sábado, febrero 18

Cine bueno: Kamikaze

No se si tanto como lo británico, pero lo japonés me tira mucho, mucho. Es cosa de familia. De hecho estoy convencido que tenemos sangre japonesa, pero esa historia para otro día que es muy larga. Termino la introducción tirándome un poco el pisto que para eso soy de Madriz, pero para que se vea lo que digo: de entre los logros que en mi vida han sido la tesina de licenciatura (en inglés) premiada con la máxima nota y que versaba sobre asuntos del Japón, es de los que más satisfacción me produce.

La película "Kamikaze: Moriremos por lo que amamos" es una joya. Cuenta la historia de una unidad de pilotos kamikazes durante la II Guerra Mundial.

Es una joya, primero de todo por la crudeza tan delicada con la que expone el asunto. Un cristiano no sale de la película pensando "¡Qué tíos!", no es posible, no puede. No encuentro acomodo moral en el suicidio planificado por la Patria (ni siquiera como sugiere el título "por los que amamos"). Pero igual es que soy un poco rígido, no se.

En cualquier caso ese suicidio planificado y ejecutado por jóvenes que no tenían una enfermedad mental no deja de aparecer como un terrible acto de valor.

Pero no es eso, creo yo, el fondo de la película. El fondo es la simple experiencia humana. O, mejor dicho, las experiencias humanas. Por la película desfilan todos los caracteres, desde el más decidido, al simple cobarde, o el prudente con razón y por supuesto los del montón que van a la muerte como el que va a comprar el pan al DIA.

Me quedo con el personaje de la dueña del restaurante, la madre adoptiva de todos esos jóvenes que se desvive por ellos haciendo sus momentos finales lo más pasable posibles.

Y todo es tremendamente japonés, principalmente la agresiva represión del sentimiento que se desparrama huracanado cuando la presa de la razón no puede ya contener el empuje del corazón.

En fin, a ver si me agencio la versión en japonés que ya debe ser la repanocha.

sábado, febrero 11

Benigno 4- Arsuaga 0: ¿Advertencia o amortización?

He dudado mucho sobre el título de esta entrada. Muy contrario a mis expectativas (aquí) el Sr. Rajoy no ha tenido a bien (de momento) montar ningún Ministerio de la Familia o similar. De modo que no hay premio, de momento, insisto. Al final, he decidido continuar la serie que empezó aquí siguió con esto y continuó con la tercera entrega.

Hace unas semanas Ignacio Arsuaga escribía una carta a socios y
simpatizantes de HO en la que comentaba (hablo de memoria porque no tengo el texto original, si algún lector me lo hace llegar se lo agradeceré) que algunas personas (entiendo que simpatizantes) se habían puesto en contacto con él post-20N para más o menos decirle que muy bien lo hecho pero que ya que el PP estaba en el poder no era necesario seguir empujando asuntos como la derogación de la ley del aborto y demás. Supongo que pensarían que la manzana madura caería por su propio peso (ilusos). Continuaba Arsuaga diciendo que muy al contrario, la movilización debería continuar hasta conseguir los objetivos propuestos.

Al poco tiempo de esta carta y posteriores acciones contra, particularmente, la nueva alcaldesa de Madrid, le lanzaban a Arsuaga una andanada de cuidado desde un medio digital, que por sabido y conocido no voy a enlazar. El zambombazo en cuestion repetia acusaciones e historietas varias con pretension de exclusiva y escandalosa novedad. Las cuales, para cualquiera que haya estado medianamente en la pomada durante los últimos años, son asuntos y detalles ya archisabidos.

La verdadera novedad es que la diatriba no viene, como en la última ocasión, de medios de la izquierda. Lo interesante es que los medios y las personas que abiertamente prestan sus energías para la lapidación (por lo civil) son bien conocidos por su devoción hacia cierto embutido italiano.

Ya lo dije en el anterior comentario: la consigna era el perfil bajo. Y Arsuaga como si oyera llover. La carta y actuaciones mencionadas más arriba lo demuestran.

Pues en justa compensación: palo y tentetieso. Advertencia bien clarita para quien se ha mostrado sordo a las insinuaciones. Esto se ha acabado, has cumplido tu mision y ahora toca descansar apaciblemente y dejar de dar por saco que bastante tenemos con atender los amables requerimientos de la señora Merkel.

No tengo decidido si esto ha sido el tercer aviso o ya directamente la amortización definitiva y agradecimiento de los servicios prestados. En cualquier caso y para escandalo del graderio, tengo que confesar una vez más la simpatia en la discrepancia (¿que fino, verdad?) con Arsuaga. No se lo que quiere o pretende, de hecho, tiendo a pensar que todo esto no es más que una bronca de marujas en la charcutería italiana porque no se aclaran sobre quien tiene la vez. Y sin embargo, no me cabe duda que Arsuaga le esta echando arrestos (muchos o pocos, pero arrestos), con todas las perder. Soy carlista y tengo simpatia por los que llevan las de perder, que le vamos a hacer.

lunes, febrero 6

¡Qué cosas tenía Pio XII, oye!

b) Adhesión exagerada a los ritos antiguos 

78. Con la misma medida deben ser juzgados los conatos de algunos, enderezados a resucitar ciertos antiguos ritos y ceremonias. La liturgia de los tiempos pasados merece ser venerada sin duda ninguna; pero una costumbre antigua no es ya solamente por su antigüedad lo mejor, tanto en sí misma cuanto en relación con los tiempos sucesivos y las condiciones nuevas. (...) 

