes que se desvive por ellos haciendo sus momentos finales lo más pasable posibles.

Y todo es tremendamente japonés, principalmente la agresiva represión del sentimiento que se desparrama huracanado cuando la presa de la razón no puede ya contener el empuje del corazón.

En fin, a ver si me agencio la versión en japonés que ya debe ser la repanocha.

37 comentarios:

pcbcarp dijo...

Pues nada, nada, a ver si la pillo que a mí lo japonés también me tira un montón. Todavía hago ejercicio con mi boken de vez en cuando y aún hay quien me llama Ferunanudo San, jajaja.

Tirillas dijo...

No es que tengas sangre japonesa. Son los libros y los periódicos, y las webs, que cada vez tienen la letra más chica. Hay que hacer tales esfuerzos para leer algo que se te queda esa cara. A mí me pasa igual.

Embajador en el Infierno dijo...

Pcbcarp- Una cosa es que me tire y otra ser un frikazo como tu (lo del boken me ha dejado chopolvo).

Tirillas- JAJAJAJA! lo que me he reido. Muy bueno.

Pablo dijo...

Ya me ha entrado el remusguillo de ver la peli. Pero no en japonés, claro.

Y sobre los kamikazes creo que no se les debe considerar suicidas, precisamente por lo que reza el título: «Moriremos por lo que amamos».

Chesterton reflexiona en varios pasajes sobre la muy distinta consideración que le merecen a la Iglesia los mártires -a quienes venera con fervor- y los suicidas, a quienes niega incluso el entierro en sagrado. Y señala que, pese al parecido aparente, «el suicida es todo lo contrario del mártir. El mártir es un hombre que se preocupa por lo ajeno hasta el punto de despreciar su propia vida. Mientras que al suicida le importa tan poco todo lo que no sea él mismo que desea el aniquilamiento general».

Siguiendo este criterio, queda claro a qué categoría pertenecen unos soldados que mueren por su patria y su religión.

Claro que a un cristiano le repugna esa osadía de atentar contra la vida propia porque tenemos otra noción del carácter sagrado de la vida humana. Incluso Cristo, el mártir primordial, quiso morir por mano ajena, pese a que como Dios era plenamente dueño de su vida: «nadie me la quita, la doy voluntariamente».

pcbcarp dijo...

Jajaja, pues además se amenazar en japo con acento Yakuza de Osaka: Dotamá kachibatarrudé, Omae o korrositerru, Bibitarrudé, y esas cosas, jajaja.

Benign_o dijo...

No se.
La verdadera victoria aliada, no fue en el campo de batalla, no fueron las bombas atomicas, fue el dia despues.
Los años que vinieron luego de la guerra en los cuales gracias a la ocupacion y al lavado cultural que se hizo en ese pais, que se destruyo todo lo que la tradicion japonesa era.

Ahora son todos unos imbeciles, con el pelo teñido, moco en el seso y poca idea de nada (lo digo porque hace 8 años que trabajo con Japoneses y se de que hablo), todos me reconocen que los nietos y bisnietos de japoneses nacidos en argentina son mas japoneses (culturalmente hablando) que ellos.

Con respecto a la cuestion del Bushido o codigo de honor samurai, yo humildemente no estoy de acuerdo con el embajador, no hay nada de loable en el suicidio vacio.

Una cosa es el Martir y otra cosa es el caballero Cristiano que durante 1500 años se batio contra los enemigos de la cruz, nunca buscando la muerte, siempre combatiendo, el suicidio siempre tiene en esencia la cuestion de la rendicion, de la derrota, es, al margen de los romantico o lo violentamente espectacular que parezca un escape facil. Es salir corriendo, y el salir corriendo implica no tener esperanza y por eso es mas facil, me hago polvo con mi avion contra un portaaviones yankee (Muy Rapido) y listo, a otra cosa, a la nada.

Saludos

Guy Crouchback dijo...

El kamikaze no era estrictamente un suicida. En aviones de madera, con bombas sin guía y espoletas muy rudimentarias, sin posibilidades de arrojarse en paracaídas, el kamikaze fue un último manotazo de ahogado de un Imperio que se desmoronaba ante la completa destrucción de su industria. Más que cuestionar la moral del kamikaze, podríamos -desde una perspectiva católica- cuestionar el recurso a ellos, la perseverancia en una guerra que ya estaba materialmente perdida.

Anónimo dijo...

Y que hay de Racías? (II Macabeos XIV 37)Nadie me lo ha sabido explicar.
Pirincho.

Anónimo dijo...

Esta ensayo puede ayudar a comprender el espíritu kamikaze:
http://antecedentes.wordpress.com/2008/03/21/el-viento-divino-o-la-muerte-voluntaria/

Yurremendi dijo...

Bueno, aquí nadie ha dicho lo primero que se me ha venido a las mientes: ¿qué diferencia hay entre los suicidas japoneses y los suicidas mahometanos? No vamos a negar a estos últimos su disposición para morir y matar por algo que también "aman".

¡Oh, Satán, cuánto "amas" a los que por ti se inmolan!

Anónimo dijo...

Yurremendi:
pues a primera vista ya se advierte una diferencia ìmportante: los japoneses eran guerreros que peleaban contra militares en una guerra "regular"; en los otros muchas veces se trata de actos que podrían calificarse de terrorismo (además no suelen reparar en la calidad de las víctimas: civiles, mujeres, niños, ancianos; en suma, todo el que esté allí en el momento del estallido).Y esto dicho dejando de lado la cuestión de si esos actos terroristas son la respuesta a otra forma de terrorismo por parte de países occidentales.

Yurremendi dijo...

