sábado, marzo 23

Libros: El caballero del jabalí blanco

Novela bastante ligera, esto es, que está escrita de forma ágil y sin demasiada preocupación por el estilo cuyo fin es, a mi modo de ver, hacer entender al lector como funcionaba en lo concreto el asunto este de la Reconquista. Y creo que lo logra. 

El autor se centra en explicar como se forman en el tiempo los cuatro pilares sobre los que se sustenta la generación de España: Dios, Fueros, Patria y Rey. Esto, quede claro, es mi interpretación de la jugada, pero es lo que leo en este libro. Esparza nunca menciona la idea de los cuatro pilares, pero uno lee el libro y llega a esta conclusión.

Particularmente interesante, por bien tratado y ser menos conocido, resulta la narración engarzada en el texto sobre el origen y configuración de los fueros. No hay un capítulo que se llame "Los fueros", simplemente en el fluir de la novela se va viendo con toda claridad la necesidad y concreción de este elemento fundamental de la configuración política de España. Esta es la parte que me ha resultado más fascinante, porque se ven palpablemente como lo que fueron (y son): una necesidad. 

Veo un poco forzado el trasiego vital del protagonista, un chico que primero es enviado a un monasterio para ser monje y que por circunstancias de la vida acaba convirtiéndose en soldado, y luego político (en el mejor sentido de la palabra). El recurso a esta trayectoria personal para vertebrar la obra es ingenioso visto a donde se quiere llegar, pero como digo quizás un poco forzado.

60.000 ejemplares vendidos dan medida de ante que clase de novela nos encontramos. Un libro entretenido, para desfogar bastante y aprender y pensar un poco, pero sin grandes exigencias.



martes, marzo 19

Dos hermanos, dos poemas, dos caminos....

Anda mi #1 entusiasmada con el poema aquel de Antonio Machado:

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Ha decidido aprendérselo, de modo que tenemos al Serrat dando la murga a todo pasto y a todas horas. Pocas cosas me animan tanto como ver a mis hijas empeñadas en aficiones culturales. Este emprendimiento concreto de la mayor,  me ha dado oportunidad de entender como las tuvo que pasar mi abuelo en la época universitarias de mis queridas tías comunistas. A una de las cuales debo mucho de mi carrera profesional y a la otra mucho de una infancia feliz. 

Pero me desvío del tema.

Mi hija me ha preguntado que me parecía el poema. Instintivamente y sin pensarlo he contestado que está muy bien pero que me gustaba más aquel que decía:

Camino que no es camino,
demás está que se emprenda,
porque más nos descarría
cuanto más lejos nos lleva.

Y ahí se ha quedado la cosa hasta que las meninges se me han puesto en funcionamiento y me he dado cuenta de que el segundo fue escrito por Manuel Machado, hermano del primero. 

No se mucho sobre cada uno de los hermanos Machado, más allá de que ambos fueron un poco golferas, y que uno fue rojo (de aquella manera) y el otro farcista (de aquella manera). El primero se casó a los 34 años con una niña de 15, y el segundo acabó sus días en la fe católica ingresando su viuda en una orden religiosa. 

Si que me parece que al comparar los dos poemas surgen dos comovisiones completamente contrapuestas. La primera es una cosmovisión revolucionaria (en su acepción primigenia y real: romántica, emotivista, destructiva, falsa y anticristiana), la segunda es una versión tradicional: realista, sólida, constructiva y de sentido común. 

¿No hay camino?. Si, si que hay camino. El que construyeron mis padres, y los padres de mis padres, y los padres de estos también. El que construyó la sabiduría de los siglos y que vosotros destruisteis sin ofrecer nada a cambio y ahora que no hay nada, nos decís lo obvio: no hay nada. Rodeado de floripondios, pero al fin una obviedad vacía e inútil.

El camino se podía desbrozar, arreglar, cambiar su curso si era necesario y sobre todo se podía extender. Cada generación lo hacía avanzando sobre lo que había hecho la anterior. Pero en vez de eso, creyéndoos más listos y capaces que todos los que os habían precedido (¿cabe mayor soberbia?) lo destruisteis echando estiércol sobre lo construido.

Uno dijo que Él era el Camino, y lo colgaron de una cruz. Parece que Antonio Machado también se olvidó de Aquel. 

¿Se hace camino al andar?. Seguro que si. Pero.....¿andar hacia donde?. Los que construyeron el camino lo sabían: hacia el Reino de Dios. A cambio vosotros nos ponéis a marchar por un camino inexistente que va a parar a ninguna parte, es decir, al paraíso en la Tierra. A Antonio Machado no se le ocurrió que para ir a ninguna parte hacen falta alforjas. Curiosamente. Alforjas mayormente cargadas de tranquilizantes y ansiolíticos (o de drogas mayores), una vez que la TV y el consumismo se demuestran incapaces de adormecer las conciencias. 

