Me entero a través de una entrada en el blog de Itxu Diaz, que al parecer la blogosfera arde en torno a una candente cuestión de la máxima actualidad: "Como dormir a un bebé".
Una vez más la madre de Forrest Gump tenía razón. Aunque en este caso tengo dudas si considerar el debate simplemente una gilipollez, o más bien una perversidad. Y digo perversidad porque ya estoy viendo al Secretario de Estado del Ministerio competente inventarse un "Observatorio de la violencia postnatal" y sacar un par de leyes donde se castigue severamente a los padres que hacen lo que hay que hacer cuando un bebe se pone coñazo: dejar que se desahogue.
En castizo dicho de mi querido abuelo: "Cuanto más llore, menos mea".
No puedo por lo demás dejar de aportar mi granito de arena al candente debate, de modo que allá voy.
La #1 lleva prácticamente 15 años sin dormir una noche seguida, acostándose a una hora decente. Con esta pagamos el pato, pero bien pagado. Sus primeros 9 meses fueron un verdadero infierno, donde solo conseguía dormirla literalmente corriendo por el pasillo con el bebecito en brazos. Las demás fueron una bendición a su lado (aunque el 90% de los mortales no estarían de acuerdo conmigo).
La señora embajadora decidió adquirir el famoso Libro de Estivill, ante mi monumental cabreo, porque basicamente lo que dice este sujeto es lo que llevaba yo repitiendo meses: que llore, que no pasa nada.
Bien recuerdo la cara de satisfacción que ponía mi padre (lo que su mismo padre, autor del dicho anterior, describía gráficamente como "sonrisita de masonazo") cuando yo le contaba nuestros problemas con la criatura. La razón es que servidor fue, según cuentas las crónicas y no paran, el Premio Nobel de los bebés insoportables. Y claro, la venganza es un plato que se come frio.
Parece que la cosa viene por vía materna. Mi añorada abuela describía muy andaluzamente (exagerando todo lo posible, y con grandes aspavientos) la que le dio mi señora madre en cuanto a noches sin dormir se trataba. Harta ya de la situación fue al médico:
- Doctor, le traigo a la niña que es que no hay forma de que duerma.
El médico examinó atentamente a la niña y le dijo a mi abuela mientras escribía una receta:
- Le voy a recetar un somnífero.....
- ¡¡¡¡¿Un somnífero para la niña, doctor?!!!!- exclamó mi abuela asustada.
- No, el somnífero es para usted - dijo el doctor- la niña está estupendamente y puede llorar todo lo que quiera. Ya dormirá.
Estos médicos franquistas eran así de bestias. Mi madre sobrevivió al somnífero.
Conclusión: Mi contribución al debate se resume en que hay cosas que NO se aprenden en los libros, se aprenden viviéndolas, se aprenden recibiéndolas de tus mayores por tradición oral, se aprenden por el método de prueba y error (uno tiene una importante colección de esto último en su haber, la Sra. embajadora dará fe). Y esto lo dice un bibliófilo bibliófago. Asi que, por favor, dejemonos de gilipolleces: lo normal en un bebé es que no duerma por las noches, lo normal es que su madre quiera achucharlo, besarlo y mimarlo hasta que se duerma , y lo normal es que su padre quiera darle una buena propina al sereno a cambio de que se haga cargo de la bestiecilla insoportable. Teorizar sobre este asunto y que la gente se lo tome en serio, solo da fe que en la generación anterior hubo demasiados padres que no dejaron llorar a sus bebés tranquilamente, y lógicamente los volvieron abúlicos incapaces de soportar unos mesecitos en el infierno. De seguir por esta vía no se sorprendan si en la siguiente generación se multiplican los casos de bebés VERDADERAMENTE maltratados. Como si lo viera.