Anónimo:
No estaba pensando en las diferencias circunstanciales, o exteriores, que ciertamente son evidentes, sino más bien en la dimensión moral (y teológica) de esa voluntad autolítica que se inculca a los “héroes” de una determinada causa, ya sean pilotos de guerra japoneses, ya sean “terroristas” mahometanos, ya sean dulces monjes budistas. Pero, aun así, no dejaré de hacer un par de observaciones al rebufo de lo que apuntas.
Sobre la noción de guerra “regular”: Como sabemos, el vocabulario castellano ha dado a otros idiomas las voces guerrilla y guerrillero para denominar aquello que no era, que dejó de ser, una guerra regular entre dos ejércitos uniformados de vivos colores, evolucionando en formación en el campo de batalla, dirigiéndose el uno al otro, antes de pasar al ataque, instancias, admoniciones, imprecaciones o amenazas escritas y firmadas en un papel, etcétera. Los franceses llamaban brigands a los guerrilleros que formaban aquellas partidas y que nosotros hemos llamado héroes hasta el día en que el patriotismo comenzó a estar mal visto.
Sobre la noción de terrorismo: La palabra terrorista por su parte, es una creación francesa, coetánea del sistema de la terreur inventado por las autoridades revolucionarias en 1793. , por lo general un representante del pueblo ante la Convención, en “misión” en algún departamento, era quien aplicaba el método diseñado para establecer el “gobierno revolucionario” allí donde éste fuera contestado, dentro de la misma Francia, y en contra de sus mismos compatriotas. También fue utilizado, más bien en pequeña escala, fuera de las fronteras francesas, por ejemplo en la guerra contra España de 1793-1795.
No sé si se puede seguir hablando de guerra regular desde entonces, por lo menos en la Europa de la Totaler Krieg. Los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki me parecen puros actos terroristas, que se nos ha querido hacer aceptar como una heroica decisión moral mediante la siempre renovable argucia satánica del “mal menor”. Me da igual que sean “justa respuesta” a precedentes agresiones de la mano de los japoneses.
La cuestión, donde yo la quería situar, es en el acto, moral or otherwise, de lo que podíamos llamar ”suicidio altruista”. Un teólogo ortodoxo, Jean Meyendorff, dejó escrita una frase que me hizo impacto cuando la leí: “Desde que la muerte cesó de ser el único fin posible de la existencia, el hombre se ha liberado del miedo; y el pecado, que se funda sobre el instinto de conservación, ha dejado de ser inevitable”. Aparte de que me parece muy certero eso de que el pecado se encuentra en estrecha relación con lo que llamamos modernamente “instinto de conservación”, y que es en muchos respectos un egoísmo, quiero subrayar lo que se me antoja una falacia moral: la tendencia a considerar admirable todo acto que supera ese instinto de conservación, siendo el suicidio altruista el ejemplo que nos ocupa. Alguien ha recordado la diferencia esencial entre martirio y suicidio, que es la diferencia entre aceptar la propia muerte y darse la propia muerte. Simplificando, el mártir sería instrumento del bien para la vida, y el suicida sería instrumento del mal para la muerte. El colmo del equívoco satánico, en mi opinión, está en persuadir al suicida de que es un mártir. Pero ya sabemos que no hay peor tentación que la que nos empuja al pecado bajo la máscara ladina de un acto generoso o “santo”. Ejemplos: los kamikazes, las muchachas musulmanas que se revientan con un cinturón de explosivos, los monjes budistas que se entregan al fuego. Creo que en alguna de las novelas de Pérez Galdós sobre la guerra de la independencia, aparecía un patriota español que so capa de afrancesamiento, y en un famoso brindis, envenenaba, y se envenenaba con ellos, a unos cuantos militares franceses de los que era aparentemente entusiasta anfitrión. Puede que para un liberal este individuo fuera un héroe, para mí es un fanático y un juguete del mal.
Y disculpas por la largura de este comentario.

Yurremendi dijo...

Una elisión accidental que corrijo:

"Sobre la noción de terrorismo: La palabra terrorista por su parte, es una creación francesa, coetánea del sistema de la terreur inventado por las autoridades revolucionarias en 1793. Terroriste era, por lo general un representante del pueblo ante la Convención, en “misión” en algún departamento, era quien aplicaba el método diseñado para establecer el “gobierno revolucionario” allí donde éste fuera contestado, dentro de la misma Francia, y en contra de sus mismos compatriotas.

Anónimo dijo...

Yurremendi: muy interesante su comentario.
De lo que expone, si entendí bien, se deduce que usted es un escéptico, más allá de que conserve quizá cierta fe o al menos inquietud por lo religioso; cosa algo extraña, porque se supone que los que leemos blogs como éste somos católicos más o menos tradicionalistas. Bienvenido de todos modos.
Si ésto es así, su perplejidad es comprensible, pero para nosotros la cuestión del martirio es bastante simple; recuerde que el propio Maestro dijo aquello de que "el que conserve su vida la perderá". Es que, aunque al moderno no le guste recordarlo, esta vida es sólo transitoria y es puente para la otra, que hay que ganar.
Mire lo que dijo San Bernardo para alentar a los cruzados: “Que mayor gloria que no salir del combate, sino cubierto de laureles. Que gloria mayor que ganar, sobre el campo de batalla, una corona inmortal”.

Pero quisiera insistir: es importante distinguir entre los distintos modos de ofrendar la vida. El cristiano ofrendará su vida sólo en caso extremo y sabe que, enfrentado a esa circunstancia, debe preferir morir a matar, dar su vida antes que quitarla a otros. No creo que sea ésta la actitud de los (quizá ahora sí vale el término) suicidas de otras fes o doctrinas, más allá de que pueda haber algún grado de justicia en sus motivos.

Yurremendi dijo...

Anónimo:

Soy escéptico para muchas cosas, ciertamente, en particular para la religión política que se nos pretende embuchar. También conservo algo de fe, no de la que mueve montañas, sino de la otra: poca, insuficiente e imperfecta. De más no presumo, no vaya a ser que me la retiren, por aquello de que al que no tiene aun lo poco que tiene le será quitado.

Y si no me ha entendido del todo bien es defecto mío, porque soy un elíptico incurable. Estamos por lo demás de acuerdo en la diferencia que hay entre mártir y suicida. Pero quise aludir, además, al engaño de considerar admirable todo acto que supone una superación del instinto de supervivencia, por el mero hecho de serlo. Nuestro embajador, q. D. g., escribe: “En cualquier caso ese suicidio planificado y ejecutado por jóvenes que no tenían una enfermedad mental no deja de aparecer como un terrible acto de valor.” Pues, ceteris paribus lo mismo se puede decir de los suicidas mahometanos, a los que no se puede negar el valor. ¿O acaso no hace falta valor para secuestrar un avión de pasajeros, tomar los mandos y estrellarlo contra un rascacielos en el centro de Nueva York? Y la modesta y piadosa muchacha de ojos negros que se ciñe un corpiño de explosivos daría mucho juego melodramático. Seguro que se podría hacer una preciosa película, y si es en árabe, la repanocha.

Anónimo dijo...

Yurremendi:
quizá no sea yo el más capacitado para responderle, pero creo entrever el origen de su inquietud, y haré algún comentario por si aporta puedo aportarle algo.

Dudo que el Embajador alabase una película con mártires árabes, porque los medios que ellos usan (como dije más arriba, eso de volarse y volar a quien "esté allí" en ese momento) no son precisamente dignos de alabarse; pero además ellos no pueden ser mártires, porque esta palabra para el orbe cristiano designa a los que mueren dando testimonio de Cristo ("mártir" significa testigo). Claro que hay un acto de valor, pero no todo acto de valor es admirable, depende del fin que persiga ese acto; y creo ésto el Embajador lo tiene claro. En todo caso los japoneses que se estrellaban entran dentro de lo admirable para un católico por su disposición al sacrificio para con su país y su familia (bienes naturales legítimos) en una guerra que todavía podría considerarse regular.

Una vez, ante ciertos comentarios de admiración hacia el modo en que murió el "Che" Guevara, un amigo comentó que, a lo sumo, se podía admirar su fiereza como se admira la fiereza de un animal, digamos un tigre.

