sábado, febrero 4

Éxito y fracaso: Beppo el barrendero

Hace años y por circunstancias que no viene al caso un amigo, que ya tenía un par de libros publicados, me sugirió que escribiera uno sobre el éxito y el fracaso. Nunca me puse a ello pero si que he ido recolectando algo de material sobre el asunto y pensado mucho sobre el particular.

La cosa es que por más vueltas que le de, siempre vuelvo al mismo punto. A los 12 o 13 años leí "Momo" de Michael Ende. Me enteré de poco, la verdad. Y lo único que verdaderamente se me quedó grabado fue la historia de Beppo, el barrendero. Años más tarde mi padre me dijo algo, que queda en la intimidad de las conversaciones entre padre e hijo, confirmando, afianzando y concretando la historia de Beppo. Ahí va:

"Momo tenía un amigo, Beppo Barrendero, que vivía en una casita que él mismo se había construido con ladrillos, latas de desecho, y cartones.
Cuando a Beppo Barrendero le preguntaban algo se limitaba a sonreír amablemente, y no contestaba. Simplemente pensaba. Y, cuando creía que una respuesta era innecesaria, se callaba. Pero, cuando la creía necesaria, la pensaba mucho. A veces tardaba dos horas en contestar, pero otras tardaba todo un día. Mientras tanto, la otra persona había olvidado su propia pregunta, por lo que la respuesta de Beppo le sorprendía casi siempre.
Cuando Beppo barría las calles, lo hacía despaciosamente, pero con constancia. Mientras iba barriendo, con la calle sucia ante sí y limpia detrás de sí, se le iban ocurriendo multitud de pensamientos, que luego le explicaba a su amiga Momo: "Ves, Momo, a veces tienes ante ti una calle que te parece terriblemente larga que nunca podrás terminar de barrer. Entonces te empiezas a dar prisa, cada vez más prisa. Cada vez que levantas la vista, ves que la calle sigue igual de larga. Y te esfuerzas más aún, empiezas a tener miedo, al final te has quedado sin aliento. Y la calle sigue estando por delante. Así no se debe hacer. Nunca se ha de pensar en toda la calle de una vez, ¿entiendes? Hay que pensar en el paso siguiente, en la inspiración siguiente, en la siguiente barrida. Entonces es divertido: eso es importante, porque entonces se hace bien la tarea. Y así ha de ser. De repente se da uno cuenta de que, paso a paso, se ha barrido toda la calle. Uno no se da cuenta de cómo ha sido, y no se queda sin aliento. Eso es importante."

8 comentarios:

Capuchino de Silos dijo...

Muchas gracias.

bitdrain dijo...

Gracias Sr. Embajador por volver al redil con un poco de filosofia vital.

Embajador en el Infierno dijo...

Capuchino y Bitdrain- Gracias a vosotros dos por seguir al pie del cañón.

Anónimo dijo...

Me ha recordado cuando me quejaba a mi suegra de lo mucho que estaba entregado mi marido a su trabajo y ella me decía: - Aunque fuera barrendero, intentaría descubrir cual es la mejor forma de recoger las hojas del suelo, lo que me animaba a pensar que si fuera barrendero, seria el mejor del mundo!

A vueltas dijo...

Muchas gracias Sr. Embajador, a veces hace falta que nos recuerden estas cosas... como siempre decía mi madre: la constancia es la madre de la felicidad.

Embajador en el Infierno dijo...

A vueltas- De nada, hombre. Yo más que la constancia creo que es la paciencia. Sin ánimo de desdecir a su señora madre.

bitdrain dijo...

La paciencia es una virtud, muchas veces renyida con la pasion y vitalidad de la juventud. Siempre hay algo nuevo que aprender.

Jorge P. dijo...

Perdóname la heterodoxia, pero ya lo decía Machado (A.) "despacito y buena letra, que el hacer las cosas bien importa más que el hacerlas".