domingo, diciembre 29

Libros: El despertar de la señorita Prim

Este libro me ha dado, sobre todo, mucha envidia. Es el libro que me hubiera gustado escribir. Es más, creo que es el libro que a todo cultureta reaccionario le habría gustado escribir, y que nunca nos habríamos imaginado que tendría el enorme éxito que ha tenido (yo dispongo de la quinta edición, nada menos y el otro día pasé por una librería y vi que iba por la séptima. Creo que la primera edición es de Abril de este año que acaba).

El secreto es que lo ha escrito una mujer que, además ya era escritora (o periodista). Oiga, y eso de que sea una mujer, ¿qué importa?. Pues importa que en estos tiempos que corren, tan sentimentalistas, una mujer es más capaz de tocar la fibra sensible sin perder profundidad en el discurso. Esto en el caso que, como el que nos ocupa, sea además culta y formada, de modo que aporte. O como dice un diálogo del mismo libro:

"- La cuestión [dice la Srta. Prim] no es si son buenas o malas escritoras o si son o no sentimentales. La cuestión es que hubo un tiempo en que los hombres, los grandes hombres, leían novelas escritas por mujeres.

-Cierto- dijo el hombre del sillón alejando un poco más su asiento de la chimenea-, pero en mi opinión hay que atribuirlo a dos buenas razones. Una, a que el hecho de que una mujer publicase tenía todavía el encanto de la audacia; y otra, a que las mujeres aportaban un punto de vista razonable, pero diferente sobre el mundo. Hoy en dia la literatura femenina ha perdido esa capacidad de instarnos a desplazar el punto de mira, de hacernos girar la mirada. Cuando leo una novela femenina tengo la impresión de que la escritora no hace otra cosa que mirarse a sí misma."
Porque no nos engañemos, el cultureta reaccionario medio, incluido el que suscribe, habría podido escribir este libro e intentar "hacernos girar la mirada". La diferencia esencial con la hábil autora es que lo habríamos titulado algo así como:

"Diálogo entre la Tradición y la Modernidad sobre las causas de la perdición del mundo contemporáneo, que se debe leer para gran aprovechamiento de las almas nobles que deseen evitar la condenación eterna por sus muchos vicios y pecados"
Nos habríamos quedado absolutamente encantados de habernos conocido y del impactante título, y anonadados porque ni siquiera nuestra sufriente esposa hubiera sido capaz de pasar de la portada. 

Y llega una chica joven, lo titula "El despertar de la señorita Prim" (no puede ser más cursi el título, perdóneme usted, pero es que está hecho a posta, yo lo sé) y vende como churros una ración no menor de zambombazos contrarrevolucionarios. La reoca.

No se la razón que lleva al personal a leer este libro. Puedo adivinar que lo que atrae es que parece una historia de amor, sencillita y sin muchas pretensiones, pero bastante distinta a lo que es habitual. ¡Es nuevo! y ya se sabe que la novedad es lo que trae loco al ciudadano moderno. 

Lo cierto es que este libro no es una historia de amor nueva. De hecho la obra es un "Diálogo entre la Tradición y la Modernidad, etc, etc...." donde la Modernidad (la Srta. Prim), y me perdonen que les cuente el final,  es meticulosamente pasada por la piedra por la Tradición (el hombre del sillón). ¡Ojo! la virtud de la Srta. Prim queda intacta, no se confundan. Ya lo dice el libro de mano de Lulú Thiberville, una especie de Condesa Viuda de Grantham sin el elemento snob, que por su edad puede permitirse el lujo de soltar frescas como:
"La tradición no tiene edad, niña, es la modernindad lo que envejece"
¡Chúpate esa!.
 
En la obra no hay personajes sino más bien arquetipos que alguno dirá son estereotipos y se equivocará de medio a medio. Por eso, y porque a mi lo que me suele gustar de los libros son los personajes,  me parece que la calidad literaria anda floja. Y me da igual. Porque este libro no es "literario", es un libro de ideas, o más bien doctrinal. En él la Modernidad no solamente se encuentra con la Tradición, sino también con la Fe, la Esperanza, la Caridad, la Soberbia, la Inocencia, y muchas otras "las" encarnadas en los diferentes personajes.

Siendo un libro doctrinal, y en esto tiene su fuerza, lo puede leer absolutamente todo el mundo. Habrá gente que se quede en la historia de amor y en "lo bonito que sería si....". Habrá otros que capten el fondo y les guste. Y habrá otros que capten el fondo y no les guste, bien porque les parezca una aberración reaccionaria o bien porque les parezca que la autora solamente rasca la superficie de algo mucho más profundo. Pero a todo el mundo le hará pensar.