Y sí, es duro reconocerlo pero muchos de nuestros enemigos logran "superar el instinto de supervivencia" a que usted alude, y mueren con una convicción que debiera hacernos reflexionar (¿seríamos realmente nosotros capaces de morir así por Cristo?).
La superación del instinto de supervivencia no creo sea el problema esencial porque, como ve, se ha logrado en medios religiosos, políticos, culturales diversos; la cuestión esencial sería definir cuál es el fin que justifica ese acto extremo.

Yurremendi dijo...

Anónimo:

Gracias por su respuesta, perfectamente capacitada.

Estoy de acuerdo, ya se lo dije, en que los mártires cristianos no son unos suicidas, y menos aún unos asesinos-suicidas. La argucia satánica, insisto, es lo contrario: persuadir al asesino-suicida de que es un mártir.

Dice usted que los kamikazes son dignos de admiración para un católico. Disiento. La patria y la familia son en justicia defendibles, puede uno exponerse a la muerte en combate, puede uno combatir en situaciones desesperadas albergando la certeza moral de que morirá, pero no puede suicidarse para mejor matar unos cuantos enemigos. El suicidio pro patria es de lo más pagano que hay. Y el suicidio por honor, a lo Yukio Mishima, también tan “japonés”, es antiquísimo. Recordemos Numancia.

Si el sacrificio de los kamikazes es admirable, ¿por qué no el de los suicidas mahometanos? Sus víctimas no son siempre indiscriminadas, a menudo su ataque se dirige a objetivos puramente militares, ¿serían estos últimos dignos de admiración?

Que aquella guerra se pudiera considerar regular… En fin. A mi me parece que los bombardeos de ciudades y villas es de lo más irregular e indiscriminado que pueda concebirse. No sé por dónde empezar a buscar la “regularidad” de la guerra contemporánea. Ayúdeme si puede.

Más noble, ya lo dije, aquella guerra irregular de los briganes contra el francés, y sin embargo, al civil que se defendía con las armas y caía prisionero, las “leyes” militares le condenaban a muerte. Y conste que muchos que pasaran por patriotas españoles pudieron ser más que unos héroes, unos sinvergüenzas, o unos crueles asesinos.

Quizá nuestro ilustre Embajador, cuando asome la cabeza de detrás del sofá donde se ha escondido para acabarse el último paquete de Pim’s, nos pueda aclarar el sentido de su lírica alabanza a la película esta de los suicidas.

Anónimo dijo...

Yurremendi:
respecto de la muerte de los kamikaze tal vez no me expliqué bien: no quise decir que para un católico fuese admirable el suicidio de por sí (aunque fuera por la patria o la familia) sino en el contexto de que se trata, una guerra (disculpe que insista pero creo éste es un punto por lo menos opinable) más o menos regular en la que participan estos paganos en los que se advierten ciertas virtudes dignas de admiración en el plano natural. Nadie habla de justificar la inmolación de un católico a lo kamikaze y, ni qué decir, el sepukku por honor a lo Mishima, o por desesperación ( y sin embargo, en el enlace al ensayo que puse arriba en mi primer comentario, Isidro Ruiz Palacios da cuenta de que en la Edad Media existieron "kamikazes" católicos que se hacían sacrificar en las mezquitas; véalo, es interesante... y polémico).

Usted pregunta por qué no serían admirables los "kamikaze" islámicos; pues bien, entonces el quid de la cuestión sería otro: el problema de la legalidad y la legitimidad. ¿Por qué el japonés sería admirable y el árabe no? No quisiera meterme en camisa de once varas, pero arriesgo una respuesta en dos partes: a) ambos son paganos, pero el nipón en el modo de morir, por lo que ya dijimos, estaría un poco más cerca del martirio cristiano que admiramos; y b) creo (y esta teoría, que quiere esbozar un cierto "mea culpa", es más opinable aún, lo reconozco) su weltanschauung, su "visión del mundo" no compite con la nuestra como lo hizo históricamente el Islam, por lo que quizá inconscientemente tendamos a verlos más románticamente.

En todo caso, insisto en que lo esencial en la cuestión sería la dicotomía legalidad-legitimidad; este tema lo trató a mi entender ejemplarmente Carl Schmitt, el gran iusfilósofo católico cuyas obras creo convendría conocer a fondo para comprender mejor estos problemas; no leí todos sus libros, me falta p.e. Teoría del partisano que seguramente sería de utilidad para los temas en debate (y quizá sobre todo el de la regularidad o irregularidad de la guerra moderna).

Y e me ocurre otra cosa: Schmitt explica en El concepto de lo político que el liberalismo logra escamotear tras ciertos conceptos la eterna distinción amigo-enemigo; tal vez la dificultad que tenemos para comprender estos temas tienen que ver con eso, con que nuestra "forma mentis" está inevitablemente inficionada de liberalismo atento el medio en que vivimos, por mucho que intentemos salvar nuestro tradicionalismo.

Yurremendi dijo...

Anónimo:

¿Usted también tuvo un profesor en la Universidad que le habló de Carl Schmitt? Se me ha quedado ya un tanto desdibujado en las neblinas de la memoria, a decir verdad. En algún estante tengo El concepto de lo político, y acaso vaya siendo hora de refrescar lecturas; gracias por recordármelo. Lo que no se olvida nunca, desde luego, es lo que usted apunta sobre la distinción amigo-enemigo.

Es verdad que romanceamos aquello que nos queda más lejos en el tiempo y en el espacio, y es cierto que ya no hay mártires en el Japón, como hoy los hay en países musulmanes, pero los hubo.

Lo de los kamikazes cristianos en las mezquitas, sería más bien una degeneración de lo que es el verdadero martirio, o una comprensión ingenua o supersticiosa. Como aquello de santa Teresa de Jesús y su hermano, cuando de niños tramaban escaparse a tierra de moros a que les cortaran la cabeza. Una cosa es predicar el Evangelio aun a riesgo de que nos corten la cabeza, y otra el predicarlo para que nos la corten.

La dicotomía legalidad-legitimidad es básica y esencial, desde luego, pero ocurre que la verdadera discusión (aparte de las discusiones de juristas y leguleyos sobre la legalidad) es siempre, de una manera o de otra, sobre la legitimidad, o sobre una legitimidad, que apunta a una ley última, o superior. Ya sea la ley de Dios o la ley de la selva. Y el derecho internacional (incluido el de la guerra) es como unas alas de mariposa: algo bonito a la vista, pero que en cuanto se desea tocar, se deshace entre los dedos como cosa de poca sustancia. Para los japoneses era legítimo atacar en Pearl Harbour, y era legítimo lanzar pilotos suicidas, para los yanquis era legítimo arrasar Hiroshima y Nagasaki. Cualquier barbaridad se puede “legitimar” en función de la ley última, como hicieron los alemanes siguiendo aquella especie de darwinismo social que se había puesto de moda en el XIX para justificar, inter alia, el imperio inglés.

Y todo esto no significa que sea escéptico, no. Soy escéptico de las legitimidades de origen, digamos, "humano", que me parecen, ellas, .

