lunes, junio 22

Cosas que pasan en Madrid


A primera hora de la mañana de un sábado pasean 4 cincuentones de sonrisa satisfecha por la Calle Mayor de Madrid, esquina a Arenal.  
Mi hija pequeña y yo, que algunos días de fiesta  solemos disfrutar temprano de paseos por la parte vieja de la ciudad , los observamos curiosos.
Por las trazas deben ser obreros industriales de provincias. Son algo más altos de lo habitual y se les ve físicamente sólidos, pero de una solidez de verdad, de la que trae ganarse el pan con el sudor de la frente.
De repente a uno se le ilumina la cara. Ha tenido la idea del año: 
- ¿No habíamos venido a Madrid a ver museos?. Pues ala, tirad padentro. 
Y a empellones, como si los necesitaran, los mete a todos en el Museo del Jamón.

(Dedicada a mi amigo Yurremendi, fiel lector. Esperando el dia en que, después de tantos años, nos veamos de una vez las caras)


domingo, junio 14

Melania Trump vista por Erasmo de Rotterdam



"Así pues, a fin de que el ánimo bien compuesto del niño reluzca por doquiera (y reluce más que nada en el semblante), sean los ojos plácidos, pudorosos, llenos de compostura: no torvos, lo que es señal de ferocidad; no maliciosos, que lo es de desvergüenza; no errantes y volvedizos, que es signo de demencia; no bizqueantes, que es propio de suspicaces y maquinadores de trampas, ni desmesuradamente abiertos, que lo es de estúpidos, ni apiñados a cada paso con párpados y mejillas, que lo es de inestables, ni estupefactos, que lo es de pasmados, cosa que se ha puesto por tacha en Sócrates, ni demasiado penetrantes, que es seña de iracundia, tampoco insinuadores y habladores, que es seña de impudicia; no, sino tales que revelen en sí un ánimo sosegado y respetuosamente amigable.   
Y es que no en vano se ha dicho por boca de antiguos sabios que la sede del alma está en los ojos.  
Por otra parte, las pinturas viejas nos hablan de que fue antaño propio de una cierta compostura singular el mirar con los ojos medio cerrados, así como entre algunos españoles el mirar guiñando los ojos parece ser que se tiene por amigable y halagador. Asimismo, de las pinturas aprendemos que antaño el ser de labios recogidos y apretados era prueba de virtud."
("De la urbanidad en las maneras de los niños" por Erasmo de Rotterdam)

domingo, mayo 3

Una triste baja

La familia no lo ha sufrido directamente, aunque si que nos han dejado algunos buenos amigos. Hemos sentido en particular la muerte de un virtuoso sacerdote, hombre de honor, inteligente y socarrón que, entre otras cosas, ofició el inolvidable funeral de nuestra madre.  Allí nos regaló aquella homilía, la mejor que he escuchado nunca.

No voy a mezclar la política con esto por la sencilla razón que no creo que ninguno de los otros lo hubiera hecho mejor. No existe en España político con la inteligencia suficiente para verlas venir y muchísimo menos con la valentía para, vistas o no vistas, jugarse una mínima parte de su futuro precaviendo contra imponderables de esta magnitud.

Toda esta historia del virus entra magníficamente en la descripción que hizo el gran Nassim Taleb del "Cisne Negro": un hecho con probabilidad mínima de ocurrir, pero que si ocurre tiene un impacto desproporcionadamente negativo. Y, en España, hay muy pocos capaces de ver llegar un Cisne Negro, y muchos menos equipados intelectualmente para espantarlos.

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Pertenece a otra dimensión infinitamente alejada de tantos duelos que no han podido serlo en paz, de tanto velatorio inexistente y de tanto llorar a los nuestros sin poder siquiera despedirlos.

No se compara, no puede compararse, con el sufrir de tantas personas fallecidas en la tépida soledad de una UCI, muchas sin el consuelo de un buen sacerdote que tanto habrían deseado, y las más sin las proverbiales manos de un bueno hijo para cerrarles los ojos. 

Pero no por eso quiero dejar de hablar del anunciado cierre, hace unos días, de la librería "Los Editores"  que me ha dejado con una sensación de orfandad complicada de asimilar. Ellas dijeron que nada tenía que ver con el virus, y conociendo algo la historia de la librería, es posible que en parte sea así, pero también pienso que lo de ahora pudo precipitar una situación poco sostenible.

Entre tanta tragedia humana hablar del cierre de una librería parece una frivolidad impropia de un cristiano, pero es que aquel era un lugar muy especial, uno de esos sitios que hace de Madrid, Madrid. Un espacio inesperado ubicado en un sitio menos probable, una casa acogedora, con un orden diferente en su elegancia y pulcritud, donde el entusiasmo por los libros es seña de identidad, y donde el cliente es amigo con quien se conversa sin prisas, compartiendo lecturas e ideas aun cuando estas resulten más bien contrapuestas.

Hasta se atiende a los niños con interés y dedicación. 

Aquellas dos chicas que se ocupaban de la librería, tras sus gafitas redondas de intelectual antifascista, me recordaban poderosamente a mis tías cuando yo era un niño. La apremiante calidez que estas ponían en encender en mí el interés por la lectura, era la misma que las dos libreras (no las llamaré dependientas) ponían en su quehacer comercial.

Se acabaron los desayunos en Quintin seguidos de la expedición por Los Editores para rebuscar entre cientos de obras curiosas y encontrarse con maravillas como "Las Rosas" de Eça de Queirós

No puedo quejarme ante tanta desgracia, pero un cacho de alma si que me han quitado. 

viernes, enero 3

La embajada les desea una feliz y santa Navidad


Como la Navidad no ha terminado todavía estoy a tiempo de mandar mis mejores deseos a los que todavía estéis por aquí.

Las niñas van creciendo y tienen otras preocupaciones, así que este será la primera felicitación sin poesía ni dibujo, pero como todos los años anteriores sigo con el propósito de resucitar la bitácora durante el año que ya ha empezado.

A ver si esta es la buena.

Un abrazo a todos