80. Así, por ejemplo, se sale del recto camino quien desea devolver al altar su forma antigua de mesa; quien desea excluir de los ornamentos litúrgicos el color negro; quien quiere eliminar de los templos las imágenes y estatuas sagradas; quien quiere hacer desaparecer en las imágenes del Redentor Crucificado los dolores acerbísimos que El ha sufrido; quien repudia y reprueba el canto polifónico, aunque esté conforme con las normas promulgadas por la Santa Sede.

c) «Arqueologismo» excesivo 

81. Así como ningún católico sensato puede rechazar las fórmulas de la doctrina cristiana compuestas y decretadas con grande utilidad por la Iglesia, inspirada y asistida por el Espíritu Santo, en épocas recientes, para volver a las fórmulas de los antiguos concilios, ni puede repudiar las leyes vigentes para retornar a las prescripciones de las antiguas fuentes del Derecho canónico; así, cuando se trata de la sagrada liturgia, no resultaría animado de un celo recto e inteligente quien deseara volver a los antiguos ritos y usos, repudiando las nuevas normas introducidas por disposición de la divina Providencia y por la modificación de las circunstancias. 

82. Tal manera de pensar y de obrar hace revivir, efectivamente, el excesivo e insano arqueologismo despertado por el ilegítimo concilio de Pistoya, y se esfuerza por resucitar los múltiples errores que un día provocaron aquel conciliábulo y los que de él se siguieron, con gran daño de las almas, y que la Iglesia, guarda vigilante del «depósito de la fe» que le ha sido confiado por su divino Fundador, justamente condenó. En efecto, deplorables propósitos e iniciativas tienden a paralizar la acción santificadora con la cual la sagrada liturgia dirige al Padre saludablemente a sus hijos de adopción. 

(Tomado de la encíclica Mediator Dei)

domingo, febrero 5

Una lección de esperanza

Es un amigo que está pasando, con su familia, por una prueba que no se la deseaba yo a mi peor enemigo. 

La cosa ha ido mejorando a marchas forzadas, pero el asunto sigue complicado. Quedamos a cenar y estuvo un par de horas hablando. Me dio vergüenza sacar el aparatito electrónico para apuntar, pero en cuanto llegué a casa tomé nota de tres luminosas ideas a vuelapluma:

- La amplitud de la oración: me encanta (subrayo lo de "me encanta") que mi hija me venga a dar abrazos y caricias y que me diga lo mucho que me quiere. Pero me parece mucho mejor cuando cumple con su deber, estudia, recoge el lavaplatos o hace su cama. Lo mismo con Dios.

- La oración del cabreo: protesto, me enfado, pataleo, no entiendo, me niego. Pero es oración. Jesús lo hizo en el Huerto de los Olivos. Hágase tu Voluntad.

- Gracia y esfuerzo: la gracia viene como el viento del Espíritu, pero tienes que levantar la vela, aunque sea solo un poco, para que empuje al barco. 

Acordaos de rezar por mi amigo y su familia. Se ha hecho un gran milagro (estamos convencidos de ello) pero hacen falta alguno(s) más.


sábado, febrero 4

Éxito y fracaso: Beppo el barrendero

Hace años y por circunstancias que no viene al caso un amigo, que ya tenía un par de libros publicados, me sugirió que escribiera uno sobre el éxito y el fracaso. Nunca me puse a ello pero si que he ido recolectando algo de material sobre el asunto y pensado mucho sobre el particular.

La cosa es que por más vueltas que le de, siempre vuelvo al mismo punto. A los 12 o 13 años leí "Momo" de Michael Ende. Me enteré de poco, la verdad. Y lo único que verdaderamente se me quedó grabado fue la historia de Beppo, el barrendero. Años más tarde mi padre me dijo algo, que queda en la intimidad de las conversaciones entre padre e hijo, confirmando, afianzando y concretando la historia de Beppo. Ahí va:

"Momo tenía un amigo, Beppo Barrendero, que vivía en una casita que él mismo se había construido con ladrillos, latas de desecho, y cartones.
Cuando a Beppo Barrendero le preguntaban algo se limitaba a sonreír amablemente, y no contestaba. Simplemente pensaba. Y, cuando creía que una respuesta era innecesaria, se callaba. Pero, cuando la creía necesaria, la pensaba mucho. A veces tardaba dos horas en contestar, pero otras tardaba todo un día. Mientras tanto, la otra persona había olvidado su propia pregunta, por lo que la respuesta de Beppo le sorprendía casi siempre.
Cuando Beppo barría las calles, lo hacía despaciosamente, pero con constancia. Mientras iba barriendo, con la calle sucia ante sí y limpia detrás de sí, se le iban ocurriendo multitud de pensamientos, que luego le explicaba a su amiga Momo: "Ves, Momo, a veces tienes ante ti una calle que te parece terriblemente larga que nunca podrás terminar de barrer. Entonces te empiezas a dar prisa, cada vez más prisa. Cada vez que levantas la vista, ves que la calle sigue igual de larga. Y te esfuerzas más aún, empiezas a tener miedo, al final te has quedado sin aliento. Y la calle sigue estando por delante. Así no se debe hacer. Nunca se ha de pensar en toda la calle de una vez, ¿entiendes? Hay que pensar en el paso siguiente, en la inspiración siguiente, en la siguiente barrida. Entonces es divertido: eso es importante, porque entonces se hace bien la tarea. Y así ha de ser. De repente se da uno cuenta de que, paso a paso, se ha barrido toda la calle. Uno no se da cuenta de cómo ha sido, y no se queda sin aliento. Eso es importante."