domingo, septiembre 15

El niño del tsunami

De los más vivos recuerdos que me quedan de la niñez está el cuento aquel que narra la historia de un niño japonés que vive en un puebluco junto al mar.

Un día cualquiera el niño pasea por los cerros que rodean el pueblo cuando, de repente, algo llama su atención y echa a correr hacia los bancales de arroz que están un poco más abajo. De no se sabe donde agarra una tea encendida y prende fuego a las tierras cultivadas, el más precioso tesoro que tiene el pobre pueblo.

Abajo en la aldea alguien se da cuenta de lo que está sucediendo y grita desaforado, llamando la atención de sus habitantes, que corren a atrapar al desalmado pirómano.

El chico huye monte arriba perseguido por los indignados aldeanos. Cuando al fin le echan mano, el niño les dice:
- Daos la vuelta y mirad.
Y lo que ven es que un enorme tsunami ha inundado el pueblo entero y las tierras de arroz. El chico quemó el campo para salvar sus vidas.

En ocasiones, para intentar consolarme, pienso que el Papa Francisco es como el niño del tsunami y que está armando una gorda para salvarnos de algo peor.

Confieso que, más frecuentemente, lo veo como la encarnación del tsunami. 

Un tsunami del que no nos avisaron los que debieron haberlo hecho, bien porque se quedaron plácidamente dormidos debajo de la higuera que hay arriba del cerro, o más probablemente porque quedaron bloqueados de terror. 

Pero si que hubo algunos que avisaron y sus figuras va adquiriendo una poderosa nitidez. 


jueves, junio 27

La caricia de una madre

Trasteaba con cosas viejas cuando aparecieron unas fotos, en blanco y negro, pero nítidas, de la fiesta por el 29 cumpleaños de mi madre. Me emocioné porque, a pesar que entonces yo era un niño, tengo una memoria muy viva de aquella fiesta, que fue una fiesta flamenca.

Recuerdo en particular quedarme embelesado mirando como bailaba sevillanas mi madre y sobre todo lo bien que movía manos y brazos, brazos hermosos y manos largas con dedos finos. Una inusual combinación que ella llevaba para arriba y para abajo y alrededor, y de un lado a otro con suave ritmo y encantadora cadencia, ni muy lento ni muy despacio, más bien en un preciso compás lleno de gracia y dulzura.

Y luego, claro, me vino a la cabeza aquel gesto tan de mamá que consistía en peinarte lentamente con sus manos, tan flamencas, mientras de palabra te consolaba de alguna contradicción o tristeza que todos sufrimos de niños.

Nunca le dije a mi madre, y que pena me da no haberlo hecho, que bastaban sus caricias para sentir tan gran consuelo, que sus palabras no las escuchaba nunca porque estaba solamente concentrado en sentir toda la dulzura de sus manos en mi pelo. Y que luego, pasado el tiempo, ya de adolescente o principio de adulto, me bastaba el recuerdo de sus caricias en mi sien para sentirme reconfortado en la dificultad.

Tal era la fuerza de las delicadas manos de mi madre que ahora, ya en la madurez, su memoria me lleva casi a las lágrimas. Por no habérselo dicho nunca.

domingo, mayo 5

Libros: Las rosas

Con la edad uno deja de encontrar fascinantes las explicaciones que sugiere la Ciencia y busca cada vez más la calidez y el consuelo que nos ofrece la Poesía.

Se juntaron dos circunstancias que me llevaron a comprar este libro: estaba en una de mis librerías favoritas de Madrid (que lleva el horrible nombre de "Los Editores", y que está regentada por dos entusiastas anarquistas - o eso me gusta figurarme a mi que son esas dos mujeres con gafas de intelectual antifascista) ; y que la editorial era Acantilado (los libros mejor editados de España, particularmente en su encuadernación).

También me gustó el diseño de portada.

Y que era corto (50 paginas, tamaño cuartilla). 

Y barato.

No había leído nada de Eça de Queirós hasta ahora y creo que empezaré a buscar su obra, que reúne originalidad de ideas y belleza de expresión. 

En este caso un rápido vistazo a la historia de la rosa, desde la Antigüedad Clásica hasta un profético toque en, precisamente, la última frase del libro.

No se si el autor se lo inventa todo o fue documentándose. Lo cierto es que uno encuentra apreciaciones interesantes sobre cuestiones que pensaba que eran problemas de hoy:

"En los rincones tradicionales de la poesía, entre la hierba, junto a las fuentes, bajo las sombras, ya no se encuentra un solo poeta. Están todos atrincherados en el fondo del alma."
Y ya metidos en harina nos cuenta bonitas historias sobre el origen de la flor que no tienen nada de científico, pero mucho de poético, que es lo que nos interesa. Y no solo de la flor en cuestión sino también de sus usos:

"Poco a poco,(...) estas guirnaldas y diademas de rosas, que sólo se entregaban a los inmortales, comenzaron a ofrecerse a los hombres y, sobre todo, a las mujeres, por lo que en ellas había de divino." 
Y dentro de toda esta historia hay, finalmente, sitio para algún llamativo párrafo sobre los primeros cristianos que hace sospechar de las intenciones del autor pero que, bien considerado, podría tener cierta sugestivo interés para nosotros hoy:
"Y los fieles [cristianos], encogidos en una pobre túnica, con los cabellos desaliñados, sucios por un exceso de espiritualismo, acudían allí no tanto para celebrar la esperanza del Cielo como para quejarse del dolor y la maldad de la Tierra. En sus banquetes, los famosos ágapes que constantemente celebraban (...), la melancolía alternaba con la violencia; y el pan y el pescado frito (...) eran engullidos, (...) en medio de lamentos y suspiros, o entre furiosas disputas teológicas." 
En fin, que el libro me ha hecho pensar sobre cuestiones actuales en medio de su indudable poesía. Y eso es mucho para un librito tan corto.



miércoles, mayo 1

May Morning

Todos los primeros de Mayo desde hace más de 500 años, a las 6 de la mañana, el coro de Magdalen College (Universidad de Oxford) se sube a la torre del colegio y entona un himno eucarístico.

Una buena cantidad de gente se congrega para escucharlo.

Y este es uno de esos vestigios de catolicidad que todavía (¡todavía!) sobreviven en Inglaterra.

Aquí lo podéis ver desde la perspectiva del coro.