domingo, abril 21

Para enmarcar (XVIII): Cantando las verdades del barquero....en Leiza

Corre por la red la reciente intervención de Silvestre Zubitur, concejal del pueblo navarro de Leiza, en una reunión de dicho consistorio. Recuerdo que Leiza está en pleno territorio comanche, y como decía el mismísimo Capitán Palacios (el único y verdadero "embajador en el infierno") no es lo mismo defender ciertas ideas allí que hacerlo en una terraza de la calle Serrano frente a un par de cervezas.

Seas o no seas carlista, simpatices o detestes nuestras convicciones, no puedes dejar de leer el breve discurso. Es imposible extractarlo porque, como digo, no es muy largo y condensa magistralmente en pocas palabras cuatro o cinco grandes verdades. Simplemente destacaría este párrafo:

"Dejadme deciros una última cosa: vosotros queréis construir una patria con una ideología. Los carlistas nunca tuvimos una ideología, sino una patria que conservar, que merecer, que transmitir. Por eso, vosotros podéis haber visto en los carlistas de ayer y de hoy enemigos que no tienen cabida en vuestra patria soñada. Esa ventaja tenéis sobre nosotros: nosotros, sin embargo, os necesitamos, aunque vosotros creéis que no nos necesitéis, porque para reconstruir la patria, el pueblo, la vida en común no podríamos prescindir de nadie, porque todos estamos llamados a ayudarnos a vivir una vida más digna y más humana. Ésa es nuestra debilidad, pero ésa también es nuestra gloria."


Esta sección del blog recoge aquellos artículos o entradas publicados en otros blogs que hacen una contribución decisiva a mi manera de ver las cosas por su elocuencia, claridad y propuesta de nuevas perspectivas. Por esas razones es muy posible que resulten atemporales o que por lo menos sean un sólido testigo para el futuro.

Otros artículos que se han publicado en esta sección se pueden ver pinchando aquí.

Ladino: Hablando con D.Quijote

Trae el Sr. Neri hoy una semblanza de Joaquín Díaz, cantautor zamorano, a quien no tengo el gusto de conocer pero que según parece se ha dedicado, entre otras cosas, a rescatar cantares en ladino. El ladino es el castellano que hablan los sefardíes, es decir, los judios españoles.

La entrada de Neri me ha traído a la mente un viaje por Italia, hace la tira de años, con algunos amigos. Una noche estábamos en Pisa haciendo el gamba en los alrededores de la famosa torre. Se nos acercó un señor, como de 60 años, algo dejado y muy simpático. Entabló conversación y me preguntó si éramos españoles. La pregunta la hizo en un idioma indefinible que parecía mezcla de muchas lenguas pero que se podía entender con poca dificultad. Al contestarle afirmativamente, se alegró y me dijo que él era sefardí, que acababa de llegar de Jerusalen donde vivía y que había hecho el viaje en un destartalado Citroen CX que uno no entendía como no se había quedado por el camino.

Como siempre me ha fascinado todo lo que tenga que ver con los judíos en general y los sefardíes en particular, vi el Cielo abierto y me dispuse a una larga conversación con el buen hombre.

En fin, hablamos de esto y lo otro y lo de más allá. Salí de la conversación encantado pensando que había estado de charleta con D. Quijote porque el ladino es esencialmente un castellano del siglo XV que no ha evolucionado como el castellano peninsular. Me hizo particular gracia la pregunta de mi contertulio señalando al grupillo gamberro que se hallaba a un centenar de metros de nosotros, sonaba algo así como:

- Et aquestos mançebos...¿son vosos amigos?. 

Lo de "Et aquestos mançebos" lo saco del caletre cuando necesito echar una sonrisa. Un recuerdo simpático de la vida.

Recomiendo a Yasmin Levy para quien quiera adentrarse un poco en la música sefardí moderna.



jueves, abril 4

Libros: Sword of Honour

Pedazo de trilogía del que actualmente es mi autor favorito: Evelyn Waugh. De hecho me da bastante reparo comentarla porque sospecho que no me he enterado ni de la mitad del mensaje. Pero bueno, vamos a ello.

La novela la he leído en su idioma inglés original. En castellano se titula "Espada de honor" y según parece existe una buena traducción reciente que podéis ver aquí.

Cuenta la historia de un católico inglés, Guy Crouchback, cuarentón fracasado. Fracasado, como diría mi #1, de aquella manera. Quiero decir que no se ha quedado precisamente en la indigencia, sino que más bien ha naufragado en su matrimonio (cuernos incluidos) y en su intento de construir un modo de vida lejos de su país y su familia. 

Todo esto ocurre en los albores de la Segunda Guerra Mundial, que aparece como una segunda oportunidad que la vida la de a Crouchback para hacer, por fin, algo que deje huella. El problema es que ya es demasiado mayor como para luchar en una guerra y el mero hecho de alistarse le cuesta Dios y ayuda, porque no le quieren. Al final lo consigue, y de hecho se enrola como oficial en un cuerpo de élite, del que posteriormente pasa a los comandos. Y sin embargo, y a pesar de sus esfuerzos no consigue pegar un tiro en toda la guerra. La segunda oportunidad es un espejismo, para continua frustración del protagonista.

La historia va pasando y finalmente Guy encuentra su oportunidad y la aprovecha. Oportunidad que logicamente no voy a contar aquí, pero que no está en la guerra. Como es de esperar, una vez hecho lo que tenía que hacer, la vida le vuelve a meter otro meneo. Lo fascinante de esto es la manera en que le llega a Crouchback la fuerza, o la gracia, para dejar su huella. Le abre los ojos una carta de su anciano padre (un católico inglés de los antiguos, no un converso sino un descendiente directo de los recusants, un resistente de pura cepa. Es importante tener esto en cuenta para entender lo que viene). Una carta que lleva un par de frases clave que sirven de campanadas a la ofuscada conciencia del protagonista. Una ofuscación muy familiar. Dicen:

"The Mystical Body doesn't strike attitudes and stand on its dignity. It accepts suffering and injustice. It is ready to forgive at the first sign of compunction (...). But quantitative judgements don't apply. If only one soul was saved that is full compensation for any amount of loss of 'face'"

Me vais a perdonar que no la traduzca pero es que estoy convencido que me la cargaría entera. Creo que la voy a mandar imprimir y enmarcar, y ponerla en la pared justo detrás de mi pantalla de ordenador.

En fin, la historia, a pesar de todo, acaba bien con el toque de amargura propuesto por la victoria final sobre la mitad de Europa de uno de los dos monstruos contra los que Guy Crouchback creía luchar: el comunismo.

Como es habitual en Waugh, y es esta la característica que más me atrae de sus novelas, la caracterización de los personajes es sencillamente soberbia. Y lo es, porque resulta palpable. Palpable en plan: "Yo conozco a ese tío". Pero lo hace con pinceladas aquí y allá. No necesita enfangarse en demasiado detalle porque es un maestro. 

De esta manera nos retrata con insólita viveza al propio protagonista (con el que más de un cuarentón, frustrado o no, se sentirá identificado), a los comunistas De Souza y Ludovic, al traidor Claire, y sobre todo al despiporrante General Ritchie-Hook que se asimila muy bien a nuestro Millán-Astray (por cierto que buscando cosillas de la novela por internet me he encontrado este diseño de la portada de unas supuestas memorias del General Ritchie-Hook que es para no perderse).

Termino: recomendable en general para cualquiera. En particular para los aficionados a las novelas bélicas que encontrarán una obra bastante alternativa en el protagonismo del antihéroe, y también para cuarentones en general y en particular para aquellos en busca de "reposicionarse" en la vida.