Hasta ahora cuando me hablaban de la necesidad de adaptar el lenguaje al mundo solía echar mano del naranjero. Después de haber leído este libro, la cosa cambia. Me he reconciliado un poco con esa propuesta porque veo que hay gente capaz de hacerlo, esto es, de adaptar el lenguaje sin perder mensaje. Luego se puede aprender a hacer tal cosa.

Y además, apuesto un brazo, el libro es autobiográfico. Pero la autora no es la Srta. Prim, sino el hombre del sillón. 

En fin, que recomiendo vivamente "El despertar de la señorita Prim". Lo recomiendo, desde luego, a la gente de la cuerda. Eso si, cuidadito con las taquicardias e hiperventilaciones ya que, advierto, la obra recoge todas y cada una de nuestras peores y más húmedas ensoñaciones (el pueblito pequeño, los exiliados de la postmodernidad, el abad benedictino, la abigarrada librería donde sirven té ruso a los clientes - Mensaje urgente a Yurremendi:  dice el libro que el de Sochi es mejor que el first flush Darjeeling, espero que te explote la úlcera cuando leas esto-, la inmensa biblioteca con chimenea, repleta de obras clásicas, pero clásicas, clásicas, de historia, filosofía, teología, etc...., en fin, una especie de parque de atracciones para carcas sin remedio). 

Lo recomiendo seguidamente a los afines que todavía nos tienen por especímenes de laboratorio, para que vayan entendiendo un poco de lo que los tradicionalistas aspiramos en el orden de la organización social y política (si, el libro es político....mucho). Esto es, el libro no explica pormenorizadamente en que consiste el orden social al que aspiramos, pero ese orden social subyace en la narración. Sobre política tiene una memorable frase:
"Utopía sería pensar que el mundo puede dar marcha atrás y reorganizarse de nuevo en su totalidad. Pero no hay nada de utopía en este pequeño pueblo." [Nota: la cita sigue enjundiosa pero la dejo ahí no vaya a ser que a alguno que yo me sé le de un ictus de la emoción y no pueda ni empezar el libro]
Y por último, lo recomiendo en general a cualquiera que desee pasar un buen rato leyendo una obra ligera de estilo y profunda de fondo, de donde sin duda, sacará lecciones para la vida.

Espero no haber fastidiado la novela sacándole punta y por el contrario espero muchos comentarios de lectores agradecidos. De nada.

16 comentarios:

Enrique García-Máiquez dijo...

Me encanta ver que coincidimos y que a los dos nos importa muy poco que ande floja de calidad literaria. Un solo reproche a su interpretación y análisis: muy autobiográfica, desde luego, la novela, pero el hombre del sillón es el difuso sueño de la escritora. Ella fue Prudencia, diría.

Embajador en el Infierno dijo...

Enrique- Estoy convencido que ella nunca fue Prudencia y de que fue educada para ser el hombre del sillón. El primer apellido de la autora es muy cantoso para un carlista, aunque bien pueda ser mera coincidencia......Habrá que investigar.

Embajador en el Infierno dijo...

por cierto, leyendo tu artículo, veo que he acertado con mi crítica del libro. Lo cual me alegra una barbaridad. Es más, parece que lo mio es un plagio malo del tuyo, pero no lo había leído hasta ahora. Ultimamente leo poco en internet.

Enrique García-Máiquez dijo...

Mil gracias. A mí me ha alegrado muchísimo la coincidencia de críticas.

¡Bravo!, veo que te gusta la investigación paraliteraria-personalista tanto como a mí. Investiguemos. Yo voy a más: fue Prudencia y tuvo algún trastorno de la conducta alimenticia, y por eso tanta dificultad al hablar de la comida (¿te has fijado que en la novela "mordisquean" los pasteles?). Y luego ese sentimiento anti condiciones del trabajo moderno de la mujer, también me suena a muy padecido en carne propia. Puede que el carlismo corra por sus venas, y eso explique tantísimo valor como derrocha. Pero fíjate que sus referentes: Chesterton, Newman, Lewis, son mayoritariamente ingleses. Yo apuesto por conversión muy reciente.

Favila dijo...

Embajador, te agradezco estas reseñas literarias. Es una de las razones por las que visito asiduamente tu bitácora. Ojalá te prodigues más.