Y esa senda... ¿nunca se ha de volver a pisar?. Bueno, depende. A la vista del precipicio al que nos lleva ese inexistente camino puede que haya un par o tres sujetos con algo de seso que decidan dar media vuelta y volverse por donde han venido. No caer en el precipicio es una buena razón para volver a pisar esa senda. La mayoría sigue subyugada por "hacer camino", "su" camino, que ya es bonito porque es de ellos aunque lo que espere al final del camino sea una sima llena de nada. 

Antonio Machado tuvo la honradez de terminar el poema de la única forma que se puede acabar, esto es, con un grito de desesperación:

...cuando de nada nos sirve rezar.

¿Se va entendiendo?.

No se cuales fueron las fechas en que ambos poemas fueron escritos. Me distraigo en pensar que primero escribió Antonio, y luego Manuel (su hermano mayor) le contestó, para poner las cosas en su sitio. Y le dice a su hermano (y a todos los que le lean) que tenga cuidado de a donde y por donde va.

Porque Manuel presume, infiere, sugiere.....que hay camino. Aunque no sea el que haya que tomar, pero lo hay. Y también sabe que la masa ansiosa escogerá el de su hermano, el que no existe y que no lleva a ningún lado, y lo advierte y advierte de sus inexorables consecuencias. La réplica a su hermano es directa: "camino que no es camino" como contrapuesto al "caminante no hay camino".

Un radical y un profeta de desgracias es lo que era el Manuel este. Y tuvo razón, como suele ocurrir.

Mi profesor de lengua de 7º de EGB, al que tanto cariño teníamos y tenemos, nos decía socarrón que el poema de Antonio nos venía como anillo al dedo:

....pero lo nuestro es pasar....

Y consiguió que al menos esa parte nos la aprendiéramos.

ACTUALIZACION: Me dice Silvestre en los comentarios que el último verso ("...cuando de nada..") no es de Antonio Machado. Al parecer se lo inventó Serrat para su canción. Bueno, pues queda dicho. Gracias a Silvestre por la corrección. Dejo el texto como está porque me parece que, aunque añadido por Serrat, el verso lo dice todo.

sábado, marzo 16

Conversaciones en la embajada (XLIV): ¡Qué placer tan delicado, es estar excomulgado!

Días complicados estos ¿no?. Lo bueno de los días que son complicados porque no se entiende unas cosas es que se ven con claridad otras. Por ejemplo la luminosidad de esas palabras del Evangelio sobre la necesidad de ser como niños y tal. 

Se me vino a la cabeza un sucedido de hace ya muchos años. Las tres mayores debían estar entre los 5 y 8 años. A la hora de la cena solían armar unas grescas monumentales y se negaban a comer lo que la Sra. Embajadora les ponía en el plato. 

Recurría yo entonces a las antiguas costumbres y tradiciones de mi familia y agarraba a la más levantisca (unas veces era una y otras otra) y la mandaba a comer/cenar a la escalera del bloque. Un sitio un poco tétrico porque hay poca luz y está frio. Pero menos tétrico que la escalera que daba al garaje de mi propia casa, que era además estrecha, húmeda y poblada de cucarachas y otros bicharracos de infausto recuerdo (Si, aunque parezca mentira, uno era niño de mal comer). 

En los comienzos de este brutal castigo las niñas protestaban vehementemente entre promesas de buen comportamiento futuro. Pero el progenitor en cuestión (no se si "A" o "B", daría para un buen debate) se mostraba inflexible y la niña salía con su plato, cubierto y servilleta a la escalera...... para volver al cuarto de hora, que era todo lo que resistía la angustia de la progenitora, arrepentida del exceso a los, más o menos, diez segundos de haber impuesto el correctivo.

Vuelta la transgresora, que había partido al exilio entre la congoja y tristeza de sus hermanas, la cosa se tranquilizaba bastante y podíamos continuar la vida familiar sin demasiados sobresaltos. No diré "hija pródiga" porque tampoco mostraba demasiados signos de arrepentimiento, habitualmente.

Con el tiempo tomaron gusto a la cosa. De hecho le tomaron tanto gusto que cuando una era condenada a la pena de extrañamiento familiar transitorio, las otras dos protestaban ácidamente por la injusticia.....¡la injusticia de no ser ellas las que eran enviadas allende las fronteras del hogar!. Había bofetadas por ser la elegida, discusiones sin fin, y presentación verbal de pliego de cargos (que no de descargo) para demostrar más allá de toda duda quien era poseedora de mejor derecho a la deportación.

A dia de hoy, la Sra. Embajadora y yo seguimos sin entender porque disfrutaban tanto del castigo. Iba a decir: "cosas de mujeres", pero me contengo porque como digo, mi mujer tampoco lo entiende. Si que me vinieron a la cabeza aquellos versos de la canción de los Siniestro: "¡Qué placer tan delicado/es estar excomulgado!.". 

