jueves, enero 9

Un comentarista dice, acerca de "El despertar de la señorita Prim"


Mi muy querido amigo Luis ha dejado un comentario muy largo e interesante que reproduzco en esta entrada aparte para que no se pierda.Allá va (pongo comentarios mios en rojo dentro del texto y subrayo algunas apreciaciones que me han parecido particularmente acertadas, al estilo del Padre Zuhlsdorf):

Me lo trajeron los Reyes. Acabado de terminar (y he tardado dos días porque he estado liadísimo con otros asuntos importantes).

En pocas palabras: el mejor relato que he leído en mucho tiempo.

Como dice Embajador, es en realidad un diálogo socrático entre la Modernidad y la Tradición (pero Tradición pura y dura, sin colorantes ni aditivos).

A mi juicio, la autora ha sido Prudencia y ahora es el Hombre del sillón (¡Qué no, que ella ha sido siempre el Hombre del Sillón, seguro!). O tal vez el Hombre del sillón sea una idealización de lo que le gustaría ser, o una representación de aquello que admira.

Por supuesto, el mundo que pinta Sanmartín es una utopía (Aventuro que posiblemente en su sentido original, es decir, apuesto a que ha leído el "Utopía" de Santo Tomás Moro), pero eso en realidad se ha convertido en un lugar común en toda la literatura moderna, que invariablemente retrata una realidad que no existe. La autora al menos ha pintado una utopía con intención de profundidad metafísica, y ha tenido la honestidad de situarla físicamente fuera de un territorio real, para no confundir a nadie.

Relato fluido, el telón de fondo (el pueblo de san Ireneo y sus habitantes) está retratado a pinceladas, porque el auténtico protagonista son los diálogos. Naturalmente, los de la señorita Prim y el hombre del sillón, que son el nudo de la trama, pero no perderse los espectaculares diálogos de Prudencia con los niños (es que los niños reales- naturalmente no tan cultos- pueden ser, y son, así). Jamás había visto una novela contemporánea con un tratamiento tan realista de la forma de razonar de un niño.

También sumamente interesantes los diálogos de la protagonista con el club de mujeres de san Ireneo, más feministas que las feministas postmodernas (no puede ocultar la autora su animadversión hacia el tipo ideológico).

A descubrir otros personajes extraordinarios, entre los que destacaría a la madre del hombre del sillón.
Tal vez los personajes puedan tildarse de arquetipos (es obvio que cumplen para la autora diversas funciones en el camino de la señorita Prim). No sé, yo considero que están mucho más trabajados que en cualquier novela media, y muy dignamente comparados con grandes personajes de la literatura, teniendo en cuenta la brevedad del relato y que ellos no son los verdaderos protagonistas (Sigo pensando que no hay personajes sino arquetipos, y si, los arquetipos están muy logrados porque parecen personajes).
La historia de amor, delicada, profunda, auténtica. Precisamente la ausencia de erotismo la hace más auténtica.

Toda la redacción es inteligentísima. Orientada a hacer reflexionar al lector (digamos postmoderno) sobre las verdades del modernismo filosófico y su alejamiento de la auténtica naturaleza humana. Con el permiso de nuestro querido embajador, quien es pasado por la piedra (por Prudencia y el hombre del sillón) es el propio lector burgués del siglo XXI, con su hatajo de lugares comunes y "valores políticamente correctos", encantado de haberse conocido. A quién se pasa por la piedra es a toda una sociedad, que vive en un error conceptual y lo exporta al resto del mundo gracias a su poder económico.

Para mí, esta sorprendente novela es más que un diálogo entre la modernidad y la tradición.

Para mí, realmente, es un diálogo entre el escepticismo y la fe.

Aquello de lo que la novela habla en último término es del cristianismo genuino.

Un 10 a la autora.

Absolutamente deliciosa. Must read.

10 comentarios:

Gonzalo García Yangüela dijo...

A ver, desgraciadamente voy muy despacio, sacando muy poquitos ratos para leerlo y no llevo ni medio libro.

