sábado, julio 25

Razones para la esperanza: El joven cura revienta la plaza

Hoy, en el día de Santiago, Patrón de España, celebró Misa el joven sacerdote de nuestra parroquia revestido con una magnífica casulla de refulgente rojo y adornos dorados.

La homilía ha sido extraordinaria. Inspirada, inspiradora y conmovedora. 

Me he quedado con cuatro pinceladas, aunque me hubiera gustado grabarla. Bueno, de hecho, me hubiera gustado haberme levantado, sacado el pañuelo y pedido las dos orejas y el rabo, al grito de ¡Torero, torero!, porque verdaderamente el sermón encendía el pelo. Pero claro, en una iglesia, esas cosas no se hacen.

Ha empezado recordando la importancia del día y de Santiago, encuadrándolo estupendamente en la vida de Jesús. Terminando esa primera parte ha soltado el primer martillazo: "....porque a tan gran Patria corresponde tan gran Patrón".  

Ha proseguido advirtiendo de la importancia de la hora presente y ha sentenciado que "lo que España necesita es una nueva hornada de apóstoles y santos". 

Barriendo estupendamente para casa ha aprovechado para recordar a "aquellos que todavía no han definido su camino en la vida" que es el momento de "pedir luces a Nuestro Señor para que os muestre vuestra vocación". Y aquí el segundo martillazo digno del hijo del Trueno: "....y el Señor os interpela también a vosotros: ¿queréis beber mi cáliz?". 

Tengo que confesar que en ese momento me habrían dado ganas de ponerme a gritar aquello que soltaban los vejetes socialistas en los mítines del PSOE en tiempos de Alfonso Guerra: "¡¡¡¡Arfonsoooo, dales caña!!!!". Pero ni el cura se llama Alfonso, ni aquello era la Maestranza.

Ya previo al cierre y la estocada magistral trayendo a colación a Nuestra Señora del Pilar, y esto y lo otro, ha recordado la necesidad perentoria de hacer honor al legado de nuestros mayores, a la Tradición, que en España no es otra cosa que la evangelización. 

Y ahí la tercera y postrera atronada: "...y, en fin, dejemos el complejo de lado y reconozcamos que lo que siempre ha movido a España, lo que siempre ha movido a nuestra nación en los grandes momentos y en sus grandes hazañas no es otra cosa que el amor a Dios". 

Todo esto dicho en un tono firme, sin estridencias, serio y a la vez ardiente.

En fin, que estaba pegándome pellizcos desde más o menos la mitad de la filípica porque no daba crédito.

Y ya la guinda del pastel ha sido la Plegaria Eucarística I. Nada menos. 

Pa llorar de emoción, vamos. 

Al final de la Misa he esperado al cura, me he presentado (porque no creo que me conozca) y le he dado las gracias por la homilía. El joven sacerdote se ha quedado un poco sorprendido y me ha soltado a bocajarro:
- Espero que cuando me equivoque también me lo digas. 
Este es el cura aquel que hizo aquello, de lo que ya nos hemos olvidado porque no tenemos tiempo suficiente para dar gracias a Dios por tan imponente cura.

Más razones para la esperanza aquí, aquí, y aquí.

sábado, julio 18

Hoy 18 de Julio



En memoria de todos los hombres que murieron en el honesto convencimiento que ofrecían lo mejor de si, no por odio a nadie sino para que sus hijos y sus nietos crecieran en una España Católica: libre, honrada y feliz.

En memoria de todas las mujeres que generosamente entregaron sus más grandes amores: sus maridos, sus hijos, sus hermanos, y que desgarraron sus corazones para que España creciera como magnánima, serena y acogedora madre.

Para que su recuerdo permanezca siempre con nosotros.

sábado, julio 11

La importancia del latín (III): Anécdotas del Concilio Vaticano (el primero)

Me ha regalado recientemente mi suegra un libro de lo más curioso. Se trata de las memorias que sobre el Concilio Vaticano I escribió un sacerdote francés, el padre León Dehon, que fue taquígrafo en las sesiones.

Pongo debajo unos párrafos extraídos de dicho libro sobre el uso del latín en el Concilio que resultan la mar de descriptivos sobre el ambiente y las dificultades lingüisticas. Atentos al último párrafo en particular.


"Sin el latín, esta extensa asamblea hubiera degenerado en una Babel de lenguas. Gracias a la lengua latina, los prelados pudieron fácilmente intercambiar sus ideas. No todos lo hablaban con facilidad pero todos podían comprenderla fácilmente salvo algunos orientales , y asimismo todos podían remitir sus votos y observaciones a las comisiones en lengua latina. 
Había muchos matices en la pronunciación, y durante los primeros días se veía a menudo una sonrisa que escapaba a la gravedad de los obispos o cardenales italianos, cuando oían hablar la lengua de Cicerón con inflexiones y una pronunciación poco familiar a sus oídos. Mons. Pie con gracejo aplicaba el texto sagrado a esta variedad: "Multifariam, multisque modis olim Deus loquens patribus in prophetis" [Hebr. I, 1](*). Mons Mermillod decía: "Mi voz, reverendos Padres, es francesa pero mi corazón es romano".
Nosotros los taquígrafos teníamos alguna dificultad para entendernos en esta variedad. Los ingleses eran terribles por la pronunciación, los españoles y los húngaros por su dominio. Los franceses no han brillado por la elegancia o la corrección de su latinidad. Mons. Vérot, obispo misionero de Savannah, y Mons. Bravard, obispo de Coutances, soltaban sin escrúpulos numerosos barbarismos. Su latín respondía a esta muestra: Columbus discooperuit Americam. Un obispo de una gran sede, descontento con el esquema exclamaba: Abeat quo volebit. Poco importa, se comprendía.
V. Marchese narra que hubo "alguna escena curiosa debido a la pronunciación, pues un obispo español, que acusaba de barbarie a un alemán, al cual verus ferus est(**), el otro, de rechazo encontró al pueblo español un pueblo de borrachos, para los cuales vivere bibere est(***)""

(*)"En diversos momentos y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas".
(**) "un verdadero salvaje", según el traductor de Google.
(***) Esta creo que la entendemos todos.