sábado, marzo 16

Conversaciones en la embajada (XLIV): ¡Qué placer tan delicado, es estar excomulgado!

Días complicados estos ¿no?. Lo bueno de los días que son complicados porque no se entiende unas cosas es que se ven con claridad otras. Por ejemplo la luminosidad de esas palabras del Evangelio sobre la necesidad de ser como niños y tal. 

Se me vino a la cabeza un sucedido de hace ya muchos años. Las tres mayores debían estar entre los 5 y 8 años. A la hora de la cena solían armar unas grescas monumentales y se negaban a comer lo que la Sra. Embajadora les ponía en el plato. 

Recurría yo entonces a las antiguas costumbres y tradiciones de mi familia y agarraba a la más levantisca (unas veces era una y otras otra) y la mandaba a comer/cenar a la escalera del bloque. Un sitio un poco tétrico porque hay poca luz y está frio. Pero menos tétrico que la escalera que daba al garaje de mi propia casa, que era además estrecha, húmeda y poblada de cucarachas y otros bicharracos de infausto recuerdo (Si, aunque parezca mentira, uno era niño de mal comer). 

En los comienzos de este brutal castigo las niñas protestaban vehementemente entre promesas de buen comportamiento futuro. Pero el progenitor en cuestión (no se si "A" o "B", daría para un buen debate) se mostraba inflexible y la niña salía con su plato, cubierto y servilleta a la escalera...... para volver al cuarto de hora, que era todo lo que resistía la angustia de la progenitora, arrepentida del exceso a los, más o menos, diez segundos de haber impuesto el correctivo.

Vuelta la transgresora, que había partido al exilio entre la congoja y tristeza de sus hermanas, la cosa se tranquilizaba bastante y podíamos continuar la vida familiar sin demasiados sobresaltos. No diré "hija pródiga" porque tampoco mostraba demasiados signos de arrepentimiento, habitualmente.

Con el tiempo tomaron gusto a la cosa. De hecho le tomaron tanto gusto que cuando una era condenada a la pena de extrañamiento familiar transitorio, las otras dos protestaban ácidamente por la injusticia.....¡la injusticia de no ser ellas las que eran enviadas allende las fronteras del hogar!. Había bofetadas por ser la elegida, discusiones sin fin, y presentación verbal de pliego de cargos (que no de descargo) para demostrar más allá de toda duda quien era poseedora de mejor derecho a la deportación.

A dia de hoy, la Sra. Embajadora y yo seguimos sin entender porque disfrutaban tanto del castigo. Iba a decir: "cosas de mujeres", pero me contengo porque como digo, mi mujer tampoco lo entiende. Si que me vinieron a la cabeza aquellos versos de la canción de los Siniestro: "¡Qué placer tan delicado/es estar excomulgado!.". 

Lógicamente la solución al desaguisado se le ocurrió a la Sra. Embajadora. En medio de la revolución provocada por las discusiones en torno a los derechos fundamentales de expatriación y desarraigo, mi mujer dio un grito y un puñetazo en la mesa y sentenció:

- ¡Ya está decidido!. No os vais ninguna de vosotras....¡Nos vamos vuestro padre y yo!.

Me agarró del brazo, cogió el portante y nos largamos. Llamó al ascensor, lo abrió y cerró procurando provocar el mayor estruendo posible y el ascensor bajó sin nosotros dentro. Mi mujer se acercó despacio y sin hacer ruido a la puerta de la cocina y pegó la oreja. El alegre jolgorio inicial al verse libres de la autoridad paterna había cedido a la preocupación por un futuro incierto, y ya se escuchaban con claridad los llantos, sollozos, golpes de pecho, rasgamiento de vestiduras y petición de perdón al Cielo por haber pecado.

Al volver a entrar en casa vivimos la parábola famosa pero al revés. Era el hijo pródigo el que mandaba sacrificar el ternero cebado.

Desde entonces las cenas familiares fueron mucho más tranquilas.

La moraleja se la dejo a los lectores

--- X ---

Mi hermano A., el gracioso e irreverente de la familia (y no por eso peor católico, ni mucho menos), preguntaba en el Wassap familiar a los pocos momentos de saberse el resultado de la fumata blanca, si a los obispos de la Santa Iglesia Católica se les iba a conocer de ahora en adelante con el sobrenombre de "Los hombres de Paco"

Es que la mitad de nuestra sangre es andaluza y sospecho que en el caso de mi hermano no se ha mezclado con impurezas del Norte o del Este.


19 comentarios:

Esteban Falcionelli dijo...