Un saludo

Anónimo dijo...

Yurremendi:
dice usted que el derecho internacional es "algo bonito a la vista, pero que en cuanto se desea tocar, se deshace entre los dedos como cosa de poca sustancia." No sé si el politólogo alemán estaría de acuerdo, si no entendí mal sus ideas desde la paz de Utrecht en adelante el orbe europeo logró ciertos avances consistentes en la regulación internacional de los conflictos (más allá de las consecuencias que pudo traer dicho acuerdo para la España católica). En esto creo está incluso de acuerdo el "frankfurtiano" -con perdón- Habermas (aunque para él dicho orden llegó hasta Nuremberg y desde allí comienza otro).

Seguramente el tema principal es el de la legitimidad, pero usted dice: "Soy escéptico de las legitimidades de origen, digamos, "humano"; bueno, quizá con eso está exponiendo el gran problema. Porque para nosotros tradicionalistas, claro, la legitimidad tiene un origen divino, pero el mundo, como sabemos, va en la dirección opuesta. En los regímenes político-jurídicos occidentales tiende a imperar Kelsen, para quien la ley es lo que la voluntad del legislador determina (positivismo jurídico), y el legislador, como sabemos, es designado en base a mayorías electorales, las que pueden variar de una elección a otra. ¿De qué legitimidad divina puede hablarse en este orden de cosas?.

Un pensador argentino, Nimio de Anquín, lo exponía con toda crudeza: el eón cristiano ha llegado a su fin. Es duro reconocerlo, pero tal vez es muy poco lo que podamos hacer concretamente para variar el estado de cosas; bien sabemos que en nuestro medio ya muchos consideran que vivimos tiempos parusíacos. El propio Schmitt escribió bastante sobre el "katejon".

Me acordé de otro libro que puede ser útil: Autoridad espiritual y poder temporal, de Guenon. Allí el francés explica lúcidamente la necesidad de que la potestad espiritual (religiosa) sea rectora de la temporal (política).

Anónimo dijo...

Yurremendi:
ayer envié un comentario pero no se publicó, tal vez el Embajador decidió que es hora de concluir el diálogo. Si es así me allano humildemente a su voluntad; para el caso que no sea así, repito el comentario.

Dijo usted: "el derecho internacional (incluido el de la guerra) es como unas alas de mariposa: algo bonito a la vista, pero que en cuanto se desea tocar, se deshace entre los dedos como cosa de poca sustancia". No creo que el politólogo alemán estuviera de acuerdo, si recuerdo bien él hablaba de los progresos del ius publicum europeum de los últimos siglos; incluso el "frankfurtiano" Habermas lo reconoce, aunque para éste, como es previsible, el orden de que habla Schmitt rigió desde Utrecht y culminó len Nuremberg, cuando empezó uno nuevo.

Y dice también que "soy escéptico de las legitimidades de origen, digamos, "humano": bueno, tal vez éste sea el quid de la cuestión. En occidente hoy impera el relativismo y en lo jurídico concretamente tiene a imponerse el positivismo kelseniano (la ley es lo que sanciona el legislador, que es elegido por las mayorías, las cuales mañana pueden cambiarlo). ¿Qué esperanza nos queda a los tradicionalistas en un medio como éste, qué fundamento divino puede instaurarse?.

Un pensador argentino lo dijo con crudeza: el eón cristiano llegó a su fin. El propio Schmitt insistía con el tema del katejon. Y en las huestes tradicionalistas (usted lo sabrá bien) ya muchos piensan que vivimos en tiempos inconfundiblemente parusíacos.

Pero volviendo a su expresión de que desconfía de las legitimidades "humanas": no olvide que, por ejemplo, los kamikaze morían por su emperador que consideraban de origen divino (y recordemos que la propia palabra kamikaze quiere decir "viento divino"). Es decir: también los paganos se afirmaban en una legitimidad de orden extrahumana.

Y una cosa más: me vino a la memoria un libro que creo de suma utilidad en estas cuestiones. Hablo de Autoridad espiritual y poder temporal, de R. Guenon. Allí el francés deja clara la necesidad de que el poder político se funde un la potestad religiosa y afirma contundemente la primacía de ésta sobre aquél. ¡Qué lejos quedó Occidente de un orden tal!.

Yurremendi dijo...

Anónimo:

Estoy seguro de que el Embajador no tiene ningún inconveniente en que un par de rezagados se queden de tertulia en un rinconcito de la embajada. Además, yo creo que ni se ha enterado.

Es muy posible que se pueda apreciar un progreso del derecho internacional europeo de unos siglos a esta parte, pero dentro de un orden de ideas, un poco a la manera de los paradigmas científicos de que hablaba Kuhn en los años sesenta. Se va consolidando un determinado régimen internacional que reposa en un cierto consenso nebuloso, un discurso legitimador más o menos compartido, o que va imponiéndose a otros discursos alternativos. Pero cuando hace falta, y en función de intereses del momento, este orden se rompe por los mismos que lo han establecido. A fin de cuentas, pertenece a la esfera de lo político, el reino por excelencia de la praxis, más que de los principios. Como usted recuerda, hoy impera el relativismo en el mundo de los valores, y en el discurso, la sofística.

Hace usted alguna referencia a sentimientos o apreciaciones de tipo apocalíptico (fin del eón cristiano, parusía…). Cierto que vivimos en una era de decadencia, pero ¿es algo nuevo? Cristo anunció el fin de los tiempos, y su época históricamente hablando era como la nuestra, de profunda decadencia espiritual. La literatura apocalíptica pre y post cristiana (incluido el Apocalipsis de san Juan, claro está) nos habla de la dies expiationis (yom kippur, en hebreo), es decir, de la restauración final de la Creación. Luego, yo creo que vivimos tiempos inconfundiblemente apocalípticos, pero desde hace más de dos mil años. El tiempo de la parusía no creo sea vaticinable, por aquello de que nadie sabe el día ni la hora.

(Sigue)

Yurremendi dijo...

(Continuación)

Hablé de las legitimidades “humanas”, y lo entrecomillé porque me parece que a través del hombre se manifiesta en ocasiones otro espíritu que no es el de Dios. Si kamikaze significa en japonés lo mismo que en hebreo ruaj ha-kodesh, acaso sea legítimo ver ahí una imitación o parodia satánica de la divinidad. Por otra parte, una cosa es que los japoneses consideraran de origen divino a su emperador, y otra cosa es que éste lo fuera en realidad. También el césar, el emperador romano, recibía culto religioso en tiempos del Cristo, y se dijo a los judíos: dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, que lejos de constituir el fundamento evangélico de la separación de la Iglesia y del Estado, como el liberalismo ha pretendido desde hace un par de siglos (o incluso algo más), es antes que nada la prohibición del culto al emperador, es decir al hombre. Y hoy que no hay emperadores (bueno, queda el del Japón), el culto se rinde al Hombre, o a la masa humana, o al presidente, o a Lionel Messi.