Lógicamente la solución al desaguisado se le ocurrió a la Sra. Embajadora. En medio de la revolución provocada por las discusiones en torno a los derechos fundamentales de expatriación y desarraigo, mi mujer dio un grito y un puñetazo en la mesa y sentenció:

- ¡Ya está decidido!. No os vais ninguna de vosotras....¡Nos vamos vuestro padre y yo!.

Me agarró del brazo, cogió el portante y nos largamos. Llamó al ascensor, lo abrió y cerró procurando provocar el mayor estruendo posible y el ascensor bajó sin nosotros dentro. Mi mujer se acercó despacio y sin hacer ruido a la puerta de la cocina y pegó la oreja. El alegre jolgorio inicial al verse libres de la autoridad paterna había cedido a la preocupación por un futuro incierto, y ya se escuchaban con claridad los llantos, sollozos, golpes de pecho, rasgamiento de vestiduras y petición de perdón al Cielo por haber pecado.

Al volver a entrar en casa vivimos la parábola famosa pero al revés. Era el hijo pródigo el que mandaba sacrificar el ternero cebado.

Desde entonces las cenas familiares fueron mucho más tranquilas.

La moraleja se la dejo a los lectores

--- X ---

Mi hermano A., el gracioso e irreverente de la familia (y no por eso peor católico, ni mucho menos), preguntaba en el Wassap familiar a los pocos momentos de saberse el resultado de la fumata blanca, si a los obispos de la Santa Iglesia Católica se les iba a conocer de ahora en adelante con el sobrenombre de "Los hombres de Paco"

Es que la mitad de nuestra sangre es andaluza y sospecho que en el caso de mi hermano no se ha mezclado con impurezas del Norte o del Este.


lunes, marzo 4

Dios nos manda un rinoceronte, y luego calla

"Entonces, poniéndose en pie el Sumo Sacerdote, le dijo, "¿nada respondes a los que te acusan?". Pero Jesús permaneció en silencio"
(Mt, 26, 62-63)

"- Si Dios existiera, no habría permitido al hombre construir un falso paraíso ocultando para siempre el verdadero.
- Tú no sabes hasta donde puede llegar el silencio de Dios..."
(Gustave Thibon- "Vous serez comme des dieux")
Ha sido uno de esos golpes que lo dejan a uno bien noqueado y no se si hasta sonado.La consecuencia ha sido unas semanas sin dar pie con bola de la estupefacción. Los primeros dias iba leyendo mucho (no todo) de lo que encontraba aquí y allí para buscar alguna orientación o alguna idea feliz que me diera cierto consuelo. Directamente prescindí de los periódicos y por supuesto de televisión y radio (aunque cayó esa entrevista con un cardenal que solo consiguió incrementar mi estupefacción). En la blogocosa, como de costumbre, si que había contribuciones que ayudaban.

Las conversaciones matrimoniales vienen siendo monotemáticas.

Pero el desconcierto seguía hasta que me lo topé allí, en las baldas que están empotradas en la pared de nuestro cuarto. Y solo con leer el título del libro aparcado (que no olvidado) empecé a hacerme una idea de la situación que bien puede ser incorrecta, y que es desde luego terrible, pero que por lo menos me ayuda a dar cierto sentido a todo el entramado. Me refiero al libro de Rafael Gambra "El silencio de Dios".

El libro comienza con esas dos citas que avanguardan esta entrada y que tanto me han dado que pensar a lo largo de los años.

El silencio de Dios.

Así es como veo la abdicación del Papa, como el silencio de Dios. Bien parece que un mundo ávido de novedades ha ignorado por completo la mayor novedad de los últimos dos mil años. Y lo desesperante no es que el mundo lo ignore, porque al fin y al cabo está en la naturaleza del mundo ignorarlo, sino que desde dentro de la misma Iglesia se procure poner sordina al hecho a base de proclamas de "normalidad" y entusiasmos varios que no son otra cosa sino execrable muestra de la imbecilidad reinante. 

Ante esa imbecilidad no queda otra que hacer lo que el Papa ha hecho, a ver si despertamos de una puñetera vez. Convencido estoy de que el Papa esperaba escuchar alguna voz discordante y autorizada (un obispo, un cardenal, un sacerdote con tirón, un laico dirigente, ¡ALGUIEN!) que, para variar, hablara profeticamente y advirtiera en términos no ambiguos de la gravedad de la situación. De lo delicada que debe estar la cosa como para que por primera vez en la historia de la Iglesia el Vicario de Cristo haya decidido dejar de ser el Vicario de Cristo. Sobre todo teniendo en cuenta que este Papa no es un Papa cualquiera.

