domingo, enero 12

¿Quienes fueron los primeros en pedir el sufragio femenino en España?

Anda mi hija mayor haciendo un trabajo sobre el sufragio femenino en España.

Uno sabía de oídas que los primeros en pedir el sufagio femenino en España fueron los carlistas. Pero sólo lo sabía de oídas.

Con lo del trabajo de mi hija me he puesto a buscar y he conseguido al menos una demostración documental de esto que afirmo.

En 1914 el gran político carlista D. Juan Vazquez de Mella concedió una entrevista al periódico "El Correo Español- El Pueblo Vasco" donde se refería a este asunto. Sin embargo, buscando por hemerotecas en Internet no he conseguido encontrar ninguna con ejemplares de dicho periódico tan antiguas.

Si que he encontrado en la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica lo que parece ser un extracto de aquella entrevista en el otro periódico. Aquí la podeis ver, y aquí va el interesante extracto:

"Reforma del parlamentarismo, del régimen representativo, concediendo voto a la mujer. Esto sorprenderá a los radicales, pero yo creo que la mujer salvo en los asuntos del ejército y del clero deben tener intervención. En la Industria, en la Agricultura, en el Comercio es justo que la tenga.

Si los socialistas belgas no le reconecen este derecho es porque quieren que las mujeres sean laicas."
Por supuesto los que no querían tal cosa eran los amantes de las libertades y la democracia, con los socialistas en primer plano.

También fuimos, por cierto, la primera organización política en España en tener a una mujer como presidenta. 

jueves, enero 9

Un comentarista dice, acerca de "El despertar de la señorita Prim"


Mi muy querido amigo Luis ha dejado un comentario muy largo e interesante que reproduzco en esta entrada aparte para que no se pierda.Allá va (pongo comentarios mios en rojo dentro del texto y subrayo algunas apreciaciones que me han parecido particularmente acertadas, al estilo del Padre Zuhlsdorf):

Me lo trajeron los Reyes. Acabado de terminar (y he tardado dos días porque he estado liadísimo con otros asuntos importantes).

En pocas palabras: el mejor relato que he leído en mucho tiempo.

Como dice Embajador, es en realidad un diálogo socrático entre la Modernidad y la Tradición (pero Tradición pura y dura, sin colorantes ni aditivos).

A mi juicio, la autora ha sido Prudencia y ahora es el Hombre del sillón (¡Qué no, que ella ha sido siempre el Hombre del Sillón, seguro!). O tal vez el Hombre del sillón sea una idealización de lo que le gustaría ser, o una representación de aquello que admira.

Por supuesto, el mundo que pinta Sanmartín es una utopía (Aventuro que posiblemente en su sentido original, es decir, apuesto a que ha leído el "Utopía" de Santo Tomás Moro), pero eso en realidad se ha convertido en un lugar común en toda la literatura moderna, que invariablemente retrata una realidad que no existe. La autora al menos ha pintado una utopía con intención de profundidad metafísica, y ha tenido la honestidad de situarla físicamente fuera de un territorio real, para no confundir a nadie.

Relato fluido, el telón de fondo (el pueblo de san Ireneo y sus habitantes) está retratado a pinceladas, porque el auténtico protagonista son los diálogos. Naturalmente, los de la señorita Prim y el hombre del sillón, que son el nudo de la trama, pero no perderse los espectaculares diálogos de Prudencia con los niños (es que los niños reales- naturalmente no tan cultos- pueden ser, y son, así). Jamás había visto una novela contemporánea con un tratamiento tan realista de la forma de razonar de un niño.

También sumamente interesantes los diálogos de la protagonista con el club de mujeres de san Ireneo, más feministas que las feministas postmodernas (no puede ocultar la autora su animadversión hacia el tipo ideológico).

A descubrir otros personajes extraordinarios, entre los que destacaría a la madre del hombre del sillón.
Tal vez los personajes puedan tildarse de arquetipos (es obvio que cumplen para la autora diversas funciones en el camino de la señorita Prim). No sé, yo considero que están mucho más trabajados que en cualquier novela media, y muy dignamente comparados con grandes personajes de la literatura, teniendo en cuenta la brevedad del relato y que ellos no son los verdaderos protagonistas (Sigo pensando que no hay personajes sino arquetipos, y si, los arquetipos están muy logrados porque parecen personajes).
La historia de amor, delicada, profunda, auténtica. Precisamente la ausencia de erotismo la hace más auténtica.

Toda la redacción es inteligentísima. Orientada a hacer reflexionar al lector (digamos postmoderno) sobre las verdades del modernismo filosófico y su alejamiento de la auténtica naturaleza humana. Con el permiso de nuestro querido embajador, quien es pasado por la piedra (por Prudencia y el hombre del sillón) es el propio lector burgués del siglo XXI, con su hatajo de lugares comunes y "valores políticamente correctos", encantado de haberse conocido. A quién se pasa por la piedra es a toda una sociedad, que vive en un error conceptual y lo exporta al resto del mundo gracias a su poder económico.

Para mí, esta sorprendente novela es más que un diálogo entre la modernidad y la tradición.

Para mí, realmente, es un diálogo entre el escepticismo y la fe.

Aquello de lo que la novela habla en último término es del cristianismo genuino.

Un 10 a la autora.

Absolutamente deliciosa. Must read.

sábado, enero 4

Parecidos Razonables (II): Todavía quedan valientes

Al final va a resultar que Spengler tenía razón con su batallón de soldados salvando la Civilización, y que cuando menos esperanza queda salta un valiente en pos de la dignidad.

Hoy lo ha hecho Cake Minuesa, periodista de Intereconomía, que a pecho descubierto se ha enfrentado él solito y practicamente sin apoyo de los asistentes, a un nutrido grupo de chusma etarra.

La escena se puede ver en el siguiente vídeo:





Esto que ha ocurrido hoy recuerda poderosamente a otro suceso histórico protagonizado por el Capitán Palacios, el verdadero "Embajador en el Infierno". Dicha impactante ocasión fue llevada al cine y se puede ver en este otro vídeo:


Gracias a Cake Vinuesa por recordarnos que todavía quedan valientes.


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