He de admitir que me sorprendió la mención de René Guénon. Conozco el libro en cuestión, y una quincena más de los que escribió este autor. Creo que su lectura puede ayudar a adoptar una determinada perspectiva, beneficiosa en lo que tiene de alternativa al pensamiento humanista, o moderno a la manera occidental. Pero por otra parte, la lectura de Guénon pide bastante discernimiento para aprovechar lo bueno y hacer caso omiso de las insuficiencias y errores que también contiene, sobre todo para un lector cristiano. Digamos que Guénon, queriendo asimilarse todas las “tradiciones” metafísicas y espirituales, hizo su propia versión del relativismo occidental, pero à rebours: si todas las “tradiciones” son verdaderas, ninguna lo es. Si bien podría concebirse una superación de todas las formas culturales, intelectuales, religiosas, etc… en el seno impenetrable de la Divinidad, la tarea es humanamente hablando imposible de realizar. Como mucho puede llegarse a un confuso esoterismo sincretista, pero más en el nivel del discurso que de la realización espiritual. A un lector cristiano de Guénon, yo le recomendaría por lo menos leer el libro de Jean Borella Esoterismo guénoniano y misterio cristiano. Hay que decir que Borella comenzó siendo bastante guénoniano y con los años se le fue enfriando el entusiasmo. Por otro lado, Guénon no llegó a conocer bien la tradición cristiana, aunque en eso no se diferencia del 99,99% de los cristianos, todo sea dicho.

“¿Qué esperanza -pregunta usted- nos queda a los tradicionalistas en un medio como éste, qué fundamento divino puede instaurarse?”. Es pregunta para hacérsela uno varias veces al día.
Saludos.

Embajador en el Infierno dijo...

Por favor seguid, seguid. Me he enterado pero no quiero intervenir. Si algún comentario no se publicó fue porque se debió mandar mal o algo así. Raramente modero comentarios.

Anónimo dijo...

Estimados Yurremendi y Anonimo: Como bien dice nuestro anfitrion "seguid, seguid". Yo encuentro vuestro dialogo muy interesante. Mencionais a Rene Guenon, yo no he leido ningun libro suyo. Si he dedicado tiempo y leido con mucha atencion a sus discipulos Frithjof Schuon y Martin Lings. El segundo escribio un libro muy a tenor de lo que veniais hablando. La obra se llama The Eleventh Hour (the spiritual crisis of the modern world in the light of tradition and prophecy). Trata del fin de los tiempos a la luz de la parabola de los trabajadores de la vinya.Sumamente interesante.Es curioso que ambos dos acabaron convirtiendose al Islam pero siguieron creyendo en el dogma de la transubstanciacion. Se puede decir que eran bastante sincretistas y eclecticos, al igual que su maestro. Hace tiempo que no leo nada de ellos ya que el Espiritu me esta llevando por otros derroteros y me estoy cinyendo a autores catolicos. Me encantaria leer a Borella, algun dia. Pues eso. Un saludo.
Embajador: Otro saludo a usted. De uno que entra en su blog con frecuencia. Ya que esta entrada habla de Japon, voy a contar que escribo esto mientras tomo una cerveza fria despues de un agotador entrenamiento de judo. No hay nada mejor que hacer un viernes por la noche.
Ramonzon Donel

Anónimo dijo...

Anómino:
dice usted que se va imponiendo un determinado régimen internacional que reposa en un cierto consenso nebuloso (...) Pero cuando hace falta (...) ese orden se rompe por los mismos que lo han establecido". Bueno, digamos que su postura es la "menos pesimista"; yo cité más arriba a Habermas (aunque citar a enemigos ya demasiado publicitados mediáticamente me da escozor) porque me parece que es algo así como el arquitecto iusfilosófico del nuevo orden mundial, en el que, más allá de la praxis inherente a lo político, las voces disidentes lo tendrán bien difícil. Si puede, vea dos escritos del "filósofo (creo fueron conferencias) que producen inquietud: "El derecho internacional en la transición hacia un escenario posnacional" y "Europa: en defensa de una política exterior común". Si recuerdo bien, en éste último texto particularmente (en que colabora Derrida) habla de la confluencia de fines con los EE.UU. para imponer tal orden (aclaran que difieren en los medios: los europeos más legalistas, los norteamericanos más... digamos "expeditivos"). Ello me recuerda a la sinarquía de la que hablaba el Gral. Perón en mi país, fíjese en esta frase de una entrevista:"Es decir que nosotros, frente al poder imperialista y frente a la gran Sinarquía internacional, manejada desde las Naciones Unidas, donde están el comunismo, el capitalismo, el judaísmo, la Iglesia Católica ‑ que también cuando la pagan entra ‑ la masonería; todas esas fuerzas que tienen después miles de colaterales en todo el mundo son las que empiezan a actuar..." (Diálogo Perón ‑ Cornicelli, Revista Las Bases, n° 17, 18 de julio de 1972, pág. 34‑47).

Y el Dr. Disandro (intelectual de la ortodoxia peronista) escribió: "Sinarquía significa según su contexto etimológico: la convergencia radical de principios de poder que obran en el mundo desde los orígenes de la humanidad. Esta convergencia de los principios de poder contrapuestos es la que nos indica que estamos en un nuevo momento de los procesos del Gobierno mundial, porque esto no ha ocurrido en el nivel de las logias iluministas de los siglos XVII y XVIII, ni en las revoluciones del siglo XIX; ocurre en cambio a nivel del siglo XX, después del proceso de liquidación que significan las guerras mundiales." (Cf. Carlos A. Disandro, La conspiración sinárquica y el estado argentino, pág. 55).

Muchos se sonríen cuando se habla de esa confluencia de poderes contrapuestos, yo mismo lo hice alguna vez; hoy al menos trato de examinar estas cosas con más cuidado. No digo que los mencionados tengan razón en todo, pero creo sus tesis merecen un estudio cuidadoso.

Respecto de las apreciaciones de tipo apocalíptico, seguro no podemos saber el día ni la hora exactos, pero tal vez podamos ir reconociendo signos, señales; una frase un tanto elemental que oí una vez se me hace depositaria de una gran verdad: "los paganos rechazaron (en un principio) a Cristo por no conocerlo; los modernos lo rechazan porque lo conocen".
Por otra parte, creo que nosotros (tradicionalistas argentinos) somos especialmente afectos a los "temas apocalípticos" por la influencia de Leonardo Castellani, sacerdote y maestro, que tengo entendido en España hoy está difundiendo J. M de Prada. Castellani decía que el mejor de sus (muchos e imprescindibles) libros era "El Apokalipsis de San Juan".
(sigue)

Anónimo dijo...

En cuanto a Guenon, es claro que es un heterodoxo, un gnóstico moderno; pero cité ese libro porque me pareció útil para el tema en cuestión (por cierto, trataré de conseguir el libro de Borella que aconseja).