A tenor de las críticas que he leído en internet, a favor o en contra, creo que los tiros van por donde dices. Hay mucho reaccionario agazapado por ahí, gracias a Dios.

Mira lo que contesta la autora a una entrevista de El Mundo:

Tienes razón en que el libro habla de la importancia de lo pequeño, pero sobre todo habla de el choque, de la confrontación entre la tradición y la modernidad. Prim es la historia de un pueblecito de rebeldes que deciden declarar la guerra al mundo moderno y volver a lo esencial. Allí llega la autosuficiente, segura y cultivada señorita Prim, que ha sido contratada para trabajar en casa de un hombre peculiar y que, poco a poco, irá conociendo esa curiosa manera de ver el mundo que tienen los habitantes del pueblo. Ellos defienden la tradición, ella la modernidad. Y muy pronto surgen chispas entre ambos. A mí me interesaba mucho hablar de la idea de que la rebeldía no consiste únicamente en mirar hacia delante, sino también en mirar hacia atrás. Eso supone ir a contracorriente, contra mundum, y exige un cierto coraje, una peculiar, distinta y extraña rebeldía.

Creo que ya sé qué regalar(me) para Reyes.

carmela dijo...

El libro lo leí hace meses regalado por mi madre ( 95 años y lectora compulsiva) y no me pareció nada reaccionario.
Nada más reaccionario que un progre del cual se sabe siempre lo que piensa y nada menos reaccionario que ese pueblo al cual han ido los que han querido y viven como les da la gana.
Me entusiasmó la forma de educar a los niños.
A mí me gustó,salvo el final que no lo encuentro redondo.

Enrique García-Máiquez dijo...

Bravo por tu madre, Carmela. Hazle una sentida reverencia navideña de mi parte.

Como el libro va del sueño de Prudencia, tipo los de la cueva de Platón, el final tiene la brusquedad de un despertar. Acaba en un fundido, pero de luz. Yo lo veo bien.

carmela dijo...

Muchas gracias, Enrique, se la haré. Ciertamente la merece.

Gonzalo García Yangüela dijo...

La entrada, aliñada con la columna de Enrique, hacen que por fin pueda escribir la carta a los Reyes.

Gracias.

nieta de carlista dijo...

Debo decir que llevo meses oyendo hablar de ese libro y no me había convencido del todo a leerlo, ya que me parecía muy obvio. Pero viniendo la recomendación de este blog( que leo siempre y en el que nunca comento), creo que me haré con él.

Embajador en el Infierno dijo...

Enrique- Te concedo lo de la conducta alimenticia (me he tronchado de la risa!) y desde luego lo del trabajo moderno lo ha vivido en sus carnes, pero sigo convencido que aquí no ha habido conversión. Es decir, conversión en el sentido de volver de nuevo a una fe perdida. Creo que la autora domina demasiado bien a todos esos autores que citas y conoce demasiado bien ciertas peculiaridades digamos "tradicionalistas" (usa la palabra en un par de ocasiones)como para que no lo haya vivido y conocido durante largo tiempo. No empezó a leer a Chesterton, Newman, etc... antes de ayer. Los ha rumiado mucho tiempo.

Favila- Tengo en mi mesa de trabajo una pila de....15 libros (los acabo de contar) esperando reseña. A ver si venzo la pereza y los voy sacando. Hay mucho reaccionari agazapado, que duda cabe, lo bueno es que van saliendo y lo hacen con oficio.

Muchas gracias por el párrafo de la entrevista. Me alegra haber acertado con el fondo del libro.

Carmela- Yo no tomo el término "reaccionario" como algo peyorativo, ni mucho menos. Me considero uno de tantos y a mucha honra. Por el contrario, el común suele tomar el adjetivo "revolucionario" en sentido positivo y para mi pocas cosas más detestables se puede ser. El revolucionario destruye sin ton ni son, el reaccionario protege lo que es digno de ser protegido ante esa destrucción y se opone a ella. San Ireneo es un pueblo decididamente reaccionario. La autora no lo describe así, ella dice que son "exiliados de la modernidad", o sea, reaccionarios.

Y sobre el final, no se que decirte, la verdad. No me disgusta. Pero considero que el final, en este libro, no es tan decisivo.

Lo que si me gustaría ver es como soluciona la autora el "vivieron felices y comieron perdices", aunque sospecho que no lo hará, o por lo menos no quiere hacerlo. Y no lo hará porque este es un bonito cuento y los cuentos terminan ahí.