Las reacciones a la abdicación de Benedicto XVI son un caso de libro de la Rinoceritis que diagnosticó Ionesco.  Gambra lo explica muy bien:

"En el primer cuadro, Juan, hombre " de su tiempo", con sus puntos de vista "eficaces" y filisteos, dialoga con Berenger, espíritu sencillo de abatida sinceridad. Sus frases sonoras y la vacuidad de sus actitudes siempre circunstanciales están como reclamando la exteriorización de un interno proceso de rinoceritis, es decir, de insensibilización humana. Es entonces cuando irrumpe impetuoso el primer rinoceronte por las calles de la población. Y desde ese mismo momento entra en juego para aquel ambiente humano un mecanismo psicológico encaminado a la elusión subconsciente del hecho, a la conformidad embozada con el mismo, movido siempre por actitudes previas de pereza mental, de cobardía interior y de abandonismo profundamente arraigadas. Así a los pocos momentos de la extraordinaria sorpresa, ya nadie habla de lo inconcebible de la aparición sino del número de cuernos  o razas de rinocerontes"
Y así ha sido: superada la sorpresa la mayoría se ha puesto a opinar sobre las razones mediatas y, digamos, "operativas" de la cuestión. Pocos han sido los que se han elevado sobre lo palpable buscando entender la gravedad del hecho mismo. ¿Qué narices hace un rinoceronte en medio de la Puerta del Sol?.

Y la respuesta de nuestros pastores ha sido el clásico: "¡No me formen corrillos!¡No hay nada que ver aquí!¡Vamos, circulen, circulen!".

¿Que hacemos con el rinoceronte?

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Abordé a una persona muy cercana a mi y en quien siempre confío. Le conté mi confusión y le pedí consejo. A cambio me soltó el argumentario oficial. Repliqué que eso no me valía que me dijera lo que realmente pensaba. Se hizo el silencio mientras esa persona sopesaba si debía abrirme su corazón, no porque le diera reparo, sino porque no quería añadir leña al fuego. Al fin me dijo, triste:

- En estos tiempos tan difíciles para tantas personas y para tantos cristianos, donde se nos pide no desfallecer en la complicada lucha de cada día, de repente el Papa se va. Nos deja sin su ejemplo y sin su referencia. Resulta desesperanzador.
Llamenmé papolatra o benedictólatra pero Ratzinger no da la espantada. Eso no. No me lo creo. Más me parece a mi que esto es una especie de tratamiento homeopático para elefantes. Nos enchufan en vena una ración XXL de desesperanza contra la desesperanza. Hay enfermedades que se tratan exitosamente de esta manera, haciendo que el paciente ingiera sustancias que a priori solo pueden empeorar su dolencia. Y el paciente sana, o mejora ostensiblemente. Lo he visto.

Porque al final la culpa es nuestra. Mi amigo Jorge P. en una de las contribuciones más lúcidas que he leído, pega precisamente en el clavo (pinchad aquí para leerlo entero):

La conclusión que saco es que hemos fallado al Papa. No hemos rezado suficiente. No nos hemos mortificado como debiéramos. No hemos sido santos. La renuncia del Papa no es un triunfo, es un fracaso. Posiblemente no de él, que ha sido un gran Papa (¡de los más grandes!) sino de nosotros. Quizás el Papa nos ha hecho un gesto desesperado para que espabilemos. Son tiempos muy duros. Y los que vienen más. Solo queda una salida: Conversión.
Ese es el asunto y no otro. Benedicto XVI nos pega una colleja de tamaño descomunal. No a los señores de la Curia para que paren sus grescas, no a los obispos o líderes de movimientos católicos para que obedezcan sin subterfugios, sino a todos. En Cuaresma.

Rezad y mortificaos que es lo que voy a hacer yo. Eso es lo que dice el Papa. Y pocos (¿nadie?) se hace eco de la advertencia del profeta. Circulen que no hay nada que ver aquí.

"Hasta ahora os he hablado de Dios, ahora le voy a hablar a Dios de vosotros". Es, lo que según parece ha dicho Benedcto XVI en su despedida. No se si es como aquello que decía mi madre (y todas las madres) después de la trastada: "espera que llegue tu padre y verás", o esa otra que también decía mi madre (y todas las madres) "yo hablaré con tu padre para que no se enfade mucho".

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No me da miedo la grave decisión tomada por el Papa. Me cuesta creer en profecías apocalípticas. Pero no las descarto. De hecho buena cosa sería que esto fuera la señal del final, sin embargo no acaba de entrar en mi mente.

Lo que me de verdad me descabala es la reacción de un catolicismo insensible. Eso si que es preocupante porque no augura nada apetecible. El Apocalipsis es bueno, la indiferencia es terrible. El silencio de Dios es horroroso.