Y ya que usted menciona emperadores y además mencionamos el gnosticismo moderno, otro de estos heterodoxos, el italiano Évola, quiso en su momento (con escasa suerte) volver al tapete al tema de guelfos y gibelinos. ¿Qué piensa usted? Porque el gibelino Évola creía que el actual ciclo de decadencia de Occidente se origina en la derrota del Sacro emperador Federico en la batalla de Legnano, en que la burguesía confluyò con la Iglesia contra el poder imperial. Para el gibelino, si comprendí bien, el Imperio tenía una cierta función pontifical; al desacralizarse inevitablemente los estamentos sociales (burguesía primero, proletariado despueś) tenderán a obtener el poder estatal.
Son tesis riesgosas sin duda, pero recordemos que el propio Dante fue gibelino. En el medio tradicionalista los que leemos alguna cosa de estos autores solemos recibir alguna reconvención (generalmente de algún sacerdote), pero en todo caso se trata de tomar con cuidado sólo lo que pueda sernos útil.

Por cierto, agradezco sus enjundiosas explicaciones (y sus citas en hebreo, que francamente desconocía).

Embajador y Ramonzon: gracias por el "voto de confianza".

Yurremendi dijo...

Bueno, yo creía que éramos dos, y resulta que no, que éramos cuatro. Hasta nuestro egregio anfitrión ha tenido a bien manifestarse.

Ramonzón:

Forzoso es seguir hablando de libros. De Schuon he leído poco, no creo que pasen de tres títulos y, sin quitarle profundidad, que sin duda tiene, la verdad es que me dejó un tanto frío. Sobre Lings me informé, antes de tirarme a leerlo, y no me convenció lo suficiente como para hacerlo. Acaso ya me he aburrido un tanto de estos autores de la escuela tradicionalista o perennialista, que creo valen lo que vale su individualidad más o menos brillante, pero que se me iban repitiendo un tanto. También me iba cansando de conversos al islam, al sufismo. por lo que dice usted, puede que me haya perdido algo al no leer a Lins.

Lo que menos claro me parece, por ejemplo en Schuon y su teoría de la unidad trascendental de las religiones, es que precisamente, para poder hablar así de “las religiones” debería uno “superar” el nivel religioso y colocarse en un nivel meta-religioso. Pero no veo cómo podría uno conocer bien una “religión” desde fuera. Se conoce desde dentro, o no se conoce. Y al igual que Guénon, la pretensión de Schuon de situarse en un plano metafísico superior al de las “religiones” (a pesar de profesar supuestamente una religión) no deja de parecerme una postura libresca y, a la postre, superficial. En el caso de Guénon, parece claro que su homogéneo estilo de gurú omnisciente llega a mesmerizar a algunos lectores. Pero sólo es un estilo de escritura, bastante francés diría yo. Lo cierto es que, a fuer de humano, sus conocimientos eran, lógicamente, limitados. Respecto al budismo, aceptó las correcciones que le hizo un admirador suyo Ananda Coomaraswamy, que tiene por su parte algunos títulos interesantes. Sobre el cristianismo, no dijo nada que mereciera la pena, creo yo. Rama Coowaraswamy, hijo del anterior, se convirtió al catolicismo, y después de la crisis del Concilio Vaticano II se pasó al tradicionalismo sedevacantista (terminó siendo ordenado sacerdote, ya en su vejez). Tiene varios libros dignos de atención sobre los “problemas con la nueva misa”, la “destrucción de la tradición católica” y la invocación del nombre de Jesús en el occidente cristiano. Otro individuo de la escuela, Titus Burckhardt , tiene páginas dignas sobre el arte sacro tradicional. De Nasr (este musulmán de cuna) empecé un libro y no lo pude acabar.

(Sigue)

Yurremendi dijo...

(Continuación)
De los católicos más o menos pasados por los aledaños de los Guénon y los Schuon, el más importante creo que es Jean Borella, quien finalmente se alejó bastante de sus antiguos maestros, y es un autor católico perfectamente ortodoxo. Tiene publicada ya una buena colección de libros, todos de muy alto nivel, algunos bastante densos y un tanto difíciles, muy filosóficos. Si uno no tiene el gusto de la filosofía, es mejor tirar por otros derroteros. El libro sobre Guénon que mencioné es muy específico, de modo que sólo interesará a quien ya se haya planteado algunas cuestiones sobre este escritor, sobre todo desde la fe católica; pero es bastante tupido y no garantizo una lectura facilona. Un amigo de Borella, Jean Hani, también católico, tiene cosas buenas sobre el simbolismo de la liturgia, del templo cristiano, de los oficios, etc. Por fin, otro católico, el norteamericano Wolfgang Smith ha escrito excelentes libros de contenido científico, o de filosofía de la ciencia: cosmología antigua y moderna, evolucionismo, cuántica, etc. Planteamientos muy inusuales, sugerentes y luminosos. Útil como ayuda para arrancarle algunos pelos al cientificismo que monopoliza la Weltanschauung (término que prodiga bastante) de nuestro tiempo.

En fin, lamento haberme extendido tanto sobre referencias bibliográficas, tema en definitiva un tanto árido. No quiero en ningún caso que se tome esto como sugerencias de lectura, nada de eso. Como usted, hace ya algún tiempo que sigo otras orientaciones, en el sentido –por lo menos eso es lo que pretendo- de una profundización de la fe cristiana, un adentrarme en la doctrina auténticamente tradicional de la iglesia cristiana (en lugar de pretender superarla desde supuestos libresco-metafísicos). Y créame, el viaje merece la pena, y le conduce a uno a territorios yo diría que insospechados.

Un saludo .

Yurremendi dijo...

Anónimo:

Gracias por las citas y las sugerencias de lectura, muy interesantes. Tiene usted razón en que a menudo nos sonreímos cuando leemos o escuchamos la enésima teoría conspiratista. Claro que las hay de diversas calidades. Me quedo con la cita de ese Dr. Disandro, que habla de “principios de poder que obran en el mundo desde los orígenes de la humanidad”. Me parece que la tradición cristiana es una magna conspiracy theory, con la diferencia significativa de que es la verdadera. ¿Acaso no conocemos el origen del estado calamitoso de la humanidad? La mentira verosímil del satán/serpiente: “Seréis como dioses”. Verosímil porque, efectivamente, el hombre creado a imagen y semejanza de Dios (ahí es nada, y luego hablan del “pesimismo antropológico” del cristianismo …) estaba (y está) destinado a ser como Dios, a divinizarse (la theosis del vocabulario teológico griego). En algún lugar, santo Tomás menciona que, en ocasiones, el diablo dice la verdad para mejor engañar. El engaño no estaba en el qué, sino en el cómo: la desobediencia, el alejamiento de Dios. El paradisiaco Árbol de la Vida, el eje de sentido único ascendente, transformado en el Árbol del Conocimiento del bien y del mal, un eje de dos sentidos, dos posibilidades, ascendente y descendente.