Mis respetos a tu señora madre. Ya me gustaría seguir siendo un lector compulsivo a su edad.

Gonzalo- No lo dudes, este libro te lo tienen que traer los Sus Majestades.

Nieta de carlista- Que bien que te hayas....manifestado. Siendo nieta de carlista entenderás este libro a la perfección.

nachet dijo...

Me lo trajeron los Reyes. Acabado de terminar (y he tardado dos días porque he estado liadísimo con otros asuntos importantes).

En pocas palabras: el mejor relato que he leído en mucho tiempo.

Como dice Embajador, es en realidad un diálogo socrático entre la Modernidad y la Tradición (pero Tradición pura y dura, sin colorantes ni aditivos).

A mi juicio, la autora ha sido Prudencia y ahora es el Hombre del sillón. O tal vez el Hombre del sillón sea una idealización de lo que le gustaría ser, o una representación de aquello que admira.

Por supuesto, el mundo que pinta Sanmartín es una utopía, pero eso en realidad se ha convertido en un lugar común en toda la literatura moderna, que invariablemente retrata una realidad que no existe. La autora al menos ha pintado una utopía con intención de profundidad metafísica, y ha tenido la honestidad de situarla físicamente fuera de un territorio real, para no confundir a nadie.

Relato fluido, el telón de fondo (el pueblo de san Ireneo y sus habitantes) está retratado a pinceladas, porque el auténtico protagonista son los diálogos. Naturalmente, los de la señorita Prim y el hombre del sillón, que son el nudo de la trama, pero no perderse los espectaculares diálogos de Prudencia con los niños (es que los niños reales- naturalmente no tan cultos- pueden ser, y son, así). Jamás había visto una novela contemporánea con un tratamiento tan realista de la forma de razonar de un niño.

También sumamente interesantes los diálogos de la protagonista con el club de mujeres de san Ireneo, más feministas que las feministas postmodernas (no puede ocultar la autora su animadversión hacia el tipo ideológico).

A descubrir otros personajes extraordinarios, entre los que destacaría a la madre del hombre del sillón.
Tal vez los personajes puedan tildarse de arquetipos (es obvio que cumplen para la autora diversas funciones en el camino de la señorita Prim). No sé, yo considero que están mucho más trabajados que en cualquier novela media, y muy dignamente comparados con grandes personajes de la literatura, teniendo en cuenta la brevedad del relato y que ellos no son los verdaderos protagonistas.
La historia de amor, delicada, profunda, auténtica. Precisamente la ausencia de erotismo la hace más auténtica.

Toda la redacción es inteligentísima. Orientada a hacer reflexionar al lector (digamos postmoderno) sobre las verdades del modernismo filosófico y su alejamiento de la auténtica naturaleza humana. Con el permiso de nuestro querido embajador, quien es pasado por la piedra (por Prudencia y el hombre del sillón) es el propio lector burgués del siglo XXI, con su hatajo de lugares comunes y "valores políticamente correctos", encantado de haberse conocido. A quién se pasa por la piedra es a toda una sociedad, que vive en un error conceptual y lo exporta al resto del mundo gracias a su poder económico.

Para mí, esta sorprendente novela es más que un diálogo entre la modernidad y la tradición. Para mí, realmente, es un diálogo entre el escepticismo y la fe.
Aquello de lo que la novela habla en último término es del cristianismo genuino.

Un 10 a la autora.

Absolutamente deliciosa. Must read.

Embajador en el Infierno dijo...

Nachet- Muchas gracias. Te he dedicado una entrada para ti solito.

Anónimo dijo...

El final parece claro, la niña expresamente dice que se iban a volver a ver, el monje tambien dice "Estaré aquí esperando a que encuentre lo que busca y a que regrese dispuesta a contármelo"

Ambos (la niña como el monje) se da por entender que poseen cierto conocimiento de algunas cosas.. sumado a que el monje es viejo, osea, no va a vivir 40 años mas, parece bastante claro que ella regresa dispuesta de ir a Thaiti.

Marian M dijo...

Nachet, me ha encantado tu comentario. Estoy de acuerdo con el y no me atrevo a añadir nada más. El final tan abierto da un margen de esperanza a la historia de amor de los protagonistas principales.

Marian M dijo...

A mi el libro me ha asombrado.
He tenido ganas de ver lo que pasaba al final con la protagonista y queda un final muy abierto