¡Excelente Embajador!

Embajador en el Infierno dijo...

Muchas gracias Esteban, celebro que te haya gustado.

sonidosalisios dijo...

Los caminos del senyor son inescrutables...

Yurremendi dijo...

Pues yo cuando era pequeñito comía la mar de bien y mi mamá estaba muy contenta.

Embajador en el Infierno dijo...

Sonidos- Amén

Yurremendi- Ese es el problema, Yurre. De las pocas cosas útiles que aprendí en los sanfermines una fue que "el que de joven no trota, de viejo galopa". Y así andas, galopando por esas llanuras de Dios. A tu edad....

Yurremendi dijo...

Toda edad es buena para galopar por las llanuras de Dios.

Ahora, yo más que galopar, renqueo. Y el apetito se quedó por el camino.

Embajador en el Infierno dijo...

Si, el renqueo y la falta de apetito es algo que compartimos.

Anónimo dijo...

¿Cuál es la moraleja? ¿Que la alegría que ha despertado este Papa se va a acabar pronto? ¿Que desea que vuelva Benedicto XVI? En la embajada son tan sutiles...

Embajador en el Infierno dijo...

Anónimo- No es ninguna de las dos cosas. Perdóname que no lo explique pero es que entonces se le quitaría la gracia.

El Dísper dijo...

Ese delicado placer —que es vicioso— tiene mucho de victimismo y de narcisismo. Y supone una artificiosa autoexclusión.

Cito de los Cármina Pedórrhica:

La otra tarde en el sermón, cuando el cura predicaba, toda la gente lloraba menos el pobre Simón.
—¿Por qué no lloras, Simón? —le pregunta la tía Eustoquia.
—Yo no soy de la pirroquia, y los que lloran lo son.

Embajador en el Infierno dijo...

Disper- Pues si, bastante de acuerdo. Y muy gracioso lo del pobre Simón.

Anónimo dijo...

Deliciosas y simpaticas conversaciones Embajador. Un saludo
Dol

Anónimo dijo...

Bueno... a mi se me ocurren finales alternativos...

a) como por ejemplo, que se trabe la puerta y no puedan volver a entrar los embajadores, en cuyo caso, a1)los chicos podrían morirse de inanición, a2) el más desobediente de los chicos se crea que puede manejar la cosa y no deje desastre por hacer...o que directamente cierre la puerta él, y el desastre sea irreparable.

O que los embajadores se sientan tan a gusto comiendo a solas que no quieran regresar...

O que se peleen los embajadores entre sí, queriendo uno regresar y el otro no...



o que venga un terremoto como nunca lo hubo y se venga abajo la casa...



carmela dijo...

hay otro final posible, la puerta desaparece

Tantarantán dijo...

Un final más verosímil:
El Emba aprovecha la ocasión para llevarse a su señora a un restorán con velitas y todo. Pero la cena romántica resulta un desastre porque ella no hace más que acordarse de las criaturas abandonadas. Sin terminar de cenar, vuelven a casa y aplican el oído a la puerta. Se oye música y risas.

—Qué bien se está sin los viejos. Tenemos que hacerlo más veces.
—Pues a mí me da pena de Mamá. Voy a decirles que ya pueden volver.
—Ni se te ocurra, enana. Que se fastidien un rato más.

Embajador en el Infierno dijo...

Bueno, parece que esto se anima con los finales alternativos. Me encantaría hacer mis comentarios uno a uno pero tendrá que ser más adelante esta semana porque ahora voy mal de tiempo.

Muchas gracias a los tres últimos por vuestras fascinantes propuestas y también a Dol por su comentario.

Había dos anónimos con ganas de gresca y logicamente la he cortado.

Anónimo dijo...

no me quedó claro si los dos anónimos con ganas de gresca forman parte de los tres ultimos.
o si fueron dos anónimos extras cuyos comentarios fueron justamente censurados.

El 1er anónimo.

Galsuinda dijo...

Siglos bisiestos que no disfrutaba de una entrada de estas.

Yo creo que reaccionaron así porque es lo normal. Se dieron cuenta entonces de que os hacían daño, mientras el salir ellas a la escalera lo habían convertido en un juego.


la infancia es sensible ante el castigo se 'defienden. Saber que hacen un daño a quienes más quieren, esos son palabras mayores.

Un saludo a todos.



Embajador en el Infierno dijo...

1er anónimo Los que querían armar gresca están borrados.

Galsuinda- Me ha gustado mucho lo que has escrito. Gracias.