Dice usted que los tradicionalistas argentinos son especialmente afectos a los temas apocalípticos. Pues es algo excelente. Yo creo que el cristianismo es esencialmente místico, mistérico y apocalíptico (gracias sean siempre dadas al idioma griego), aunque acaso lo que comúnmente se entiende por “apocalíptico” no sea más que un aspecto, y no el más importante, de la apocalíptica. Doctrina revelada, eso quiere decir apocalipsis, ¿y revelada cómo?, pues a través de la intimidad de comunicación con el Creador de los místicos (léase profetas, empezando por Abraham) y transmitida y renovada en los misterios del culto, primero en el tabernáculo del desierto, luego en el templo hierosolimitano, y por último recuperado en el templo cristiano, la iglesia (por cierto, que toda la liturgia tradicional está en el Apocalipsis de san Juan).

Si desde el origen de la humanidad obra ese anti-poder, si desde el origen (desde el protoevangelio, en el primer libro de las Sagradas Escrituras) hay el anuncio de la venida del Mesías, de ese combate que no cejará hasta la consumación de los tiempos con la gozosa victoria del Dios-Hombre y la restauración de la Creación (así en la Revelación, último libro de las Sagradas Escrituras) entonces es claro que todos los tiempos son mesiánicos y apocalípticos. Reconocer signos y señales, como usted bien dice, es una de nuestras tareas, como fue tarea de los profetas: reconocerlos y denunciarlos. Esto no es exclusivo de nuestro tiempo, pensemos, por ejemplo, en el profeta Elías huido en la cueva del monte Horeb, solo frente a la apostasía general de Israel. Y más que los paganos, fueron más bien los hebreos (una parte de ellos) los que rechazaron al Cristo, ellos que poseían la tradición mesiánica.

(Sigue)

Yurremendi dijo...

(Continúa)

El libro de Castellani que menciona estuve muy a punto de adquirirlo, pero finalmente pensé que no iba a aportarme demasiadas cosas nuevas. Quizá me equivoque, pero me recordaba demasiado a los sacerdotes españoles de la vieja escuela (o sea, los preconciliares) del contubernio judeo-masónico. Simpático, pero uno no puede quedarse ahí.

En mi comentario de respuesta a Ramonzón ya he dicho que el libro de Borella es de un interés muy específico. No quiero que se gaste un buen puñado de pesos en un librote (no es fino, que se diga) que acaso el mejor servicio que pueda prestarle es el de resolverle los problemas de insomnio. Además, no sé si habrá una edición en español. Y de Guénon, repito que considero que no conoció la tradición cristiana, y probablemente ni siquiera hizo el esfuerzo de conocerla. Además, los descubrimientos de Qmrán (que no llegaría apenas a conocer) nos han ayudado bastante a mejor situar, teológicamente hablando, los orígenes del cristianismo. Pero desde luego no niego que haya cosas destacables en los libros (quizá no en todos) de Guénon. Además del que usted mencionó, creo que La crisis del mundo moderno puede ser útil para algún católico despistado.

Sobre Évola no le puedo decir mucho: es otro de los autores que decidí no leer. Y no haga caso de reconvenciones sacerdotales, que ellos a menudo merecen más que nosotros, el vulgo católico seglar. Si le dicen algo de Guénon o Évola, responda que más peligroso es leer alguno de los documentos del CVII. Por lo menos eso es lo que yo creo. Pero bueno, volviendo al tema de la historia de Europa: me parece a mí que tras la descomposición del Imperio Romano, tras la invasión de Roma por las hordas germánicas que aun hoy nos dominan, se observa una tendencia general del Occidente (no me atrevería a dar fechas o sucesos puntuales) que se ha impuesto históricamente y que ha sido ocasión de decadencia espiritual. El Imperio Romano oriental, es decir, Bizancio, no conoció las mismas convulsiones que el Occidente, hubo una mayor continuidad cultural y permaneció siempre en contacto con el mediterráneo nutricio, con la vieja cristiandad de Egipto y de los países orientales. Y quien dice continuidad cultural, dice continuidad teológica y mística. El Occidente, a través del establecimiento de un poder imperial franco (Carlomagno) rival de Bizancio, volvió la espalda a la fina y matizada teología griega y desarrolló una teología latina más rígida y un poco más grosera, por ejemplo en el dogma trinitario (y que tendría consecuencias catastróficas para la Cristiandad cuando el obispo de Roma adopte unilateralmente la fórmula del Filioque interpolada en el Credo hasta entonces compartido por todas las Iglesias). Basten estos brochazos groserísimos para sentar mi opinión de que los males se incubaban desde antes del tiempo de güelfos y gibelinos. Pero lo cierto es que no conozco la teoría de Évola.

Uno puede interpretar la historia de maneras diversas. Otra manera es estudiar la historia de la tecnología, que en nuestros días constituye ya una metástasis maligna. Piense solamente en lo que ha podido suponer la extensión del uso de los relojes (pues los relojes, entendidos un poco como juguetes, estaban inventados desde mucho antes). Desde la introducción de relojes públicos en las ciudades comerciantes italianas, útil necesario para el control del vencimiento de los contratos, hasta el día de hoy en que estamos todos sujetos (literalmente) al reloj, divorciados brutalmente del tiempo natural, del día solar y la noche lunar, de los diferentes ritmos vitales, las diferentes labores, del invierno y del verano. Nuestro tiempo está hoy dividido matemáticamente, en abstracto. Todo lo que nos cosifica, es para mí una señal apocalíptica.

En fin, acabo porque me estoy enrollando en demasía. Una vez nuestro insigne Embajador ha insertado nueva entrada en su blog, esta conversación está destinada a perecer de inanición en las oscuras mazmorras de las entradas viejas. Es ley de vida.

Un saludo cordial.

Anónimo dijo...

Yurremendi:
lo que dice sobre las diferencias teológicas entre Oriente y Occidente es digno de profundizarse.

Sí, supongo que el diálogo está llegando a su fin; pero quisiera me indicara algún libro o autor que trate ese tema, el del "rezago" de la teología occidental respecto de la bizantina (de esto se trata si entendí bien).

En todo caso, si no le molesta, podría enviar mi dirección de correo al Embajador para que él se la pase a usted; y si prefiere concluir el diálogo aquí, no hay problema, le agradezco de todos modos su atención... y su erudición.

¿No tiene usted un blog propio?. Creo que talento y temas para hacerlo no le faltan.

Cordiales saludos.

Anónimo dijo...