Las críticas literarias las dejo para Enrique. Las críticas filosóficas y religiosas para el Embajador, Luis o quien corresponda.

Yo, si me permitís, voy a lo que considero mucho más importante y apremiante (y llevo menos de medio libro, insisto).

Y esto es: ¿DÓNDE HAY UN HOMBRE DEL SILLÓN? ¿DÓNDE UN SAN IRENEO? ¿POR QUÉ NO NOS HEMOS IDO YA P'ALLÁ?

En mi opinión, estamos tardando. ¿Quién se apunta?

Favila dijo...

Los Reyes Magos le trajeron a mi madre "El despertar de la Señorita Prim". Mi madre no lee muy a menudo y no parece disfrutar de la lectura. Mi hermana le suministra "best sellers" periódicamente, pero los lee a regañadientes y acaba diciendo de todos que son un pestiño (en lo que sospecho no le falta razón).

Ha sido traerle los Reyes Magos este otro libro y lleva ciento y pico páginas leídas en tres días, récord absoluto, a pesar de que tiene un fuerte resfriado. Afirma que la lectura es mucho más fácil que la de esos "best sellers" y que la historia le engancha. Se respira una paz familiar desacostumbrada.

Ya ves que tus recomendaciones pueden servir para mucho.

Comentabas en la otra entrada que se te acumulan las reseñas pendientes, y te entiendo a la perfección. Pero permíteme un consejo que tiene también algo de interesado: que no te paralice la búsqueda de la reseña perfecta. Tu reseña de "El despertar de la señorita Prim" se acerca bastante a la perfección, pero algo más modesto, de un par de párrafos, serviría igualmente para el fin de recomendar buenas lecturas a los más "necesitados".

nachet dijo...

Enormemente honrado, querido embajador, de que publiques una entrada con mi comentario a tu crítica de "el despertar de la señorita Prim".

Sobre quién es Natalia, si Prim, el hombre del sillón, ambos o ninguno, es una cuestión que sólo la interesada conoce plenamente.
De acuerdo en tus otras anotaciones (la frontera entre personaje o arquetipo la encuentro borrosa en este caso, y tampoco me parece relevante, no es propiamente una novela, sino una tesis novelada).

Por cierto, he tenido oportunidad de ver muchas críticas en la blogosfera a este libro, y me he quedado sorprendido porque la mayoría de ellas no se han enterado de lo que han leído (¿será así con todas las críticas que hacen, o este libro mucho más profundo que la media los ha pillado off-side?). Las pocas que sí lo han pillado, no lo han entendido plenamente: una hablaba de "autoayuda", otros evocaban a Coelho (parece que un libro suyo se llama "el demonio y la señorita Prym" y la autora puede haberse basado en él para su trama, aunque desde luego no para emularlo, sino para demolerlo) y alguno hablaba, vagamente, de "espiritualidad".

O sea, ni flowers. Ni por asomo.

Sólo una critica en las dos primeras páginas de google entiende verdaderamente de qué va el asunto (www.troa.es/forocultural/7039_7039/). Y por cierto, gracias a ella he entendido una escena, hacia el final de la obra, que parecía no tener sentido: en Norcia la protagonista pide prosciutto del establecimiento al camarero, y este le dice que debe haberse equivocado, que lo que quiere es mermelada con queso. Ella sonríe, dándole la razón. La explicación está al principio de la misma página (la 334 en la edición actual). Una clave más.

No comprendo como los críticos de la obra son tan topos (o se lo hacen): en la página 34 una niña de diez años le dice a la protagonista que los iconos no son cuadros, sino ventanas. Toma comienzo "tópico". A partir de ahí, progresivamente la cosa va siendo más clara (el capítulo III "deshaciendo madejas" es una apología cristiana tras otra) hasta el final obscenamente evidente de la conversión (=despertar) de la señorita Prim.

