domingo, septiembre 15

El niño del tsunami

De los más vivos recuerdos que me quedan de la niñez está el cuento aquel que narra la historia de un niño japonés que vive en un puebluco junto al mar.

Un día cualquiera el niño pasea por los cerros que rodean el pueblo cuando, de repente, algo llama su atención y echa a correr hacia los bancales de arroz que están un poco más abajo. De no se sabe donde agarra una tea encendida y prende fuego a las tierras cultivadas, el más precioso tesoro que tiene el pobre pueblo.

Abajo en la aldea alguien se da cuenta de lo que está sucediendo y grita desaforado, llamando la atención de sus habitantes, que corren a atrapar al desalmado pirómano.

El chico huye monte arriba perseguido por los indignados aldeanos. Cuando al fin le echan mano, el niño les dice:
- Daos la vuelta y mirad.
Y lo que ven es que un enorme tsunami ha inundado el pueblo entero y las tierras de arroz. El chico quemó el campo para salvar sus vidas.

En ocasiones, para intentar consolarme, pienso que el Papa Francisco es como el niño del tsunami y que está armando una gorda para salvarnos de algo peor.

Confieso que, más frecuentemente, lo veo como la encarnación del tsunami. 

Un tsunami del que no nos avisaron los que debieron haberlo hecho, bien porque se quedaron plácidamente dormidos debajo de la higuera que hay arriba del cerro, o más probablemente porque quedaron bloqueados de terror. 

Pero si que hubo algunos que avisaron y sus figuras va adquiriendo una poderosa nitidez. 


3 comentarios:

Josefina dijo...

Ay, Embajador, yo también lo veo más como tsunami... Sobre todo que una fue viendo cómo crecía esa ola hasta convertirse (con todo respeto) en el tsunami romano. Aunque por supuesto no podemos saber si todavía queda algo todavía peor; eso solo Dios lo sabe. Puede ser que nos falte algo así como aquella película "Krakatoa al este de Java"...
Saludos.

Yurremendi dijo...

Estimado Embajador: ¿De qué sirve intentar consolarse con lo que sabes no es? Ya sé, ya sé, mero recurso retórico. para mí, Bergoglio no es ni siquiera un tsunami, es un pecio del naufragio del último concilio. Mi consuelo personal es saber que, afortunadamente, no le tengo que hacer ni el menor caso.

Embajador dijo...

Josefina- Puede que nos haga falta algo así. Si, señora, eso mismo pienso yo.

Yurremendi- Bueno, he estado equivocado tantas veces en mi vida sobre cosas de las que estaba convencido no podían ser de otra manera que ya voy haciendo algo de sitio a la posibilidad de que no me esté enterando de nada.