Estimado Yurremendi:
Quien lo iba a decir? Ya veo que la tertulia en casa del Embajador continua. Se aprecia que el fin va llegando pero sus palabras las encuentro cada vez mas interesantes y provechosas. Estoy muy de acuerdo con Anonimo en cuanto a su erudicion. Gracias por su generosa respuesta a mi entrada. Como le decia, ya no leo a los autores "perennialistas", prefiero concentrar mis esfuerzos en autores que se adhieren a un catolicismo ortodoxo. No le dijo el Maestro a Marta que se preocupaba en mil cosas y solo una es necesaria? Lings y Schuon me ayudaron en su momento, pero creo que si es verdad que la unidad transcendental de las religiones implica en esencia un relativismo y pluralismo religioso a la inversa.Schuon decia que las religiones son upayas (termino sanscrito utilizado en el budismo mahayana)o medios, incluso estratagemas, que Dios utiliza para llegar a nosotros. A mi parecer, eso implica que entre Dios y la religion no hay cercania, que la religion esta relativizada (algo que pasa mucho ahora) es solo un medio. Aunque Schuon desaconsejaba cambiarse de religion, todo hay que decirlo.Por eso, lo importante no son la religion sino las religiones, y si son todas iguales son todas verdaderas o todas falsas. Ese Dios me parece bastante distante y abstracto. En realidad lo que los discipulos de Guenon preconizan, me parece una suerte de deismo. En esas creencias percibo ahora un misticismo nebuloso e indefinido, totalmente desencarnado. Prefiero el Dios logos. Quieron encontrar al Dios Amor, y razon,que monto su tienda entre nosotros. Ese Dios concreto y mundano. Dios afincado en la materia. Pues si. Yo esperaba ser solo un convidado de piedra por estos lares.
Gracias por incluirme en la conversacion aunque no tenga la talla intelectual que es aparente en ustedes. Espero que sigamos encontrandonos por aqui. Buen sitio esta esquinita del Embajador.
R. Donel

Embajador en el Infierno dijo...

Si me lo permitís: yo alucino con lo que puede dar de si cuatro paridas que he puesto sobre una película que vi casi por casualidad. Gracias chicos.

Yurremendi dijo...

Anónimo:

Bueno, yo creo que nuestro diálogo no ha sido más que una plática amistosa en la que apenas hemos rozado con la yema de los dedos esos “temas” a que usted alude, en verdad mucho más profundos.

Sobre la cuestión de la teología bizantina y la teología latina, no creo que sea una cuestión de “rezago” de ésta con relación a aquélla. La bizantina es la teología católica o universal de la Iglesia durante los primeros siglos, y la que ha definido todo el vocabulario (en griego) y ha formulado y definido todos los dogmas en los siete primeros concilios ecuménicos (cuyos documentos autorizados están escritos también en griego, y solo después traducidos al latín). Es, por tanto, una teología tan nuestra como de los bizantinos. La teología latina posterior, digo esto sin ánimo de polemizar, muestra en mi opinión, con el escolasticismo, una tendencia excesiva al formalismo y al racionalismo. Creo que es interesante conocer lo que dicen los orientales sobre las causas del cisma y de las diferencias teológicas entre el Oriente y el Occidente, y para eso nada mejor que leerlos. Claro que hay que estar preparado a encajar críticas, a menudo acerbas (sobre el Filioque, el papado, las Cruzadas, los dogmas de la Inmaculada Concepción o de la infalibilidad pontificia). A mi, si he de ser sincero, se me cambiaron algunas ideas, o más bien prejuicios, que tenía anteriormente.

Hay mucho material en la Red para quien quiera empezar a echar un vistazo. Para el que quiera hincarle el diente a alguna monografía, hay buenas introducciones a la teología bizantina, como las obras de Jean Meyendorff, que contienen también capítulos más históricos sobre la cuestión del “cisma”, para la teología mística, Vladimir Lossky… En fin, una plétora de autores ortodoxos muy competentes. Visitando alguna web ortodoxa seria, seguramente encontrará más bibliografía introductoria.

Para ponerse en contacto conmigo, usted o cualquier otro lector de este blog, ya sea para mandar un saludo, un comentario, una recomendación, o tratar de alguno de estos temas que nos interesan, puede hacerlo a mi cuenta de gmail punto com, con mi nombre tal cual.

Ramonzón:

Es como usted dice. Y además me parece que el enfoque de Schuon et al. es un pelín enciclopédico, tomando a las “religiones” (definidas como lo podríamos encontrar en una Enciclopedia de las religiones) como categorías poco menos que inmutables: aquí judaísmo, aquí islam, aquí cristianismo, aquí taoísmo…etc, cuando hay que tener en cuenta también la relación histórica y dinámica entre una “religión” y otra. Así, el judaísmo, como hoy lo conocemos, talmúdico y rabínico, es una negación del culto hebraico ancestral, que por el contrario pervive en el cristianismo. O lo que es lo mismo, el cristianismo es una revelación, una tradición de origen divino, mientras que el judaísmo es fundamentalmente una tradición humana. Y el islam, por supuesto, es también otra cosa. Por cierto, que a mi no me gusta referirme a cristianismo como una “religión”, eso lo dejo para los relativistas o los pluralistas.

Embajador:

Es que tus paridas con son como las de los demás, tú cuando pares, pares.

Anónimo dijo...

Yurrumendi:
Ahi esta, estamos diciendo lo mismo. Schuon veia a las religiones como entidades separadas porque, para el, ellas eran diferentes estratagemas que Dios ha venido usando para revelarse a nosotros en diferentes contextos, tanto en el tiempo como en el espacio. Es curioso que un admirador de este autor, Huston Smith, sea declarado cristiano y luego rece las cinco oraciones diarias prescriptivas en el Islam. Eso si que es eclecticismo. Por otro lado esta Raimon Panikkar, cristiano, budista e hinduista. Eso ya no se lo que es. Algo parecido a lo que venimos comentando, me imagino. Algo habra de teologia negativa por ahi. Me parece que a raiz de esta conversacion voy a releer The Eleventh Hour de Lings. Ya conte que trata del fin de los tiempos, pero es interesante como incluye informacion de las tres religiones monoteistas, el hinduismo, la antiguedad grecorromana y el budismo. Tambien habla de las apariciones de Fatima y Garabandal, y profecias de papas del siglo XII. Estan las cosas un poco feas por estos mundos de Dios, francamente deprimentes. Hace falta un poco de Fe, sobre todo para los que tenemos vastagos pequenyos. Hay que "tirar p'alante" de la mejor manera posible,como decimos en mi pueblo.
Con el permiso del senyor Embajador, le ruego que nos comente el porque no cree que el cristianismo sea una "religion". Dada su erudiccion y profundidad intelectual, espero que no tenga nada que ver con la simpleza, por no llamarla otra cosa, de muchos protestantes de hoy en dia (sobre todo anglosajones) que dicen que el cristianismo no es una religion sino una relacion individual y personal con el salvador Jesucristo.Seguro que nos va a dar otro tipo de respuesta. Me tiene sumamente intrigado.
Lo voy a dejar aqui que no esta mal para uno que iba a ser un convidado de piedra.
Un abrazo
Ramonzon Donel

Embajador en el Infierno dijo...

Yurremendi- Off topic: acabo de echar un vistazo a entradas anteriores y la de "Escocia y el carlismo" pedías una entrada sobre la conversión de Alec Guiness. Esa la escribí hace mucho tiempo. La tienes aquí y aquí.