Hay infinidad de otros detalles absolutamente carcas: ¿os habéis fijado que el pueblo no tiene alcalde, ni policía (aunque sí tiene suficientes habitantes como para tener un veterinario o una escuela de pintura), y el único juez está retirado y no ejerce? ¿No es curioso que en la plaza principal no haya ni ayuntamiento ni casa consistorial, ni iglesia (como en todos los pueblos europeos), sino... ¡la escuela!? Ese centro que todos los habitantes de san Ireneo parecen detestar y toleran como un mal necesario está situado en el centro del pueblo.

En cambio, la abadía de san Ireneo, corazón de la localidad, donde vive uno de los dos fundadores de la colonia y frecuenta el otro, está a varios kilómetros.

No sé cuantas reflexiones (no digo ya conversiones) puede conseguir esta obra, pero no me cabe duda de que la señorita Sanmartín, como quién no quiere la cosa, muerto el padre Loring se ha convertido en la mayor apologeta en lengua hispana actual que conozco.

Este libro está plagado de simbolismos y referencias. Valdrá la pena releerlo varias veces para ir descubriéndolos.

Varenka dijo...

Hola Embajador, me encanta su blog.

Yo también hablé este libro en mi blog y copié una cita de la autora que saqué de esta entrevista, que estoy segura disfrutarán ud. y todos sus lectores.

http://www.culturamas.es/blog/2013/05/14/entrevista-a-natalia-sanmartin-fenollera-por-el-despertar-de-la-senorita-prim/

Embajador en el Infierno dijo...

Gonzalo- Esto es para leerlo despacio. Y ya he avisado sobre las taquicardias, hiperventilaciones, e ictus varios que puede producir este libro al personal de la cuerda.

Favila- Te agradezco mucho que te hayas tomado la molestia de venir a contarnos lo contenta que se ha quedado tu madre con el libro.

Y piensas demasiado bien de mi: no busco la reseña perfecta, es simple pereza, te lo aseguro.

Nachet- En la entrevista que nos deja Varenka(muchas gracias) la propia autora dice: "Esto te puede dar a entender que soy mitad señorita Prim y mitad Hombre del sillón.". Pero yo sigo pensando que tiene poco de Prudencia Prim.

Muy buena tu apreciación sobre la falta de organización política del pueblo, pero me has dejado un poco así con lo del prosciutto porque esa es de cajón.

Gonzalo García Yangüela dijo...

El detalle de la página 334 no es que cobre sentido... es que da sentido al final del libro. Todo el sentido. Es lo que definitivamente hace el final feliz.

Alphonse Marquis de Montauran dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Alphonse Marquis de Montauran dijo...

Por cierto que San Ireneo es uno de mis santos predilectos.

Alphonse Marquis de Montauran dijo...

He llegado a leer en alguna crítica que el final es decepcionante. No podría ser menos decepcionante, ni cabe un modo más literario de finalizar esta historia que el detalle del prosciutto.
O no saben lo que es el prosciutto o, como apunta Nachet, lo más probable es que no hayan entendido nada.
Recuerdo una ocasión en que no pude contenerme e hice de camarero de Norcia frente a una religiosa en una situación muy parecida. Lo relaté en mi blog.
He tardado sólo unos días en leer el libro y quiero darle las gracias al señor Embajador en el Infierno por recomendarlo.
Llevaba un tiempo sin apasionarme por la lectura y realmente lo necesitaba.
No sé si existe San Ireneo de Artois, aunque creo que sí, pero lo importante es saber que no somos los únicos que lo estamos buscando.

Embajador en el Infierno dijo...

Gonzalo- El detalle de la página 334 me parece soberbio.

Alphonse- Muchos lectores del libro se quedan confusos con algunas afirmaciones. Una que, al parecer, es frecuente es la frase que dice: "El matrimonio es cosa de tres".

Lo bueno es que no se quedan en la confusión sino que intentan comprender. Eso es lo mejor que tiene el libro que pone a la gente en búsqueda de algo que no saben que es.

Me alegro mucho que lo hayas disfrutado. A mi también me ha devuelto la esperanza en muchas cosas, no solo en la lectura.